En las clases de inglés para “newcomers” ("recién llegados". Bonito eufemismo para maquillar el muy español “putos inmigrantes”), que financia el gobierno canadiense y a las que acudo diariamente, me tocaba realizar una presentación en powerpoint sobre España. Cada día un alumno tiene que pasar el mal trago de balbucear en inglés ante el resto de compañeros unos cuantos tópicos sobre su país de origen, y hacerlo además con gracia y salero. Vamos, que tanto miedo provoca maltratar el idioma como aburrir al personal. Generalmente se trata de hablar de las bondades del país y de ofrecer una imagen lo más idílica y contemplativa posible, como si participáramos en un mercado de destinos turísticos o de garantías democráticas. Creedme, intentar hablar bien de tu país sin resultar panfletario y hacerlo con un vocabulario escaso de recursos es lo más próximo a regresar a los primeros años de escolarización.




