. Recientemente, la
prensa informó que Caracas había interrumpido temporalmente todos los contactos informales con los Estados Unidos, como producto de la declaración de la Secretaria de Estado Adjunta para Asuntos
del Hemisferio Occidental de los Estados Unidos, Roberta Jacobson, quien cuestionó el poder electoral en Venezuela,
lo que fue interpretado por el gobierno
como un apoyo al candidato presidencial de la
oposición, Henrique Capriles.
Según el Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela Elias Jaua, "... a la luz de las recientes declaraciones, nos dimos cuenta de que no tenía sentido perder nuestro tiempo,… sin embargo, los canales diplomáticos formales entre los
dos países continuarán trabajando". A raíz de ello, los medios de comunicación
occidentales inmediatamente vincularon la ruptura de los canales informales de comunicación entre Caracas y Washington, al comienzo de la campaña electoral en Venezuela.
Como es del dominio público, en el evento
electoral que se avecina el domingo 14
de abril en Venezuela, los
principales contendientes de las elecciones presidenciales, son:
Nicolás Maduro, el cual desde
finales de diciembre de 2012, funge como
Jefe de Estado en funciones y
el líder opositor, Henrique
Capriles, Gobernador del Estado Miranda.
El primer candidato, recoge la
aureola de Hugo Chávez, los ingentes
recursos del gobierno
para su campaña y el apoyo de la población más pobre y
nacionalista. Maduro, aunque no cuenta con el carisma de su maestro, destaca a su favor el legado de
Chávez, que como previendo su muerte, lo declaró su sucesor. Sin duda el mismo reúne las condiciones
para convertirse en el nuevo
líder bolivariano
y favorecerse del apoyo ciudadano, habida cuenta de su
juventud, extracción familiar
y como dicen los ingleses, de persona que se ha levantado por si misma. Claro esta, que
su historia de vida, sería insuficiente,
si a ello no se le
agrega el apoyo que proporcionan
los votos, sino de todo, al
menos, si de la mayoría del
electorado, que se inclinaba por el extinto Presidente.
Por su
parte el candidato opositor H. Capriles, es apoyado por las clases medias
del país y desde el exterior, por Washington, además del aparato tecnológico
más avanzado, utilizado en elección
alguna. El mismo es un acaudalado y exitoso
hombre de negocios, con intereses empresariales en el área de medios,
entretenimiento, comunicación industria
y servicios; que procede de una familia de inmigrantes judíos europeos, y
al cual sus adversarios le endilgan una orientación
sexual no definida. En este sentido, no se
puede descartar que su persona haya sido considerada por las agencias de inteligencia de Estados
Unidos durante sus estudios en la
Universidad de Columbia en Nueva York,
como
la figura
ideal para unir la oposición venezolana. Por
lo tanto, no es de extrañar, que sobre su destino personal, exista cierta preocupación en el sentido
de que, su
eliminación física, permitiría
transformarlo en estandarte o simbolo para el desarrollo de una “revolucion de color” en Venezuela. De
momento, los venezolanos, se esfuerzan por descifrar lo que hay detrás
de sus consignas de "reformas liberales" y desarrollo de los "derechos democráticos", incluyendo las promesas poco realistas de elevar los ingresos en un
40 por ciento, de ganar
las elecciones.
Por su parte, Maduro sigue utilizando, sin ambages, la
retórica antiestadounidense, haciendo hincapié en el compromiso de seguir el curso de Chávez, acción que por el momento le ha permitido mantener un
índice de popularidad ligeramente
alto.
En cuanto a lo que
atiende a la política de la Casa Blanca, versus la
que promueve la Casa Amarilla,
Antonio José de Sucre,
la primera le irritó hasta la
saciedad, la amistad de
Chávez con sus enemigos: Castro, Gaddaffi, Al Assad y
Ahmadinejad, al igual que los incansables
esfuerzos del líder venezolano por aglutinar a los países de América Latina, en contra del ALCA y alrededor
de su propuesta de construcción del "socialismo del siglo 21”;
todo lo cual se tradujo en una
complicada relación con los Estados Unidos. Por cierto, debido a ello, muchos partidarios de Chávez asocian su muerte con la política exterior que promovió, al extremo que, poco después de su funeral, Maduro
aseveró que el presidente fue
envenenado ordenando una investigación. Tal percepción de los
acontecimientos, contribuyó a agriar aún
más las complicadas relaciones entre
Washington y Caracas, alcanzando su culmen, con la expulsión del agregado militar de los Estados Unidos en Venezuela, hecho que obligó al Pentágono a emitir una declaración especial, en la
que negó su
participación en una conspiración de esa naturaleza.
A escasos días de las nuevas elecciones, tal es el
estado de la situación imperante en las relaciones entre los dos países y el abigarrado escenario que rodea el evento,
en el gigante petrolero sudamericano.
Por: Euclides E. Tapia C. Profesor Titular de
Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá