. En
concreto, en España hay en total 5.040.222 parados, tras aumentar en 59.444
personas el número de parados en el ya citado mes de febrero. Tras conocerse
las cifras, la secretaria de Estado de Empleo, Engracia Hidalgo, resaltó que ha sido el menor aumento en un mes de
febrero desde 2008, algo que deberíamos celebrar con caviar y cava. Lo que pasa
es que se olvida la señora secretaria de Estado de Empleo que también partimos
del nivel de paro más alto de toda nuestra historia reciente, por lo que la
masa laboral que nos queda por destruir en el país es cada vez más pequeña. De
hecho, durante el último año, el número de personas desempleadas se ha
incrementado en 328.124, lo que supone un aumento del 6,96%. Esto supone el 26%
de la población activa, lo que quiere decir que en España trabajan unos 15
millones de personas que sustentan a los 40.000.000 de habitantes que hay. Escalofriante.
Sin embargo, a pesar de la dura
situación que viven las familias en este país, la Comisión Europea no está nada
contenta con las reformas del gobierno español. Al parecer, España tiene que
reducir todavía más el déficit. Por eso, la Comisión Europea propone al
gobierno de Mariano Rajoy nuevas
subidas del IVA y sobre los carburantes, así como proseguir con la reforma
laboral y con la de las pensiones, retrasando la edad efectiva de jubilación.
Médicos con 70 años y un bisturí; profesores con 70 años dando clase a niños de
7; peones con 70 años a diez metros de altura sobre un andamio; pescadores con
70 años tirando de redes. Un panorama idílico.
Es evidente que cualquiera vale para
gobernar así. Si existe una situación de déficit en un país, basta con aumentar
los impuestos, recortar las ayudas sociales, bajar los sueldos, quitar las
pagas extras, cerrar hospitales y aumentar la edad de jubilación. Es decir;
basta con exprimir a los ciudadanos como en la época del feudalismo. Está claro
que así, con ese tipo de medidas, el déficit queda controlado, aunque cinco
millones de personas se mueran de hambre y el resto subsista con sueldos
miserables con los que difícilmente pagan los impuestos a los que son sometidos.
Porque, en definitiva, es fácil sacar, extraer, robar dinero al prójimo.
Nuestros gobernantes nacionales,
locales, autonómicos y europeos gobiernan así. Y cobran por gobernar así.
Cobran por hacer lo que cualquiera de nosotros sabría hacer. No entra en sus
limitadas cabecillas tomar otro tipo de medidas para fomentar el empleo o
reducir la miseria al tiempo que se controla el déficit y la crisis. Y, por
supuesto, no entra en sus limitadas cabezas tomar medidas contra los bancos y
sus enormes agujeros negros, o rebajar el número de políticos, o recortar en
coches oficiales, o en dietas, o eliminar a tanto asesor, o atajar la
corrupción y recuperar el dinero robado. Y no entra en sus lindas cabezas porque
ellos forman parte de esa élite de intocables, de esa élite de personas ajenas
al contagio de la miseria, porque ellos son, precisamente, los que la reparten,
los que con su dedo deciden quién vive y quién muere.