Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Escritores   ·   Periodismo   ·   Lectores   ·   Libros   ·   Lectura   ·   Andrés Manuel López Obrador   ·   Poesía   ·   Tecnología   ·   Pandemia   ·   Automóviles



¿Hasta dónde puede llegar la intolerancia?


Inicio > Política Internacional
18/05/2011

1443 Visitas



Hace aproximadamente un mes murió abaleado en Jenin, al norte de Cisjordania, Juliano Mer-Khamis. Por si esto fuera poco, al momento de su muerte , su esposa Jenny , con la que tenía un niño de 8 años, se encontraba a punto de dar a luz a mellizos. Mer-Khamis, quien se definía a sí mismo como cien por cien judío y cien por cien palestino, había nacido en Nazaret en 1958. De padre palestino y madre judía, era director, junto a Zakaria Zubeidi, antiguo miliciano palestino, del conocido Freedom Theatre (Teatro de la Libertad) desde el año 2006. El conflicto palestino-israelí lo marcaría incluso antes de nacer, pues, según se cuenta, su madre comenzó con los dolores de parto mientras participaba en una protesta contra las fuerzas de Israel que ocupaban los territorios palestinos. Aunque tenía una larga trayectoria en el campo de la actuación, donde fue dirigido por George Roy Hill (Butch Cassidy y Sundance Kid, El mundo según Garp, etc.) y obtuvo algunos premios, se le recuerda fundamentalmente por la producción y dirección de Los niños de Arna, film rodado en el año 2003 donde se expone la vida de los niños que asistían al Teatro de la Libertad, así como la destrucción del campo de refugiados de Jenin por las fuerzas israelíes en el año 2002. Debido a su actividad en pro de la paz, había recibido constantes amenazas de muerte y el Teatro Libertad fue incendiado varias veces. El grupo Hamás lo tildaba de “sionista” y “quinta columna·” y a su vez muchos judíos ortodoxos del Likud le reprochaban su aproximación al pueblo palestino. Cuando se produjo la muerte de Khamis fue lamentada por varios voceros de organismos internacionales, entre ellos los directores de la UNESCO, institución que venía apoyando las actividades del Freedom Theatre y que se comprometió a seguir haciéndolo como reconocimiento a la labor desplegada en pro de la cohabitación pacífica entre esos dos pueblos.


Más allá del complicado conflicto que se vive en esa zona del Medio Oriente, la muerte de Mer-Khamis nos señala hasta dónde puede llegar la intolerancia. Aunque no sabemos a ciencia cierta quién lo asesinó, a pesar de que las primeras investigaciones apuntaron al grupo Hamás, lo que sí podemos afirmar es que la intolerancia, en su afán de perseguir esa libertad de criterio que muestra gente como el fallecido Mer-Khamis, no parece respetar fronteras ni espacios temporales.

Aunque en el siglo XVII John Locke nos hablaba ya en sus famosa Carta sobre la tolerancia de la tolerancia religiosa y la separación entre Estado y Religión, como principios básicos del llamado Estado liberal, nuestra noción actual de tolerancia, basada en leyes, declaración de principios y derechos, se la debemos principalmente a otros dos hombres que lo antecedieron en la historia: Erasmo de Rotterdam y Baruch Spinoza.

A uno, Erasmo, los promotores de la Reforma, aunque habían abrevado en sus libros, lo terminaron calificando de papista, y a su vez los partidarios de la iglesia católica, de luterano. Lutero llegó a decir incluso en su testamento que lo tenía “por el mayor enemigo de Cristo”. Erasmo no sólo se opuso a las facciones y el fanatismo ( “Amo la libertad; no quiero ni puedo servir jamás a un partido” , dirá Erasmo) sino, y por ello mismo, al nacionalismo y al militarismo. Para Erasmo la patria era la república de las letras y el humanismo. En su pensamiento, el nacionalismo como el militarismo son escuelas de perversidad opuestas a la naturaleza, al buen sentido y a la humanidad. “Quiero ser ciudadano del mundo -escribe Erasmo-, compatriota de todos, o, más bien, extranjero para todos”. El humanismo cristiano que predicaba Erasmo, amaba precisamente al mundo a causa de su diversidad y no le espantaban sus contradicciones. Es por todo ello que se terminará acuñando un término como el erasmismo, que pasará a la posteridad para designar al que tiene fe en la humanidad y que no fomenta lo que separa, sino lo que une.

El otro, Spinoza, no sólo era miembro de una familia judía portuguesa que se había visto en la necesidad de huir a Holanda, tras la persecución de que habían sido objeto en la península ibérica, sino que debido a los juicios que emitió sobre la superstición y la religión y por desconocer que existiera algún pueblo escogido por Dios, también fue expulsado de la comunidad judía. En el último capítulo de su Tratado Teológico-Político, titulado “Dónde se demuestra que en un estado libre está permitido que cada uno piense lo que quiera y diga lo que piensa”, sostuvo que la libertad de pensamiento y expresión era algo tan natural y consustanciado con la humanidad que al Estado le sería imposible doblegarlo; que el fin del Estado es la libertad, no “convertir a los hombres en bestias o autómatas, sino que se sirvan de su razón libre y que no se combatan con odios”; que es “imposible que la propia alma esté totalmente sometida a otro”, ya que nadie puede transferir a otro su derecho natural o facultad de pensar libremente; y que “la suprema majestad parece injuriar a los súbditos cuando quiere prescribir a cada cual qué debe aceptar como verdadero y rechazar como falso”, por lo que nunca ocultó su preferencia por el sistema democrático. Esto llevó a que todavía en 1938 el pensador alemán, inspirador del nazismo y antisemita, Karl Schmitt, también rechazara las enseñanzas del “judío Spinoza” y le atribuyera todas las perversiones que veía al sistema democrático.

Así, pues, la libertad de pensamiento y la tolerancia parecen pagarse muy caro en cualquier época y lugar, como se evidencia por los casos señalados.

Etiquetas:   Política

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Los más leídos de los últimos 5 días

Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
22482 publicaciones
5322 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora