Eran las 10 de la mañana con 50 minutos del 19 de abril de 2005 y en mi ciudad, empezaron a repicar las campanas de la Catedral de una forma bastante alegre. Muy pronto se escucharon al resto de las Iglesias aledañas unirse al gozo. Apenas habían pasado los días de duelo en el Estado Vaticano y se iniciaba un Cónclave para la elección del nuevo Papa. Los reportes periodísticos refieren que ésta había sido una de las elecciones más rápidas en la historia de la Iglesia, o cuando menos del Estado Vaticano cuya fundación data de mediados del siglo pasado.




