De la Gordillo y la mula

 

 

. En sus muy cuidadas columnas o en intervenciones por radio y televisión, se han deslizado los más entusiastas elogios a la administración de Enrique Peña Nieto. “Magistral golpe”, dicen algunos, “¡Tenemos Presidente!, gritan otros; mientras tanto, alguno que otro soliviantado afirma a voz en cuello y con los ojos arrasados en lágrimas que ahora sí, que ésta es la señal, que las cosas van a cambiar, que se inaugura una nueva era., etcétera.

El golpe a la Gordillo, evidentemente bien merecido, tiene mucho de loable y oportuno. Eran de dominio público los excesos en los que la otrora poderosa “Maestra” caía con frecuencia, su ropa lujosa, su excepcional afición a la cirugía estética (para, por lo demás, quedar exactamente igual), entre otras cosas, todo lo cual conspiró para llevarla al mismísimo basurero de la opinión pública, allí donde descansan los restos políticos de Mario Marín y Ulises Ruíz, y que comparten gustosos el lecho con el ya finado Marcial Maciel. El “Elbazo”, como ruidosamente han dado por llamar al reciente episodio, también sirve, y muy bien, a la imagen que ansía proyectar el nuevo gobierno, la imagen de un gobierno eficaz y fuerte, un gobierno al que no le tiembla la mano y está dispuesto a hacer lo necesario para que el país vaya hacia adelante, ya sea metiendo a la cárcel a los corruptos o implementando las reformas que México “necesita”. Todo eso que ya usted conoce porque no se cansan de repetirlo los “líderes de opinión” y el gobierno mismo a cada momento en los medios masivos de comunicación.

Sin embargo, como hemos experimentado de un tiempo para acá, cualquier determinación medianamente importante que tome el gobierno, es vista con recelo y precaución; la duda constante de saber si detrás de todo ello no habrá alguna trampa, algún oscuro subterfugio que a la larga nos coloque en una complicada situación, y justo ahora no es la excepción. Si echamos una superficial ojeada al pasado reciente de México, encontraremos pasajes vergonzosos, pasajes que nos remitirán, por asociación espontánea, al actual gobierno. Veamos y justifiquemos nuestra incredulidad.

El Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, y con él muchos otros, insistieron en que la detención de Elba Esther Gordillo era simple y llanamente “la aplicación de la ley”. ¡Bien!, a este país le urge aplicar la ley. Con declaraciones como esa mi ánimo toca los cielos y a mi mente acuden afortunadas escenas imaginarias donde veo a Humberto Moreira, Arturo Montiel, Mario Marín, Ulises Ruíz, Eduardo Bours, entre muchos, muchos, muchos otros. Imagíneselos caminar en fila india, todos ellos esposados y ataviados con trajes de líneas blancas y negras, tocados con un gracioso gorro con los mismos colores. Pero, usted ya lo sabe, la escena que le propongo está muy lejos de ocurrir. En primer lugar porque los trajes bicolores ya no se usan, y en segundo, porque el actual gobierno no tiene la más remota intención de iniciar una verdadera “limpia” dentro de la clase política. Hay que entender la detención de Elba Esther como una jugada eminentemente política, por más que los voceros dentro y fuera del gobierno se esfuercen en decir lo contrario. Cuando Elba Esther Gordillo dejó de ser útil a los intereses del gobierno, particularmente, cuando no acompañó la reforma educativa, sus días al frente  del sindicato del magisterio se redujeron considerablemente. Insisto, si se tratara de aplicar la ley, estoy seguro que la administración federal, estatal y municipal, entre muchos otros sindicatos, sufriría una significativa merma entre sus cuadros.

De un tiempo a la fecha, y particularmente desde que Enrique Peña Nieto llegó a la presidencia de la República, los medios de comunicación afines a su proyecto de gobierno han insistido en aplaudir todas y cada una de sus acciones, levantando una polvareda de declaraciones que parecen competir en servilismo hacia su persona. Con su inopinada aprobación parecen descalificar la duda y toda aquella expresión que no rubrique su postura es arrojada al cesto de los “incómodos”, un lúgubre lugar donde los “varones” de la opinión descargan las culpas del atraso de nuestro país.

Desconfiar de lo que nos dicen, indagar en el “trasfondo” de la situación, es, en el actual contexto mexicano, un rasgo necesario, casi de supervivencia, porque, como dice el dicho, y dice bien, “La mula no era arisca, la hicieron”.

 

Pd. Mientras tanto, el PRI ya eliminó de sus estatutos los “candados”  que impedían aplicar el IVA a alimentos y medicinas, y permitir la apertura de PEMEX a empresas privadas. Bonita la cosa.

 

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales