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Historia. El huevo o la gallina.


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19/03/2013


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Los tiempos de antes fueron mejores. Es una clásica expresión popular. Con idéntica y filosófica precisión que el conocido dilema del huevo y la gallina. Si la nuestra es una Darwinista evolución y Charles tenía razón en la material selección natural o, si por el contrario, la nuestra en una existencia ideal, con origen divino, como lo supone Platón. No es hasta ahora concluyente. Tanto el pensamiento secular, como el espiritual mantienen inflexibles, la completa e intransigente rigidez de sus históricas posiciones. El destino del hombre en cambio, parece tener un escenario más flexible y relativamente menos polémico.


La dicotomía es otra.  Una que no tiene exclusivo origen en el cultivo del pensamiento o de la probable virtud del conocimiento. Que esta menos centrada en el principio y más enfocada en el resultado. Esa es la experiencia de la HISTORIA. Desde este escenario es de donde deben surgir los análisis. No solo de la capacidad filosófica del hombre para persuadir al resto por la civilizada vía de la convicción, sino además, de su habilidad para justificar la más brutal e irracional imposición.

Más importante que las esperanzas, para las nuevas generaciones, es entender la historia. Elevar su mirada por encima de hechos recientes cuya base se funda en testimonios y prejuicios. Ver así, el origen, y no la variedad derivada de cada histórica circunstancia. Mirar la historia no para saber en qué creer o cómo comportarse, pero para saber quiénes somos. Ocho o nueve de cada 10 personas, suponen conclusión propia su orientación política, la inclinación espiritual y hasta las de naturaleza de sus favoritismos deportivos. Ven de ese modo las conclusiones ajenas. Aquella multitud de prejuicios que heredan en los años del crecimiento y la formación.

Esta es una tendencia en aumento, y se viene observando con mayor expansión en las últimas décadas. La comodidad, nubla el juicio crítico y nos hace inconformes pero tolerantes.  Como una consecuencia, no se enciende o se apaga, esa llama de sublevación a la injusticia que inundara el alma de los héroes de la independencia. Eso es, estamos cada vez más alienados y mansos. Los partidos, la Iglesia, el directorio del club, cuentan con nuestra total incondicionalidad. El mundo que nos rodea, está sufriendo el impacto de nuestra indiferencia. Nuestra vida la hemos simplificado, la curiosidad o el orgullo, dejan un vacío que se llena de objetos, y terminamos, tal y según los cálculos economistas,  convertidos en uno. Impotentes-solidarios  o prepotentes-mezquinos, pero mancebos y depredadores.

La verdad es que el mundo que sobrevino después del cambio profundo a la estructura social de la ilustración. Desencadeno una verdadera explosión de fenómenos sociales. Los que combinados, aceleraron el paso cansino con el cual la humanidad venia cojeando desde la antigua Babilonia. En estos últimos 200 años, hemos desarrollado tecnologías en una secuencia desconocida por milenios. Sin embargo, los libros llenos de ideas, sirven como teoría inspiradora que solo transportan la virtud posible del conocimiento. Quienes en realidad definen los límites de esos ideales, son los hombres y las mujeres que en cada generación enfrentan propios desafíos.  Ahí la necesidad de entender que un anticapitalismo, es condición sine qua núm. - esa expresión aristotélica de Boethius - ósea, brota espontánea de la necesidad de balancear el poder que la teoría del crecimiento ilimitado le destina a la justicia social.

Esta es la combinación ideológica que ha revolucionado todo el sistema conocido por aquellos que vivieron antes del siglo XIX, o los que en muchas partes del mundo, han seguido viviendo como si lo fuera.  Pero la gran mayoría de la población del planeta,  protagoniza una sucesión de cambios que incluyen ademad del internet, un mundo,  en el cual hoy menos seres humanos mueren de hambre, que a causa de la obesidad, y muchos más escriben que aquellos que leen libros. Algo a pensar que necesita ajustarse con urgencia.

Por encima del pugilismo intelectual propio de la naturaleza humana, está la  suma de experiencias de historias personales, esas que el economista, el General ni el filósofo pueden anticipar. No, porque no está escrita.  Se escribe con la vida. Con los hombres, las mujeres sus vivencias, su porfía o su obediencia. Su trabajo, sus éxitos o sus fracasos.

No es fácil desafiar a nadie que asegure que de las decisiones que se adopte hoy dependerá el mundo de aquellos que vivan mañana. Del mismo modo que nosotros vivimos las decisiones tomadas por otros en el pasado. Mucho se podrá decir y se ha dicho, de la experiencia marxista, pero solo aquellos que se educan pueden distinguir el abismo de diferencia que existe entre el ateo socialismo de lucha de clases practicado por Stalin y el marxismo de cristianos con infinidad de matices ideológicos de la actualidad. Pero que aún así no ofrecen más que muchas promesas. Así mismo como el actual Libre Mercado inyectado a la sociedad mediante el shock de las "guerras" y de dictaduras militares, tiene poco, o nada que ver, con el pensamiento combinado de David Ricardo y Adam Smith, porque han aceptado la convivencia de la imposicion armada con el ideal de autoridad en libertad.

Malthus el economista británico pionero del Capitalismo escribió en 1789 el ensayo titulado, "El Principio de población", en cual asegura lo siguiente. - “La población tiende a crecer más rápido que las provisiones, con un inevitable desastroso resultado - a menos - que el incremento de la población se controle con regulaciones morales, guerras, hambrunas, y enfermedades.- Entonces elaboro influyentes leyes para moderar el empobrecimiento como esta;

 

"En vez de recomendarles limpieza a los pobres, hemos de aconsejarles lo contrario, haremos más estrechas las calles, meteremos más gente en las casas y trataremos de provocar la reaparición de alguna epidemia"

 

Pocos años más tarde y en ese contexto, correcta o equivocadamente, Marx, concibe el socialismo. Convencido por supuesto que el hombre de trabajo no estará incluido jamás en los beneficios del Capitalismo. Este ensayo de Malthus, claramente no está dedicado al que no sabe, o al que sabe pero no puede hacer nada. Sino al que tiene, o tendrá poder para materializar una sociedad basada en la naturaleza de esas aberraciones como ha sido.

El dinero concentrado, en cada época, crea entretención, una sensación de modernismo que estimula la creación artística de la elite y por supuesto la tecnológica.  En contradicción con la investigación y el estímulo a nuevas ideas que surge solo del desafío y el deseo de conquista de la clase emergente. Gracias a la combinación de ambas, o a pesar de ellas, el hombre logra en doscientos, más desarrollo que el conseguido en 6.000 años. Pero desde luego tampoco hubiera sido posible sin ellos. Eso es HISTORIA.

Han pasado dos siglos, las experiencias mercantilistas y comunistas han brindado abundante y sorprendentes materiales a las nuevas generaciones. La EDUCACION de esas experiencias ha sido mutilada y a lo menos esquiva. Entonces se impone la demagogia, se infunden el pavor y la desorientación. Se confunde y se alimenta más el odio que el dialogo. Se agotan los temas sin haberlos discutido nunca.

La juventud debe aprender, de lo contrario no separa. Ni puede ver, la diferencia entre un proyecto de vida basado en la felicidad, de otro basado en el éxito. Pero lo más importante, que no está obligado a elegir.  Después de todo, lo contrario del temor, no es el valor, es la verdad. Eso explica que las naciones industrializadas, con sus altos y bajos, sean conocidas por un emblemático duopolio de mano de obra calificada y la seguridad garantizada de la inversión.

El Capitalismo ha escondido muchos de sus componentes, mientras tanto el Comunismo los ha exagerado, pero ambos no son percibidos apropiadamente por la juventud, ni representan la enorme mayoría en ninguna parte. De ahí la importancia con los experimentos bien ilustrados de la historia y su informado debate.

 

Luis Alberto Moya R.



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