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La concepción del Estado, reformar y no solo administrar


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21/03/2013

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Confesiones.


 

La concepción del Estado, reformar y no solo administrar.

 

Cumplidos ya los primeros cien días del inicio del gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto y una vez que el mismo, hiciera su propio corte de caja, resalta una frase de su discurso, que bien puede servir para identificar la característica de su propia visión de la concepción del Estado.

En el “Venimos a reformar y no solo a administrar” el Presidente señala puntualmente, la parte que ha sido la base estructural del inicio de su mandato, reformar para transformar.

Si bien es cierto que las reformas constitucionales propuestas hasta ahora, la educativa, la de amparo y la de telecomunicaciones, no son completamente hechura de su régimen, al menos su gobierno ha mostrado gran voluntad para impulsarlas.

Todavía faltan las más complicadas y tal vez por eso estratégicamente escogió en este primer transito, las que pudieran generar una sensación de que los acuerdos entre fuerzas políticas son posibles.

Porque es evidente que cuando se presenten las iniciativas para los temas fiscal y energético, las cosas no podrán ser tan favorables como lo han sido hasta ahora.

Sin embargo y en atención de estos antecedentes y considerando lo que viene y lo que falta, lo que se puede establecer es que la intención reformadora, tiene pues una voluntad encaminada a reconstruir y fortalecer la concepción del Estado mexicano.

Una visión que obedece por supuesto a la tradición priista del ejercicio del poder a través de la presidencia, ahora con ajustes que corresponden a la situación y la realidad actual, sin limitar el despliegue de su poder.

En esta nueva concepción, el trabajo político se hace bajo el consenso, en la facultad de poder convocar, por ello la creación del pacto por México, ante una necesidad latente de conjugar en vez de dividir, funciona en la integración.

Bajo esta perspectiva el mayor logro del inicio del régimen no son las reformas, sino la forma en que se construyeron, sobre todo porque la forma evidencia una enorme diferencia de estilos y operatividad en contraste de los anteriores gobiernos, incluso priistas.

Lo que el Presidente está impulsando claramente, es un método de negociación democrática bajo la perspectiva de una visión de Estado y el privilegio de su rectoria, que en principio no es necesariamente partidista, aun y cuando el trabajo de los partidos es de vital importancia.

Sus opositores naturales, Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática, no han adoptado una posición sumisa como pudiera pensarse cuando todo lo que se propone se aprueba.

Por el contrario, su posición en las negociaciones ha implicado una participación sumamente activa, aun y con el riesgo que eso podría significar atribuirle logros al trabajo político del régimen.

Claro que una vez que hubieran resultados a través de esas reformas, el éxito de las misma también tendrá que compartirse, sobre todo reconociendo decíamos la voluntad efectivista de la participación de los partidos políticos.

Porque es muy evidente que la transformación principal está en las intenciones, las de plantear un rediseño operacional del sistema para que este realmente sea eficiente y democrático y por tanto, aporte elementos para el crecimiento y el desarrollo general.

Por tanto y sin limitar que en adelante la competencia electoral, seguramente va a provocar desencuentros, al menos lo que el sistema entendido como un todo, está siendo capaz de lograr, es una sensación de que los acuerdos con visión de Estado si son posibles.

Este es un cambio de percepción muy positivo, porque lo que se privilegia es una discusión responsable que genera resultados, un método de negociación donde todos los participantes pueden incluir sus posturas.

Todo ello fortalece el funcionamiento del Estado, mas allá de las posiciones individuales que hasta hace muy poco eran un obstáculo infranqueable, que sumió al país en una inmovilidad, tan absurda como estéril.

Siendo así, el fortalecimiento de la presidencia no significa ni por mucho un retorno a la presidencia omnipotente, eso no solo sería posible actualmente, seria inoperante y contradictorio.

Siendo así lo que se observa, independientemente de las propias reformas, es una transformación en la substancia, en el fondo de las cosas, que parte de una definición política.

Por supuesto esta circunstancia no resuelve por descontado los problemas principales de la agenda nacional, sin embargo plantea que el método facilita los acuerdos entre la clase política para buscar las soluciones.

Pero eso no puede significar un debilitamiento de los partidos que hoy son oposición, de ninguna manera, su actitud responsable seguramente tendrá que generarles beneficios.

Más aun cuando pareciera que gracias a este formato el extremismo y la beligerancia pueden superarse mediante el dialogo, lo que finalmente permite concentrarnos en el análisis de los resultados, que es lo que importa, lo único que realmente importa.

Porque el diagnostico que las fuerzas políticas tienen de la situación general y de la percepción ciudadana, no escapa al reconocimiento del desgaste y desprestigio que la clase política tiene ante la sociedad.

De tal suerte que el primer tramo del camino tenía que encaminarse a obtener márgenes de confianza y credibilidad, que los enfrentamientos solo estaban favoreciendo una polarización en extremo peligrosa.

No se trata de echar campanas al vuelo cuando estamos en pleno proceso de reconformación, claro que hasta ahora lo que se ve, se observa muy alentador, porque lo más fácil siempre es criticar, hoy también es tiempo de reconocer.

Poner en contexto el esfuerzo de los grupos políticos, para que la convocatoria presidencial efectivamente se traduzca en un fortalecimiento del Estado y que eso sirva para generar las condiciones para el desarrollo.

En el plano doctrinal, este es el mejor escenario posible, lo interesante será ver cuánto tiempo puede sostenerse el nivel del acuerdo, porque es innegable que para el Presidente Peña Nieto, el pacto por México, está resultando una estrategia política magnifica.

En todo caso habría que suponer por definición que si el Presidente es capaz de lograr acuerdos y convocar a las fuerzas en torno de sus proyectos, más que regresar a la presidencia imperial, lo que se plantea es una presidencia con la fuerza suficiente para impulsar los cambios que el país necesita.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall 



Etiquetas:   Política   ·   Gobierno

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