A 20 años de graduado profesional: lecciones y reflexiones

El pasado mes de diciembre cumplí veinte años de haberme graduado como Ingeniero en Sistemas Computacionales (ISC) en el campus Irapuato del Tec de Monterrey. Debo confesar que antes de escribir “cumplí” puse “celebré”, pero lo borré porque aún permanezco con la duda de si el motivo y los logros sobre todo, ameritan una celebración.

 

. Debo confesar que antes de escribir “cumplí” puse “celebré”, pero lo borré porque aún permanezco con la duda de si el motivo y los logros sobre todo, ameritan una celebración.

Desde luego que pasé un período de melancolía, recordando mis épocas de estudiante de profesional, a mis mejores maestros, a los peores, a los que pasaron sin pena ni gloria y los que en verdad me dejaron una huella profunda de aprendizaje. Me hubiera gustado reunirme con mis excompañeros para verlos (hacer un “benchmarking” muy personal claro, de su estado, tanto físico como intelectual y económico), recordar con ellos nuestras múltiples aventuras, los viajes de estudio, los congresos en Monterrey, la revista de computación que hicimos, el laboratorio de redes que fundamos con Novell; evocar a la maestra de la que nos enamoramos todos y al “pain in the ass” que nunca faltaba, casi uno por semestre. De mis compañeros, extraño hoy su ausencia en las redes sociales (sólo he encontrado a uno de ellos) y realmente no mantengo comunicación con ninguno. Qué pena, algo no logramos superar que llegada la barrera de los veinte años, nos volvimos a ausentar…

Haciendo un recuento de los daños (y logros), estoy consciente que logré desarrollar una competencia que me permite hoy día adquirir y compartir el conocimiento (“enseñar” suena presuntuoso); otra más que me permite crear y realizar presentaciones que casi siempre logran sus objetivos;  supe desde antes de terminar la carrera, gracias a la invitación de uno de mis profesores que no me dedicaría a programar (pasé dos años sin sueldo, programando en COBOL un antiquísimo equipo IBM, toda una serie de programas para la gestión administrativa de una empresa; la promesa del aprendizaje como sueldo fue válida para mí en esos años… menuda “explotación” del intelecto); así también, cultivé la capacidad de presentarme en un foro para exponer y hablar de cualquier tema de las tecnologías de información con buenos resultados; pude darme cuenta que como ISC tenía problemas de entendimiento con los usuarios de sistemas y aprendí a traducir conceptos técnicos en expresiones comprensibles para ellos; logré a fuerza de integrarme con equipos de trabajo de otras carreras (administradores principalmente) ser capaz de poder coordinar acciones con equipos de más de 50 personas, tenerlos enfocados y motivados para el logro de un fin. He podido ser capaz de crear una empresa desde cero y luego, capaz de cerrarla por diversos motivos. Esto es parte de lo bueno.

Confieso que en lo malo (relativamente), no desarrollé una tecnología propia, es decir, no fui el mejor programador, el mejor instalador de redes, el mejor configurador de soluciones con base en sistemas computacionales de mi generación. No me distinguí nunca (ni a la fecha) por ser el mejor en una competencia técnica de mi carrera. Pero creo que fui capaz de aprender un poco de todo y entenderlo, sobre todo para aplicarlo ante una problemática real.

Si hoy tuviera la oportunidad de hacerle llegar un mensaje a quienes estudian ISC (o cualquier otra carrera relacionada con los sistemas, la informática, las TIC, la electrónica, la mecatrónica, etc.), les diría los siguientes diez puntos:

1.       Desarrollar una “tecnología” propia, es decir, distínguete en algo sobre la competencia que son tus compañeros de generación. Sea una competencia gerencial o una técnica.

2.       No le digas “no” a cualquier oferta que recibas para continuar estudiando (especialidad, maestría, doctorado); convierte tu aprendizaje en un viral para toda la vida.

3.       Fórmate como coach empresarial, adquiere y complementa tu visión de ti mismo (verás como por arte de magia que tu entorno se transforma de inmediato, cambiando al observador que eres de ti mismo).

4.       Cuando no sepas algo, reconócelo. Es la única posibilidad de aceptar con humildad un nuevo aprendizaje. Si  puedes, imparte clases, acá entre nos es la mejor forma de aprender en verdad. Rétate todos los días a aprender algo nuevo.

5.       Hazte de una red de colaboradores con compañeros de otras carreras. Las distintas visiones compartidas te permitirán (como equipo) pensar fuera de la caja y crear eso que parece una realidad aumentada intangible: la sinergia.

6.       Mantente innovando siempre, pero con la distinción de que la Innovación = Creatividad + ROI (retorno de inversión). Es decir, no seas creativo sin ser productivo. Capitaliza tus ideas con sentido de urgencia. Y si algún día tienes un éxito monumental con alguna innovación (tipo KillerApp), valórate más bien a ti como alguien que es capaz de crear nuevos paradigmas para el beneficio de la sociedad.

7.       Muévete. Decía Lewis Carroll, autor de Alicia en el País de las Maravillas: “Nunca como hoy, es necesario correr más rápido y cubrir una mayor distancia para quedarse en el mismo lugar”. Los empleos, proyectos de incubación y las ideas viven tiempos de una competencia feroz, hay que moverse con sentido de urgencia.

8.       Escucha activamente. Asegura la escucha de lo que te dicen tus profesores, los directivos, los compañeros. Recuerda que escuchar es distinto a oír. En el primero es valiosa tu interpretación, el segundo es solo el fenómeno físico ante un efecto sonoro.

9.       En estos tiempos de vida digital, crea una gran reputación digital ante cualquier post (Facebook, blogs), tweet (Twitter), mensaje electrónico o SMS, video digital (YouTube, Vimeo), presentación (Slideshare), documento compartido (Scribd), georeferenciación (Foursquare, Gowalla), recomendaciones (StumbleUpon), etc. Sé parte ya de las conversaciones de proyectos y experiencias laborales (LinkedIn, Xing).

10.   Lo último y más importante de todo: sé feliz. Ama lo que haces. Respira y sé consciente de cómo el oxígeno hace vivir tu cuerpo. Privilégiate de tu universidad. Enamórate y entrégate sin reservas, no te guardes para mañana (dile no a la procrastinación). Realiza tus proyectos (incluido el de vida) con pasión. Exagera la ocurrencia de un aprendizaje o un logro (¡Eureka!). Celebra tus triunfos. Aprende de tus errores. Evangelízate con tu ejemplo de vida y luego contagia, forma líderes, contagia al entorno con tus virtudes.

Durante veinte años reconozco que he tenido muchos más tropiezos que logros. Y bueno, sigo aquí anhelando triunfar, requiriendo tener éxito. Tengo mucha hambre de seguir aprendiendo. Quiero trascender, lo necesito. Me urge un doctorado, capitalizar mi conocimiento y experiencia; generar un proyecto de alto impacto social y beneficios para todo mi entorno.

Reconozco también que no tengo la vida que quería tener hace veinte años, pero agradezco mucho tener vida y personas que amo, porque con ello puedo redirigir la ruta que emprendí.

Te invito a hacer una última reflexión antes de abandonar o terminar con esta lectura: imagina que este post (carta digital) la escribiste en el futuro, para ti en el presente; de alguna forma (un “error de Matrix” u otro algoritmo sorprendente) encontraste un mecanismo para que te llegara. Con ello en mente: ¿me escuchas?, ¿has entendido el mensaje?, ¿lo puedes leer de nuevo?... Por favor, no dejes pasar un día (hoy) que podría ser tan significativo en tu vida dentro de veinte años. No te creas todo lo que piensas. Convierte tu vida en una celebración, hoy mismo.

En veinte años, cuando creas tener todas las respuestas… habrán cambiado las preguntas.

·         “Lo que hagamos en esta vida, hará eco en la eternidad”. Maximus Decimus Meridius. Gladiador (Año 2000).

UNETE



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