.afa.org.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=18087:comunicado-de-prensa&catid=180:afa&Itemid=219">llegó como
orden desde Viamonte: si los incidentes son provocados por la tribuna
visitante, al próximo partido de visitante los simpatizantes no podrán
concurrir. En el caso que los disturbios los genere la parcialidad local, el
próximo partido en esa condición será a puertas cerradas. Una versión en
formato edulcorante para un rumor que venía tomando fuerza en los últimos días:
la prohibición de concurrir a los visitantes, tal cual sucede en las categorías
más bajas del fútbol argentino. Este tipo de decisiones da la pauta que, con un
Estado que brilla por su ausencia en este asunto, desde el seno de la AFA no
hay atisbos de encontrar soluciones a mediano y mucho menos largo plazo.
Para colmo, algunas esferas periodísticas se aceptan
con buena gana este tipo de medidas, enarbolando extrañeces de que esto “posibilitaría el retorno de la familia a las
canchas” y otras yerbas, esto de prohibir como solución, que finalmente
terminan no siendo solución, es agarrar a un paciente con una enfermedad y
matarlo, total, tarde o temprano iba a morir. La respuesta fácil, el no tocar
intereses. No supieron controlar en su momento los enfrentamientos entre
facciones de barras rivales, menos aún con la modalidad de hechos delictivos
entre segmentos de una misma barrabrava. Entonces…¿para qué servía prohibir a
los visitantes? Tiraron el globo de ensayo a ver qué repercusiones obtenía, la
balanza le dio negativo, clubes no querían perder ciertas recaudaciones, por
ahora se determinaron estas medidas punitorias en el fragor de los últimos
hechos de notoriedad pública. Los ejemplos de River, Boca y Estudiantes, más en
retrospectiva, ahora se le suman los casos de Vélez, Gimnasia de La Plata,
Tigre, sintonizan un cúmulo de responsabilidades que tiene como tope el poder
político pero en la pirámide de las culpas hay para repartir largo y tendido.
Una estructura podrida por años de corrupción y enormes cuotas de inacción
desde AFA, que entre tantos partícipes policiales, políticos y económicos,
dejaron crecer al monstruo, con ramificaciones en todas las esferas, un
monstruo con forma de pulpo.
Las luchas internas son una consecuencia del
dinero por adelante y por atrás que dirigentes han brindado a los barras, en
una relación clara de contraprestación, te doy plata, a cambio obtengo mano de
obra barata y eficiente para otros fines, uno de ellos, principalmente, el
ámbito político, sin distinción de partidos. Es imposible referirse a esta
problemáticas y no pensar en Javier Cantero, el presidente de Independiente.
Avanzó hasta lo que pudo, amén de las necesidades futbolísticas del club,
entendió que en esta patriada que se mandó con los barras, estaba demasiado
solo, mucho protocolo, mucha reunión en Casa Rosada, pero en la cotidianeidad,
tal cual decía el gran Ringo Bonavena, “te
sacan el banquito y quedás solo”, cuando se refería a sus emblemáticas
peleas. Distanciado de criterios con Florencia Arietto, ex jefa de Seguridad,
Cantero tuvo declaraciones desafortunadas diciendo que tampoco “quería que la cancha fuese una iglesia”.
Arietto partió y Cantero entendió el mensaje entre líneas, no había que
meterse. Poder irse a la B y librar batalla contra los violentos, aristas
disímiles que lo ataron de pies y manos a Cantero. No puede juzgárselo, la
guapeó hasta donde pudo, tiró golpes, puso blanco sobre negros asuntos que
otros ocultaban y haciendo una analogía fierrera, se quedó sin nafta ni tampoco
otros corrieron a una estación de servicio con un bidón vacío bajo el brazo. Dirigentes
serios, de clubes serios, como Vélez, también al referirse a la violencia ponen
los ojitos para arriba, haciéndose los desentendidos, contestan con evasivas,
hablan de aunar esfuerzos pero resulta puro palabrerío abstracto. La
connivencia, sí, dijimos la palabra maldita, a la orden del día.
La lista de muertos sigue en ascenso, leemos
que un chico de 11 años sale herido por una bala en su pierna, las noticias se van
tapando y todo tiende a resultarnos natural. Pero no lo es. Los criterios que
hablan del fútbol como una resultante del comportamiento de la sociedad
resultan ciertos pero no alcanza con la verdad teórica, impresa en una hoja. El
fútbol argentino y la violencia, intérpretes de una situación desmadrada, dan
manotazos de ahogado, hay complicidad, hay inoperancia, cómo se detiene esta
esquizofrenia del que todos formamos parte, nadie quiere saberlo ni mucho menos
involucrarse.