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La felicidad en el trabajo


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16/05/2011


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Días atrás una persona me decía que la felicidad no existe. Y para sostener la afirmación citaba a Sigmund Freud diciendo que “existen dos maneras de ser feliz en esta vida: Una es hacerse el idiota y, la otra, serlo”. Y más recientemente, Mario Vargas Llosa parafraseó a este psiquiatra y señaló que “sólo un idiota puede ser completamente feliz”.


 Sin embargo, sospecho que el asunto implica verificar primero qué estamos entendiendo por felicidad.

 Para mi, es una expresión que alude a un grado importante de satisfacción con lo que a la persona le está sucediendo en determinado momento. Implica un contexto en que aprecia que él, y su entorno más cercano, sienten agrado por hechos, situaciones o circunstancias de un momento específico. Es decir, la felicidad es personal, pero habitualmente se expresa con relación a un entorno social de referencia. Las excepciones tienen que ver con eventos muy particulares y especialmente críticos, por ejemplo, cuando un náufrago ve que llega auxilio.

El otro aspecto de este concepto, es que la felicidad tiene que ver con estados temporales, de mayor o menor extensión, pero finitos en su presencia. Es decir, no existe un estado de felicidad permanente.

Asumiendo que la felicidad absoluta no existe, asunto deseable por lo demás, dado que lo contrario implicaría que no se puede superar determinado límite, esta expresión adquiere creciente validez e importancia organizacional. Implica desplegar iniciativas, conductas y estrategias que lleven a que cada trabajador se sienta tan cómodo en su trabajo, que su permanencia en él trascienda a un simple cumplimiento de objetivos asignados y lo coloque en una posición en que sea un aliado clave en la empresa.  

De alguna forma hace la diferencia entre trabajadores que, por la mera “sospecha” de un resfrío, solicitan licencia médica para no concurrir a trabajar, respecto de otros trabajadores que, aún en estado precario de salud, se las arreglan para seguir contribuyendo a los fines de la institución que los acoge laboralmente. Visto así, el tema deja de ser banal y pasa a ser estratégico. Toda empresa exitosa necesita intensamente del mayor compromiso de cada uno de los integrantes de sus equipos de trabajo. En los tiempos actuales, con frecuencia es este factor el que establece la diferencia entre una empresa que prospera y otra que se marchita en su mercado laboral.

El punto es, entonces, definir qué se hace para que nuestros colaboradores se sientan tan integrados a la empresa, que la sola acción de asistir al trabajo sea parte de los espacios en que se puede ser feliz. Como suele ocurrir, esto se puede ver desde el rol de la empresa y, también, el papel de cada persona:

1.  Rol de la empresa

Un autor que ya mencioné en una columna anterior, Mihaly Csikszentmihalyi, en su libro “Fluir en la Empresa” señala varias características que permiten este “estado de flujo”. Para esta columna me quedaré con tres de ellas:

 

  • Metas claras para que no surjan errores que tensionen las relaciones, por explicación débil o insuficiente de lo que se espera de la persona.
  • Feed back inmediato. No hay mejor receta para mantener las confianzas que ser muy rápido y claro en las felicitaciones y en las aclaraciones respecto de los aspectos mejorables en el trabajo.
  • Equilibrio entre los desafíos laborales y las competencias que posee la persona para asumirlas. Este aspecto es central para evitar el aburrimiento, de un lado, o el estrés negativo, por el otro.
  •  2.       Rol del propio trabajador

    Tiene que ver con cuál es su postura frente a la vida en general, y la vida laboral en particular. Por lo mismo, la atención a este aspecto en los procesos de selección de nuevo personal es básica. Dos posibles actitudes frente a los escenarios que deba asumir el trabajador:

  • Víctima, es decir, optar por pasarse el día eximiéndose de responsabilidades, quejándose y reclamando por lo que sucede, buscando responsables y culpables de todo lo negativo que le sucede, lamentándose incluso de lo positivo porque lo explica en el factor “suerte” u otro elemento exógeno a él.
  • Protagonista, esto es, asumir que siempre se tiene la posibilidad de elegir qué hacer y qué no hacer. En medida importante también, respecto del cómo hacer aquello que se le indica. En este escenario, cuando se equivoca, en vez de perder tiempo en reclamar, se enfoca en aprender para evitar la ocurrencia de aquello que provocó el error.
  • En resumen, el trabajo es posiblemente uno de los espacios donde es más fácil alcanzar momentos de felicidad, pero es también un sitio donde el tema suele importar muy poco.

    Tomarse en serio el tema de la felicidad es un asunto serio. Aristóteles ya decía que “sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego”. Para ello hay que entender, y con esto concluyo, que “felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace”, como magistralmente señaló el gran Jean Paul Sartre.



    Etiquetas:   Recursos Humanos   ·   Felicidad

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    4 comentarios  Deja tu comentario


    Hugo Vergara Reyes, Académico, Facilitador y Consultor Organizacional Gracias por tu comentario estimada Opinante.

    No puedo sino estar de acuerdo contigo y, por lo mismo, me interesó escribir al respecto, dado que aún, en las organizaciones laborales hay mucho por hacer en la materia.

    Dicho lo anterior, igual creo que tu, y todos/as, siempre tenemos la opción de cómo queremos pasarla en nuestro trabajo, aunque sea el más complejo, sucio, ingrato que exista (de hecho seguro que no es así porque, como diría un humorista chileno, siempre puede ser peor). Es esta capacidad insobornable de elegir, que todos tenemos con nosotros mismos, mientras la opción sea seguir en ese empleo debemos buscar la manera de encontrarle sentido a ese tiempo. Victor Frank, judío prisionero en los campos de concentración nazi, decía "quien tiene un porqué, soporta cualquier cómo". Su libro "En Busca de Sentido" es un texto tan recomendable, como la reciente biografía de Nelson Mandela (Otro caso paradigmático) que me llama "El Factor Humano". Ambos si que vivieron experiencias duras, límites, por mucho tiempo.

    Comparados con ellos, todos, en nuestros mndos laborales, tenemos mil veces más opciones de pasarla bien en el día a día de trabajo.


    sara ruiz carreras, Lástima que en donde trabajo hacen todo lo contrario, no hay incentivos para los trabajadores.

    Ojalá leyeran esta columna y supieran incentivar a sus trabajadores,el dinero no hace la felicidad pero si parte de ella.

    Capacitar y tener un casino con comida rica también forma parte de la felicidad creo yo.

    Saludos y espero seguir leyendote por acá Hugo
    Atte @laopinante


    Hugo Vergara Reyes, Académico, Facilitador y Consultor Organizacional Muy sólido tu análisis estimado Ramón. Creo que le aporta valor as la columna y eso siempre se agradece.
    En lo concreto, comparto el análisis, pero en una mirada más pragmática, estimo que la clave está en buscar el máximo provecho y satisfacción a los ingresos presentes (incluyendo espacio de ahorro) y no desgastarse soñando con eventuales ingresos futuros. Eso implica orden familiar y disciplina laboral. esta última para (1) conservar el empleo y (2) aspirar con mayor legitimidad a mejores ingresos. Por último, la empresa tiene una responsabilidad subsidiaria al ayudar a que el trabajador, o trabajadora, pueda aprender a priorizar y ordenar sus flujos de gasto.


    Ramón Quinteros, La relación entre ingresos y bienestar, estudiada desde distintas disciplinas y enfoques, no es lineal. En otras palabras, tener (mas) dinero no hace a las personas, necesariamente, (mas) felices. Si bien es cierto que el dinero con que una persona cuenta le abre opciones para obtener satisfacción en diversos aspectos de su vida, el dinero no lo es todo. En términos generales se admite que “todo aumento en el ingreso hace posible un aumento en la satisfacción, si bien en magnitudes cada vez más reducidas, en la medida en que tienden a saciarse las necesidades” (BID, 2008).
    “La felicidad solo aumenta transitoriamente cuando aumenta el ingreso, de acuerdo con la teoría del punto fijo (set point), popular en la psicología del bienestar subjetivo. La misma postula que la linea base del bienestar esta, en buena medida, determinada genéticamente y que tiende a converger al punto de partida. Este enfoque deriva, en parte, del hallazgo de que las personas se adaptan a las buenas y malas condiciones. Sin embargo, también existe evidencia de que las circunstancias que rodean a las personas son determinantes en su bienestar de largo plazo” (Informe Sobre Desarrollo Humano El Salvador 2010)





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