Muerte Presunta

 

.Quise asumirme muerto, pero se rebeló mi savia de labriego.Dejé de existir por un decretoy pasó como un soploel dolor de mis amigos.Mustia mi estrofafue rebotando féretros.Por los rincones quedaronmis fósiles cuadernos,se oxidó mi medalla,se apolillaron mis diplomas.Mi foto se archivócon ropas viejas y asítransité por baratillos,disecado, huérfano,pasado a naftalinay amarillo.Mi muerte en nada varió los ascensores.Las ferias encarecieron sus limones.Un ministro recomendó usar vinagrey en otro decreto omnipotente, junto al mío,fijaron recetarios oficiales.Mi muerte nada varió,mas mi sombrerose lastimó apolilladoen el granero.no toleré el hielo legalsobre mi frentey morí de verdad,porfiadamente.Los responsos compartíde cuerpo ausente,incrédulo testigode los discursos últimos.En la misa desertaronmis parientes,la falta de gloriadose hizo evidente.Mi suegra arregló bien su peinadocelebrando en las páginas sociales.La socia flaca se fue con mi negocio,y siguió sus fofos amores torturantes.Descansé de avalar tanto descaroy, al buen rato disfruté confiadomi flamante statusde finado.Con qué ironía se ha escrito mi epitafio,inflando el egodel buen sepulturero,para mentir de últimas que fuiste un hombre íntegro,que martillaste lunasy que moriste a tiempo.Así partí,cayendo a mis mazmorras.Hasta que Él llegóa compartir mi mesay mis hijos… viendo tele se quedaronDel libro Eroscidio, Amática contra el Desamor, 1988

UNETE



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