Continuar con una limpieza profunda de la Iglesia, respaldado en sus fieles, parece ser la misión que se ha propuesto el Papa Francisco, jesuita, argentino, confidente de Benedicto XVI, un sacerdote de cuño conservador contrario a la Teología de la Liberación y parte de la curia promovida por Juan Pablo II dentro de la Iglesia. Con votos de pobreza ha dado señales de cambio dentro del Vaticano, modificando de hecho tradiciones protocolares en que el oro era evidencia del poder.




