. Las explicaciones dadas por algunos, referidas a una
especial sencillez de vida y de preocupacion por los pobres es insuficiente y
precaria.
Hay algo de eso, pero se trata de algo mucho más profundo. Se
trata de obedecer el mandato que Jesucristo en la iglesia de San Damian le dio
a Giovanni Bernardone, más conocido como Francisco de Asis,
el carismático y humilde Cristo de Asis, que en vez de vivir 33 años,
quiso vivir 44, y los dos últimos años de su vida como estigmatizado en sus
manos, sus pies y en su costado.
Cristo le dijo, personalmente a su siervo Francisco que REPARARA,
QUE RECONSTRUYERA SU IGLESIA, QUE ESTABA ARRUINADA.
En un principio Francisco pensó que el Señor le habia pedido que
reconstruyera la iglesia física de san Damián y otras, muy deterioradas, pero
luego entendio que segun la Biblia la iglesia esta formada por piedras vivas,
por ladrillos humanos, que deben comportarse segun la ley de Dios y no
segun la ley del pecado y bajo el poder de las tinieblas.
Entonces comprendio que el mandato divino era y es,
reconstruir el edificio moral y espiritual de la iglesia, y no tanto su
forma material.
En la Edad Media la iglesia hacia crisis con obispos
simoníacos, verdaderos señores feudales, libidinosos, amantes de la buena mesa
mas que de evangelizar a los pueblos y de impartir los sacramentos, o de formar
sacardotes conforme al corazon de Dios, hombres sabios en la Palabra de Dios y de
vida virtuosa y casta. Lo mismo pasaba con los fieles, apegados a sus parcelas
de poder y a la violencia, a la riqueza, al vicio, y a la vanidad de la vida, a
la soberbia, y a la explotacion de los débiles villanos de cada comarca.
El Papa Inocencio III habia tenido un sueño profetico en el cual
se le aparecian los edificios del vaticano en medio de un terremoto y
amenazaban con desplomarse. Y de repente aparecia un pequeño hombrecito de
sayal pardo caminando y le ponia el hombro a una de las paredes que se
resquebrajaba y caía, y empujada por la misteriosa fuerza de aquel
poverello, la pared se afirmaba y con ella todo el edificio vaticano se
estabilizaba y se borraban todas sus fracturas.
El dia que Francisco vino a Roma en busca de la aprobación de su regla
para la Orden de los Frailes Menores, el Papa lo reconoció como aquel
hombre providencial que salvaria a la iglesia de la destrucción moral y
espiritual.
Asi es que tras ser examinada esa regla por los cardenales y por
el pontífice fue aprobada y permitio el crecimiento y desarrollo de la Orden
Franciscana, que dio un vuelco etico a la sociedad medieval y
renacentista, otorgo a Roma varios Papas notables por su virtud y al mundo
de los teólogos una lumbrera como san Buenaventura, discípulo personal de san
Francisco.
De esta manera, Jorge Mario Bergoglio, y los cardenales que
lo eligieron reconocen la existencia de una crisis general dentro de la
igleisia catolica. Crisis que para los que saben es mucho mas que la cuestion
de los abusos sexuales de los que se habla tanto hoy.
Es una crisis creada por el relativismo, por el colectivismo
marxista, por el nihilismo, el ateismo militante, el hedonismo, la
erotizacion del medio ambiente, la moda de los divorcios, las
herejias teologicas modernistas, el crecimiento de las sectas no cristianas, el
escepticismo, la ignorancia religiosa, la irreverencia sistematica de los
indoctos a la autoridad de Dios y la de la iglesia, etc.
A todo ello se junta la indisciplina de sacerdotes y de
monjas, que adoptan estilos de humanismo naturalista que no son
el humanismo cristiano abierto a la Trascendencia que es lo propio de
la tradición cristiana.
Los valores espirituales se invierten, los gobiernos ignoran la
Doctrina Social católica, y se hunden en soluciones sociales cuya moralidad es
discutible, por negarse a aplicar las nociones de Bien común que se definen con
gran sabiduría en las Encíclicas Sociales que se cacarean como
conocidas, pero de las cuales solo se conoce su titulo.
La Iglesia necesita un lider que viva los valores y el estilo de
vida de Francisco de Asis, y el de Francisco de Sales, y el de San Francisco
Javier. Y un lider que sea seguido por una jerarquía de intelectuales
consagrados, como son los cardenales y los obispos de la iglesia de todo el
mundo. Si la iglesia, que es comunidad de personas que siguen a Jesucristo se
reconstruye en todos los planos, el mundo entero se beneficiara, pues el
mundo necesita la luz divina que la comunidad de los creyentes transporta a
traves de la historia. Ella es el vehículo del Emmanuel, su principal
instrumento de acción en el mundo. Por ella Cristo dio su sangre y su vida en
la cruz.
Porque Jesucristo ama a su iglesia y a la humanidad, se preopcupo
por ella y le envió a San Francisco en el siglo XIII, ahora nos ha mandado a
Juan Pablo II, a Benedicto XVI y a Francisco.
¿Seremos capaces de reconstruirnos moralmente, luchando contra la
corriente de la cultura antidios que nos inunda por todos lados? Si se ora, se
trabaja y se estudia se podrá, pues el esfuerzo de salvar a la iglesia no es
solo de la jerarquia, es de todos los pueblos cristianos del mundo. Hacer esto
de un modo adecuado es salvarse a si mismo. De modo que, tal como dijo el
Francisco de Asis, y como dijo este papa argentino, MANOS A LA OBRA. Si Dios esta
al lado de los creyentes, ¿quien podrá derrotarnos?
Pero el desarrollo de virtudes y la lucha contra el maligno de
todos los dias sera parte de nuestra batalla todos los dias, y hay que buscar
los remedios espirituales de la tradición cristiana, la Biblia, la
plegaria de todos por todos, los sacramentos, la meditación, el
discernimiento de los valores, el conocimiento de las propias debilidades.
Y algo muy sentido por el San Francisco de la
Edad Media, la conciencia de pecado, y el no creerse inocente de la situacion
actual del mundo. Si el mundo y la iglesia estan mal es porque nosotros, cada
uno de nosotros, ha equivocado el camino. El culto al ego y de la
ignorancia voluntaria es demoníaco, solo Jesus-cristo es el camino, y
la verdad y la vida.
Lo que no excluye el camino de Budha, o el de Mohamed, o el de
Krishna. Que son expresiones diversas de ese único gran camino del Verbo de
Dios encarnado por las enseñanzas de san Juan el evangelista, el águila de
Patmos.