De Pastores y Rebaños



 

. La mayoría de las veces por desconocimiento. Otras, por pereza intelectual para indagar como se debiera a la realidad en la que estamos insertos. Para transitar esa realidad, seguimos a veces mansamente al resto, es decir, dejando eclipsar nuestra voluntad por la voluntad de los demás. Simplemente porque nos resulta más cómodo adoptar esa actitud de rebaño. Actitud de rebaño, que no demanda casi ningún esfuerzo intelectual por comprender de que se trata, esperando obtener un premio por sostener una actitud sumisa, acrítica y obediente. Ya que casi todo el esfuerzo consiste en encontrar el pastor adecuado y seguir a pié juntillas sus órdenes disfrazadas de sugerencias. A veces solo se sigue al rebaño, sin necesidad de ver al pastor que los guía. Para que esto sea posible, primero hay que vaciar la conciencia de los individuos de todo tipo de defensas culturales. Es decir, disolverles los valores fundantes. Para que luego, otros pastores tengan la oportunidad de llegar con su mensaje y sus prescripciones sin encontrar resistencia alguna. A veces, no vemos al pastor, solo vemos al conjunto de individuos-ovejas moviéndose en rebaño y nos sumamos según la cantidad. Pensando que donde hay más, es mejor. Es así como una vez que al individuo se le vació de contenido cultural, de espíritu crítico, de límites impuestos por el cúmulo de valores incorporados por la verdadera educación y transmitidos por los adultos más significativos para el individuo, el campo es orégano para que lleguen los mensajes que ofrece el mercado. Siendo allí, donde aparecen los que imponen las modas de todo tipo. Haciendo las veces de pastores: las marcas; las y los modelos; también quienes son famosos y se destacan en su actividad y por lo tanto su opinión sobre determinados productos, produce el efecto rebaño sobre sus seguidores. Es decir, que para ser pastor, no hay que ser religioso. Ni su función solo es posible encontrarla en las organizaciones religiosas. A veces la sola belleza física y el atractivo corporal que ejercen sobre el resto de las personas, ya logra el efecto pastor y el consiguiente efecto rebaño sobre quienes están dispuestos a seguirlo. Otras veces, el efecto pastor lo ejercen los lugares turísticos y la moda aceptada obedientemente por quienes piensan convencidamente que concurrir a ellos en determinadas épocas, los integra a un núcleo especial de elegidos. También, hacen las veces de pastor, los que comercializan las sustancias que provocan sensaciones de euforia, la que es interpretada como de felicidad cuando son consumidas. Provocando luego el síndrome de abstinencia cuando se interrumpe su consumo, lo que logra disciplinar al adicto. Pudiendo concluirse, que para que otros pastores tengan posibilidades de éxito, los verdaderos pastores, aquellos que transmiten los valores e imponen los límites que prescribe la cultura, deben ser separados.  Imponiéndoles una licuación de su influencia por medio de una contracultura. Es por eso esencial, que las personas incorporen la cultura, al margen de las personas que la transmiten, para que puedan ser autónomos y no dependan de los dichos y gestos de las personas que oficien de pastores. En una palabra convertirse en personas formadas, reflexivas y autónomas.

              Eugenio García              http://garenioblog.blogspot.com.ar



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De Pastores y Rebaños


 

evidente, que tenemos una predisposición natural a ser parte del rebaño. La mayoría de las veces por desconocimiento. Otras, por pereza intelectual para indagar como se debiera a la realidad en la que estamos insertos. Para transitar esa realidad, seguimos a veces mansamente al resto, es decir, dejando eclipsar nuestra voluntad por la voluntad de los demás. Simplemente porque nos resulta más cómodo adoptar esa actitud de rebaño. Actitud de rebaño, que no demanda casi ningún esfuerzo intelectual por comprender de que se trata, esperando obtener un premio por sostener una actitud sumisa, acrítica y obediente. Ya que casi todo el esfuerzo consiste en encontrar el pastor adecuado y seguir a pié juntillas sus órdenes disfrazadas de sugerencias. A veces solo se sigue al rebaño, sin necesidad de ver al pastor que los guía. Para que esto sea posible, primero hay que vaciar la conciencia de los individuos de todo tipo de defensas culturales. Es decir, disolverles los valores fundantes. Para que luego, otros pastores tengan la oportunidad de llegar con su mensaje y sus prescripciones sin encontrar resistencia alguna. A veces, no vemos al pastor, solo vemos al conjunto de individuos-ovejas moviéndose en rebaño y nos sumamos según la cantidad. Pensando que donde hay más, es mejor. Es así como una vez que al individuo se le vació de contenido cultural, de espíritu crítico, de límites impuestos por el cúmulo de valores incorporados por la verdadera educación y transmitidos por los adultos más significativos para el individuo, el campo es orégano para que lleguen los mensajes que ofrece el mercado. Siendo allí, donde aparecen los que imponen las modas de todo tipo. Haciendo las veces de pastores: las marcas; las y los modelos; también quienes son famosos y se destacan en su actividad y por lo tanto su opinión sobre determinados productos, produce el efecto rebaño sobre sus seguidores. Es decir, que para ser pastor, no hay que ser religioso. Ni su función solo es posible encontrarla en las organizaciones religiosas. A veces la sola belleza física y el atractivo corporal que ejercen sobre el resto de las personas, ya logra el efecto pastor y el consiguiente efecto rebaño sobre quienes están dispuestos a seguirlo. Otras veces, el efecto pastor lo ejercen los lugares turísticos y la moda aceptada obedientemente por quienes piensan convencidamente que concurrir a ellos en determinadas épocas, los integra a un núcleo especial de elegidos. También, hacen las veces de pastor, los que comercializan las sustancias que provocan sensaciones de euforia, la que es interpretada como de felicidad cuando son consumidas. Provocando luego el síndrome de abstinencia cuando se interrumpe su consumo, lo que logra disciplinar al adicto. Pudiendo concluirse, que para que otros pastores tengan posibilidades de éxito, los verdaderos pastores, aquellos que transmiten los valores e imponen los límites que prescribe la cultura, deben ser separados.  Imponiéndoles una licuación de su influencia por medio de una contracultura. Es por eso esencial, que las personas incorporen la cultura, al margen de las personas que la transmiten, para que puedan ser autónomos y no dependan de los dichos y gestos de las personas que oficien de pastores. En una palabra convertirse en personas formadas, reflexivas y autónomas.

              Eugenio García              http://garenioblog.blogspot.com.ar




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