No basta crecer. Un México de niños emprendedores

 

 

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Sin lugar a dudas, México empujará y fuerte a consolidar una política a favor de los jóvenes emprendedores. Las razones son múltiples: el elevado número de personas en edad productiva que demandan trabajo y que hasta hoy, ha resultado difícil para los gobiernos cumplir con este compromiso, la necesidad de hacer crecer el producto interno bruto, de fortalecer el mercado interno, pero sobre todo, de preparar a las generaciones actuales para que tomen el mando de un país que de acuerdo a los escenarios al 2050 deberá ser casi una potencia mundial.

Estamos como siempre, empezando tarde. Pero de ninguna manera será imposible lograrlo, pues hay condiciones económicas que al decir de muchos expertos lo hacen víable. Sobre el tema, he de decir que, hacer crecer la economía no es el reto de fondo, sinó crear desarrollo y para ello hay que hacer ciudadanía.

La amalgama de oportunidades que el gobierno puede generar para hacer atractivo el país a los inversionistas externos son muchas, hay recursos estratégicos como el petróleo y sus derivados, fuentes alternativas de energía, telecomunicaciones, puertos, redes carreteras, más concesiones ferrocarrileras, centros logísticos, alianzas estratégicas público/privadas, y otras, mediante las cuales generan fuentes de trabajo, inyección importante de recursos y adquisiciones tecnológicas avanzadas que hagan competitiva la producción nacional en el mercado internacional. Pero este modelo de crecimiento económico tiene una limitación para crear desarrollo, la distribución es laboral y muy escasamente fiscal. Si alguien resulta poco impulsado en este tipo de esfuerzos es la gente, por dos razones: el gobierno a fin de jalar recursos ofrece bajas o excepciones fiscales y acepta también un salario no siempre decente para los trabajadores. En esta vía, la permanencia del capital en el país y por énde de su centro de producción es lo que en cierta medida le incorpora valor a la producción y se elevan los números, pero escasamente los ingresos reales.

En mucho, la llamada crisis del Estado de Bienestar europeo deriva del ejercicio de este tipo de políticas de inversión que en el afán de ofrecer el mercado, se abarata y perjudica a los de casa. Y peor aún, cuando se trata de capital financiero y juega en nuestros mercados bursátiles, la aportación es extraordinariamente baja y en muchos casos puede causar descalabros a la economía.

El Presidente Enrique Peña Nieto ha llevado varios temas fundamentales para reactivar la economía: la regionalización y el enfoque territorial de programas de gobierno y de reglas de operación, la propuesta en telecomunicaciones, los programas de vivienda, le creación del Instituto Nacional del Emprendedor, el proyecto de educación, recuperar la tranquilidad en materia de seguridad, la reforma laboral para liberar a diferentes modalidades las contrataciones, y seguramente pronto pondrá sobre las mesas del legislativo otras aún más trascendentales. Este esfuerzo tiene que ir de la mano de una capitalización y modernización de la industria nacional y el de generar modelos de coinversión que permitan la permanencia de las inversiones.

Al gobierno le toca crear las condiciones para la inversión externa e interna, pero a la vez también debe orientar el crecimiento, atendiendo a las más urgentes necesidades: la distribución de la riqueza a través del empleo, por lo tanto, no deberá ser tan flexible en los términos de las contrataciones de recursos humanos y no permitir como lo pretenden hacer los chinos con "los mercados dragón" el trasladar a miles de sus habitantes al territorio nacional a ocupar las vacantes que deben corresponder a los mexicanos.Pero además, el gobierno de Peña Nieto podría incidir en la inversión para impulsar aquellas actividades productivas y de tecnología que garanticen el vínculo de las microregiones y regiones del país, darles viabilidad de futuro a los perfiles productivos territoriales históricos que fortalcen las dinámicas de la economía local y hacen posible que se detonen inversiones en industrias que crean cadenas de valor y potencian su crecimiento.

De no lograrse, podrá haber crecimiento y nuestros economistas podrían presumir el PIB, pero todos sabríamos que no representa las condiciones reales de vida de los habitantes del país.México tiene mucho dinero, pero en manos de muy pocos millonarios y el resto: salarios de hambre. Esto no puede ni debe ocurrir, porque se carecería de soporte para hacer realidad la idea de que en el 2050 el país sea desarrollado.

Esto implica movernos de la lógica del mercado y actuar como siempre el gobierno norteamericano hace: transferir recursos a los productores y protegerlos en el mercado interno para garantizarles su viabilidad económica y financiera, a pesar de tratados comerciales que se hayan firmado. México ha sufrido constantemente este tipo de maniobras con graves daños a las familias productoras, es tiempo de ser más agresivos en el mercado internacional y más protectores en lo interno.

Debemos lograr en el menor tiempo posible, que todo el territorio nacional sea escenario de una revuelta a favor del emprendedurismo, desde las comunidades ejidales, comunales, particulares, cooperativas, en lo rural y urbano, debemos aprender a tener iniciativa y a consolidar nuestros esfuerzos para crear riqueza en los niveles micro y macro. Si estas dos condiciones se fomentan, hasta los grandes inversionistas encontrarán en México un espacio de consolidación y soporte para sus marcas e innovaciones a nivel mundial.

Una condición básica para obtener resutados es modificar con reglas duras, nuestra tendencia a la corrupción y al no pago. No se trata de autorobarnos el futuro de nuestros hijos. Por eso el gobierno y el sistema educativo nacional, debe incorporar en sus programas de estudios de nuestra educación básica la enseñanza y práctica del emprendedurismo como escala de valor ético, social y económico. Sabemos que hay particulares esfuerzos en esta línea, pero es tiempo de que nuestros empresarios de grande, mediana y pequeña escala, aporten su participación y experiencia generando en sus cuerpos directivos áreas de extensión comunitaria. La cuestión es que monitores de las empresas acudan a las escuelas primarias y con métodos didácticos expliquen a nuestros niños el qué y cómo se produce en México.

Creo que es una manera socialmente responsable para que el 2050 desarrollado de México pueda ser realidad.

UNETE



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