El liderazgo de Jane Goodall y sus cuatro razones para la esperanza

De todos los liderazgos, el científico es el que siempre me ha impresionado más.

 

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En un momento en que los ciudadanos del orbe estamos siendo castigados por una crisis económica y financiera que no acaba de remitir, como un oasis en medio del desierto, surgen siempre personas que rompen la inercia de un status quo que parece inmodificable y desde su pensamiento arremeten contra la adversidad. Es una constante en la historia de la humanidad, sin los cuales, no hubiera habido avance ni desarrollo.

 

Lo que sorprende de la trayectoria de Jane Goodall, es su actual legado en vida, lo que ella llama “las razones para la esperanza”, porque a pesar de que vivimos en un mundo sujeto a una constante depredación de la naturaleza y el medio ambiente a causa del hombre, Jane Goodall eleva al firmamento científico cuatro razones que aún existen para mantener viva esa esperanza:

 

1. El cerebro humano.

 

2. El espíritu indómito del ser humano.

 

3. La resiliencia de la naturaleza.

 

4. El espíritu de determinación de la gente joven.

 

En cuanto a la 1º afirma que “tenemos que encontrar caminos para vivir en armonía con la naturaleza” para lo cual insta a que usemos nuestras habilidades de resolución de problemas y nuestra poderosa mente. Especialmente todas las organizaciones que se han preocupado por un mundo más verde, pero en la pequeña escala humana, cada uno de nosotros es responsable en su cuota parte por cuidar la salud de este organismo vivo que se llama Planeta Tierra.

 

La 2º esperanza, es que muchos sueños que parecían inalcanzables, gracias a la perseverancia y no darse nunca por vencidos, fueron alcanzados por mucha gente con ese espíritu que Goodall llama indomable. Dice que si no llegaron a su meta, por lo menos abrieron el camino para que otros sí puedan cumplir con ese objetivo y destino.

 

La 3º de las esperanzas, es la capacidad de sobreponerse a los traumas sufridos, señalando que en su visita a Nagasaki, en dónde fue lanzada la segunda bomba atómica sobre Japón en 1945, se había sostenido por la comunidad científica internacional, que nada crecería en dicha región durante 30 años. Pero Goodall dice que afortunadamente se ve cómo crece el verde por todas partes. Hay un árbol con grandes fisuras de color negro en su interior, pero aún de él crecen hojas. Por eso Jane Goodall siempre lleva una hoja de ese árbol como un símbolo de esperanza.

 

Finalmente, en la 4º, dice que la razón última para la esperanza, radica en la tremenda energía, entusiasmo y compromiso de la gente joven alrededor del mundo. Porque cuando se siente parte de la herencia del medio ambiente y de los problemas sociales con los que se encuentran, quieren entonces corregir los desajustes para que se pueda vivir en un mundo mejor.

 

Compartimos absolutamente todas las “esperanzas” de la Dra. Goodall, especialmente la última. Cuando a la gente joven se le ayuda a desarrollar su talento, podrán ir ocupando posiciones de liderazgo, porque cuando están convencidos de que su acción es para cambiar las cosas, no renunciarán a ningún esfuerzo por alcanzar nuevas metas que faciliten la convivencia humana.

 

Son sencillas, pero geniales. Se expresa con la humildad de las personas que tienen grandeza, que están mirando el mundo desde un lugar privilegiado, en suma: ejercen un liderazgo ético y moral además del científico, que deja huellas, abre nuevos senderos para la investigación y la convivencia entre el ser humano y el resto de especies, al mismo tiempo que el hombre y la Tierra.

 

Qué casualidad que todos los astronautas de la NASA de las misiones Géminis y Apolo, al volver a sus actividades terráqueas como técnicos y científicos, poco a poco fueron pasando a “enrolarse” en la categoría de pacifistas y preocupados por la naturaleza y la convivencia armónica de todas las especies. Se revelaban contra el egoísmo del ser humano en su afán de controlarlo todo.

 

Simultáneamente a este fenómeno, otros científicos como la Dra. Goodall, trataban de explicar el comportamiento de los chimpancés y de luchar porque tanto su especie como tantas otras en peligro de extinción, finalmente pudieran mantener un nivel aceptable de descendencia para garantizar su continuidad.

 

La Dra. Goodall viaja 300 días del año por todo el mundo, es recibida por mandatarios, entrevistada por los principales medios de comunicación y está en contacto con todos los grupos de personas y científicos que se preocupan porque salvemos el planeta para las futuras generaciones.

 

Jane Goodall no entiende de política ni de liderazgo político, pero es una líder nata cuyo reconocimiento universal ha permitido que finalmente desde el ecosistema del Gombe, en Tanzania, dónde también fundó en 1977 el Jane Goodall Institute (Instituto Jane Goodall), la lucha por la conservación de los chimpancés y sus hábitats, así como sus programas de desarrollo, sean el espejo en dónde pueda mirarse la investigación científica en otros campos del conocimiento.

 

Cuando James Lovell de una de las misiones Géminis, circunvalaba la tierra, sostuvo emocionado: “doy vueltas y vueltas…y no veo fronteras”. Las únicas fronteras han sido impuestas por el hombre. También es la única especie que mata por apoderarse de fronteras.

 

Jane Goodall traspasa otro tipo de límites que no son geográficos, sino los del conocimiento humano. Por ello en sus “cuatro esperanzas” habla de nuestra capacidad e inteligencia para poder afrontar los desafíos y el futuro.

 

Tenemos la obligación moral de proteger y preservar el legado de la Dra. Goodall, porque al igual que una de las especies que ella abnegadamente y con grandes sacrificios ha defendido durante toda su vida, pertenece a una categoría de persona lamentablemente en “vías de extinción”.

 

La Dra. Goodall es la prueba de que la investigación científica nunca debe pararse, ya que el futuro de la humanidad depende en gran parte de lo que los científicos realizan diariamente para mejorar las condiciones de vida del ser humano y de nuestra casa común “la tierra”.

 

Preservar los chimpancés significa ganar la batalla por la supervivencia de nuestra especie. Hay más liderazgo que éste!!!!!!!!!!!!

 

Los reconocimientos internacionales de la Dra. Goodall

 

- La Medalla de Tanzania

 

- La medalla Hubbard de la National Geographic Society

 

- El Kyoto Prize de Japón

 

- El prestigioso Premio Príncipe de Asturias de investigación científica de España

 

- La Medalla Benjamin Franklin a la vida científica

 

- El Premio Ghandi para la no violencia.

 

Además en 2002, el Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan la nombró Mensajera de la Paz de Naciones Unidas. En 2004 fue investida Dama del Imperio Británico, y en 2006 fue galardonada con la Legión de Honor de la República de Francia y la Medalla de Oro de la UNESCO.

UNETE



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