VIERNES 13: un clásico del terror

Sin llegar a ser una película de culto ni un título lo suficientemente adulto, lo cierto es que Viernes 13 (Sean. S. Cunningham, 1980), llegó a marcar a toda una generación que, a día de hoy, todavía se piensa dos veces el acudir a un campamento de verano. El impacto que provocó en su día fue, en efecto, arrollador, por mucho que su argumento hoy nos parezca pasado de rosca. La película se convirtió en un tremendo éxito que dio inicio, sin que sus productores lo sospechasen lo más mínimo, a una de las sagas del cine de terror -o slasher- más interminables de la historia, convirtiendo a Jason Voorhees, como un par de años antes empezó a serlo Michael Myers en la referencial muy superior La noche de Halloween (John Carpenter, 1978), en uno de los psycho killer más carismáticos de la cultura popular. Sin embargo, no sería hasta la tercera entrega de la serie cuando Jason aparecería caracterizado con esa máscara de hockey al que todos lo asociamos, ya que aquí no se muestra en ningún (o casi ningún) momento. No obstante, este genial detalle, no supone obstáculo para un Cunningham que se las ingenia para mantener en tensión al espectador, algo que quizá no hubiese sido posible sin esa banda sonora que hace física la amenaza. 

 

. S. Cunningham, 1980), llegó a marcar a toda una generación que, a día de hoy, todavía se piensa dos veces el acudir a un campamento de verano. El impacto que provocó en su día fue, en efecto, arrollador, por mucho que su argumento hoy nos parezca pasado de rosca. La película se convirtió en un tremendo éxito que dio inicio, sin que sus productores lo sospechasen lo más mínimo, a una de las sagas del cine de terror -o slasher- más interminables de la historia, convirtiendo a Jason Voorhees, como un par de años antes empezó a serlo Michael Myers en la referencial muy superior La noche de Halloween (John Carpenter, 1978), en uno de los psycho killer más carismáticos de la cultura popular. Sin embargo, no sería hasta la tercera entrega de la serie cuando Jason aparecería caracterizado con esa máscara de hockey al que todos lo asociamos, ya que aquí no se muestra en ningún (o casi ningún) momento. No obstante, este genial detalle, no supone obstáculo para un Cunningham que se las ingenia para mantener en tensión al espectador, algo que quizá no hubiese sido posible sin esa banda sonora que hace física la amenaza. 
Cuando un grupo de jóvenes monitores se reúnen en el campamento de verano Crystal Lake, lugar que arrastra una terrible leyenda negra, con motivo de pasar unas idílicas vacaciones, no imaginan que su estancia se convertirá en una pesadilla. Poco a poco, son asesinados por una inquietante presencia la cual, tal y como hemos apuntado,  resulta invisible a ojos del espectador. En relación con esto, cabe destacar el inesperado giro final del guión en el que, además, se nos cuenta con profundidad las causas de esa leyenda, básica para descubrir el origen de Jason y, así, entender sus posteriores películas. El problema de Viernes 13 es que en su día quiso ser transgresora, irreverente y provocativa, pero con el tiempo se ha quedado en algo demasiado light. De este modo, y a pesar del buen puñado de escenas violentas que atesora el film -obra del, por otro lado, genial diseñador de efectos especiales y maquillaje Tom Savini, responsable una década después del remake de La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1961)-, hoy ninguna es especialmente memorable. Si acaso, conviene quedarse con el asesinato del personaje de un jovencísimo Kevin Bacon en una de sus primeras incursiones cinematográficas. Y, cómo no, con ese emblemático susto final, casi un guiño a Carrie (Brian de Palma, 1976), que dejó al público de la época petrificados y que, sí, es lo único que consigue asustar de verdad. 

La primera media hora, correspondiente a la llegada y adaptación de los personajes al nuevo lugar, está muy bien rodada y es donde se empieza a hacer un gran uso de esa cámara subjetiva que se convirtió en una de las señas de identidad del film, además de filmar  los bonitos paisajes donde se desarrolla la acción,  que revelan una fotografía de gran calidad. Por lo demás, los tópicos de siempre: chicas y chicos guapos, dosis de sexo y unos personajes no sólo excesivamente desdibujados, tan faltos de cohesión como de personalidad, sino pésimamente interpretados. La única salvable es la mítica actriz Bersy Plamer, que accedió a interpretar a la madre del asesino por meras necesidades económicas, renegando en multitud de ocasiones de su papel. 

En resumidas cuentas, hay que valorar Viernes 13 en el contexto en el que fue rodada. Puede que al público de la época las películas con finales abiertos construidas en base a la suspensión total de la credibilidad -¿dónde está la policía cuando se le necesita?- el y el matar por matar tuviesen su éxito, hoy el público necesita algo más. Quizá, un guión más elaborado, una historia más atractiva o, simplemente, el hacer uso de la terrorífica presencia del asesino principal en la primera de las entregas de una serie, todo lo contrario de lo que sucede aquí, hubiesen sido suficientes para que se posicionara en un lugar más privilegiado a ojos de la crítica. Con todo, ocupa un lugar privilegiado en la lista de películas de terror para adolescentes, hasta el punto que Wes Craven la homenajeó en el imprescindible comienzo de Scream. Vigila quien llama (1996), consciente, quizá, de que sin películas películas como Viernes 13 nada hubiese sido posible. 

UNETE



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