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El comienzo de la Venezuela post-Chávez


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09/03/2013

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No cabe duda que, la gestión de gobierno del Presidente Hugo Chávez (1954-2013) dejará una huella trascendente y, por lo tanto, histórica para el país. Líder político carismático logró establecer vínculos emocionales con toda la población; bien fuera a su favor o en su contra. Durante los últimos 14 años, Venezuela como nación, como sociedad policlasista y aún plural, giró en torno a su liderazgo; ahora su ausencia en la escena política nacional se dimensionará notablemente. A su partida, Chávez nos deja un proyecto de país: el Socialismo del Siglo XXI”  y también deja a una población dividida y polarizada entre “escuálidos y oficialistas”. Paz a sus restos.


 

Desde su llegada al gobierno en el año 1999, el Presidente Chávez se propuso impulsar un cambio estructural en el país: con una nueva Constitución asentó las bases de una “democracia participativa y protagónica” que luego derivaría hacia el socialismo, con la atención a los sectores en situación de vulnerabilidad mediante programas asistenciales denominados misiones, con la promoción de la organización popular bajo la figura de los consejos comunales y otros mecanismos de participación, con el aumento de la presencia de la actividad estatal en el área económica y, por último, con un redimensionamiento de la política internacional venezolana.

 

Los resultados de la gestión de gobierno de Chávez en cada uno de sus propósitos fueron variables y discutibles. Al respecto, cabe destacar que su administración gubernamental se desarrolló bajo una bonanza fiscal producto de los altos ingresos petroleros; pero también fue afectada tanto por su baja capacidad operativa y por diversos eventos políticos internos de los cuales merecen destacarse –en mi opinión- cuatro: su breve separación del poder ejecutivo en el año 2002, en unos confusos sucesos calificados por los sectores oficialistas de golpe de estado, su victoria en el referendo revocatorio del año 2004, su derrota de la reforma constitucional en 2007 dirigida a convertir a Venezuela en un estado socialista y la victoria alcanzada en la enmienda constitucional en el año 2009, que permitía la reelección indefinida.

 

La vida sigue y, ahora mucho más que acaba de producirse un cambio fundamental: el liderazgo de la revolución bolivariana ha cambiado de manos y eso, es una realidad inobjetable. Maduro no es Chávez, ni puede pretender serlo. Que asuma “el testigo” y continúe la carrera es otra cosa. Por lo tanto, los acentos, los énfasis y las prioridades en el proyecto del “Socialismo del Siglo XXI” cambiarán en su debido momento, de eso tampoco caben dudas. Entre otras cosas, Nicolás Maduro no es un militar sino un civil que por el contrario proviene del movimiento sindical, de la actividad parlamentaria y de la cancillería. Habrá diferencias.

 

Por otra parte, las condiciones objetivas han cambiado en Venezuela. La economía se encuentra maltrecha con un índice anualizado para esta fecha de un 22%; y una devaluación monetaria de un 46% que sin lugar a dudas golpea la calidad de vida de los venezolanos y, en especial de aquellos sectores más vulnerables. A lo anterior se le suman problemas de escasez en la distribución de alimentos y artículos de primera necesidad. La inseguridad ciudadana sigue imperando en la calles de las ciudades y poblados del país. La calidad de los servicios públicos sigue siendo deficitaria y una creciente ola de protestas sociales comienza a hacerse sentir en todo el país.

 

En Venezuela, la correlación de fuerzas político-electoral sigue siendo muy pareja. En realidad, lo más inteligente sería que los principales líderes del gobierno y de la oposición democrática se sentarán a dialogar, no para abandonar sus principios ideológicos; pero sí para establecer ciertos acuerdos que viabilicen de “manera tranquila” el desarrollo del próximo proceso electoral presidencial, a realizarse muy pronto.

 

Para el nuevo gobierno en ciernes –sea cual sea su signo ideológico- la agenda de los problemas a resolver es considerable y, requeriría de un pacto de gobernabilidad incluyente y corresponsable. De lo contrario, se corre el riesgo de caer en una crisis de largo alcance. Venezuela necesita impulsar un proceso de reunificación. Nos encontramos en una nación profundamente dividida; cuyas partes se miran con recelo y ese legado en la nueva era post-Chávez que recién comienza, se debe superar.

 

 

miguelgmarregot@gmail.com

Etiquetas:   Elecciones   ·   Democracia

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