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La iniciativa de ley para modificar la Ley de
Telecomunicaciones, que presento ante el legislativo el Presidente de la
Republica, independientemente de sus características y detalles, es en lo
general una herramienta que favorece la competencia en ese sector.
Representa un parteaguas, porque durante mucho más tiempo
del que debió de haber transcurrido, el poder del duopolio televisivo,
utilizando todas las herramientas a su disposición, elimino cualquier
posibilidad de competencia.
Sin embargo y a pesar del extraordinario apoyo, que Enrique
Peña Nieto, el entonces candidato a la presidencia recibió de ambas empresas, a
solo cien días del inicio de su gobierno, impulsa una iniciativa que bien puede
servir para desvincularse de compromisos.
Porque no queda duda que esta reforma va en contra de los
intereses monopólicos de los que tanto se beneficiaron Televisa y TV Azteca, lo
cual supone no un rompimiento con el poder, pero si un cambio de ruta.
Porque sin ser motivo para el distanciamiento con estas
empresas, el régimen no solo hace lo que le corresponde, adicionalmente
establece una independencia práctica en la relación.
Ahora bien, hay que observar que además de la importancia
real de la iniciativa, que supone que las empresas que prestan servicios de
telecomunicaciones, tendrán por necesidad que mejorar sus servicios y que eso
sin duda favorece a los consumidores, está el aspecto político.
En ese segmento no pasa desapercibido el hecho de que el
anuncio termino siendo festejado por los principales actores de la actividad,
incluidos los propietarios del duopolio.
Esto solo puede significar que en las negociaciones previas,
porque no se puede pensar que no las hubo, que el poder y control del estado en
pos de sus fines ha quedado una vez más de manifiesto.
La ausencia de críticas y quejas no significa que no hay
descontento, ni siquiera que exista una suerte de unanimidad, lo que hubo fue
una determinación incuestionable del régimen.
Por otro lado de parte del duopolio, un acatamiento. El
entendimiento del significado de la fuerza del estado, que en este caso, con
plena justificación, abre la puerta a la competencia y la modernización de un
sector estratégico.
Por supuesto aun asumiendo que la iniciativa será aprobada,
toda vez que tanto Acción Nacional como el Partido de la Revolución
Democrática, como parte del Pacto por México la apoyan, faltan todavía
eventuales ajustes.
Pero aun y con modificaciones, se impone la parte
trascendental, un acuerdo política capaz de pasar encima de intereses, que
hasta hace poco parecían intocables.
guillermovazquez991@msn.com
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