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Buena convivencia


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12/04/2013


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Escribo esta columna antes de la marcha de ayer jueves. “Nos vemos el 11”, circuló por todas las redes sociales. Es de esperar que el balance sea positivo y no haya desmanes. Y de darse, cosa probable, éstos no sean muchos. Casi como una fatalidad, nos empezamos a conformar y ser felices con bien poco.


Noto que la convivencia local y nacional se ha ido deteriorando. Los canales regulares de diálogo parecieran estrecharse, hacerse intrincados. Partimos con un prejuicio de que será tiempo perdido. Y ello es culpa de todos. Pareciera que hay que quemar al menos un bus para ser escuchados. Pero también parece que, quien lo quema, no tiene ninguna intención de dialogar. Es más, quizá ni sabe porqué lo quema. Partimos de la amenaza, la descalificación, el grito destemplado, para darnos a entender. Y al final, vemos que son más los puntos de acuerdo que las divergencias. En estos años, ha podido más el diálogo que la amenaza. Pienso en “grandes” conflictos ciudadanos como el de Aysén. Al final, las soluciones estaban a la vuelta de la esquina y del conflicto quedo poco y nada. Bueno, personas que ganaron popularidad y podrán postularse a un cargo público.

Lo paradojal de las marchas es que, varios de los dirigentes estudiantiles que hasta hace unos meses eran entusiastas amigos de la calle, hoy se presentan a candidatos al parlamento. Me parece muy bien. Su actitud valida lo que, yo al menos, he dicho en muchas oportunidades. La instancia de encuentro y diálogo ciudadano es el congreso a nivel nacional y los municipios y juntas de vecinos a nivel local. Si los aprovecháramos bien, otro gallo cantaría. En efecto, el cariño por lo común lleva a fortalecer las instituciones ciudadanas, por imperfectas que sean. Es allí donde se debe discutir, plantear soluciones, debatir para hacer de Chile un país más humano, justo y tolerante. Más pueden por el progreso del país horas de discusión parlamentaria – por improductivas que nos parezcan – que una marcha por las calles, por concurrida que sea.

Leía por ahí una buena cita que señalaba que nuestro diálogo está recordando a esas conversaciones de borrachos en un bar: “díganme de qué están hablando para decir que no”. Partimos de la negación, la descalificación, la sospecha. Al final, es alegar por alegar. Y a todos los niveles, no solo político. La convivencia vecinal chilena es célebre por su crispación. Uno de cada tres chilenos tiene problemas con los vecinos. Y quizá la cifra es más alta. Los juzgados de policía local están atorados con quejas por el vecino de al lado. Triste.

Construir sociedad supone esfuerzo, renuncias, voluntad de encontrarse, integrar y conocer al otro. Saquemos lecciones positivas. La democracia supone construir. Haga lo suyo.

P.Hugo Tagle

twitter: @hugotagle



Etiquetas:   Sociedad

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