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De cruces y huevos de Pascua. Semana Santa 2013


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28/03/2013


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Celebramos semana santa. Los próximos días son lo que llamamos el triduo pascual: viernes santo, día de la cruz; sábado, de espera; domingo, de Resurrección. La iniciamos el domingo pasado, de Ramos, en que miles de hombres y mujeres llegaron a templos, escuelas y capillas con ramos para celebrar la entrada de Jesús en Jerusalén. Fue la Jornada mundial de la juventud, justamente porque es celebración, fiesta, alegría. La fe no es triste. Nosotros somos los tristes. La verdadera fe lleva a llenar más el corazón, da sentido a la existencia, infunde nuevos bríos y ganas de vivir. Cuando no se cree o se cree mal, abunda la tristeza, desánimo y desgano.


Y ahora vienen los días fuertes. El viernes rememoramos la pasión y crucifixión de Cristo. Buena oportunidad para mirar nuestras propias cruces y dolores ¿¡Quién no carga una cruz o dolor!? Alguna enfermedad, problema familiar, dificultades con los hijos, problemas laborales. Soledad o desánimo. Pues bien, este día nos regala la oportunidad de confiarsela a Dios, decirle sí y asumirla con paciencia y esperanza. No se trata de fatal resignación. Debemos hacer todo lo posible por sanar heridas o aliviar dolores. P ero llega un punto en que es bueno asumir la cruz que la vida nos mandó y convivir con ella. Pienso en la muerte de un ser querido, a quien no podremos tener físicamente de nuevo con nosotros. Mejor decir sí ante lo definitivo, rezar por él y convivir con ello en paz.

Quien se hace cargo de sus cruces y dolores, le regala un sentido de trascendencia, busca un contacto con el Creador a través de ellas, es más feliz y vive con mayor sentido la vida presente.

Quien no ha sufrido, quien no ha sabido cargar sus dolores, no conoce el otro lado de la vida. Pero para el cristiano no es la cruz el fin de la existencia. Ellas adquieren sentido en la vida plena que se nos regala en Cristo resucitado. Ese es el término de semana santa. No el viernes, sino el domingo. De ahí la majadera esperanza de la fe cristiana. Un cristiano ve siempre la luz al final del túnel, la solución a un lío amargo. Con fe, todo lo podemos; sin ella, los problemas aumentan, se hacen más pesados, la vida más plana y gris.

Cristo resucitado es como esas flores que salen en el desierto norteño. Donde hay piedras, tierra aparentemente infertil, surgen, luego de una garuga leve, miles de flores que alegran el paisaje. A quien vive la Pascua de Resurrección le florece el corazón.

Los huevos de Pascua del domingo, que llenan escaparates y tiendas, son signo de esa nueva vida que nos trae Cristo. Compre algunos y regalelos. Rompa su dieta y cómase uno. El chocolate nos hace bien. La Resurrección de Cristo, más aún.

Hugo Tagle

twitter: @hugotagle



Etiquetas:   Religión   ·   Iglesia Católica

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