.206 españoles se han desplazado fuera de
España para trabajar o acompañando a un familiar que ha emigrado por motivos
laborales entre principios de 2008 y finales de 2012. Sólo en 2012, más de 82.000 trabajadores hicieron las
maletas y emigraron a otros países en busca de una oportunidad laboral, cifra
que representa un incremento del 5,5% respecto a 2011. Desde que comenzó la
crisis, el número de demandantes
de empleo para trabajar fuera de España se ha duplicado, tendencia
que se ha intensificado en mayor medida durante los dos últimos años. De hecho,
uno de cada cuatro demandantes de empleo que acuden a las oficinas de Adecco
solicita un puesto de trabajo en el extranjero. El perfil del expatriado
español se corresponde con el de un joven de entre 25 y 35 años, altamente
cualificado y sin cargas familiares. Sin embargo, Adecco resalta que esta tendencia está cambiando y que hay cada vez más
casos de desempleados mayores de 45 años con familia que buscan empleo en el
extranjero, sobre todo procedentes del sector de la construcción. En
total, el número de españoles mayores de edad que residen en el extranjero roza
ya los 1,6 millones de personas.
Es evidente que la situación del mercado laboral español y el aumento
imparable del paro son las principales razones que explican esta fuga de
españoles hacia el exterior. Una situación lamentable para un país que se creía
entre los mejores del mundo. Sin embargo, también existen otras razones
para esta emigración masiva. Entre esas razones están las mejores condiciones
laborales, las mayores oportunidades de desarrollo profesional y la calidad de
vida en los países de destino. En este sentido, una mujer española que reside
en Alemania decía en un medio de comunicación que el hecho de que la gente no
se colara en la fila de una carnicería, por ejemplo, era para ella calidad de
vida. O que los niños no estuvieran en la calle hasta altas horas de la noche
dando balonazos en la pared de un edificio. O saludar con educación al salir y
entrar en una tienda o en una oficina. O poder dejar las bicicletas en la calle
sin miedo a que nadie las robe. O poder acudir a un concierto de música clásica
al aire libre. O ser reconocido y respetado como profesional de cualquier
ámbito. O cobrar en proporción al trabajo realizado. O recibir ayudas sociales durante
el primer año de vida de un hijo. O recibir una pensión decente después de
treinta años de trabajo e impuestos. Etc., etc.
En nuestro país, mucha gente hace las maletas para
labrarse un nuevo futuro en otro país. Esos son datos reales. Sin embargo, si
hiciésemos una encuesta, el resultado sería que a muchísimos más les encantaría
abandonar este país, pero –sencillamente- no pueden. Porque mucha gente se
avergüenza de vivir en un país inculto e injusto; un país que no valora ni los
estudios ni la buena educación ni la cultura; un país reconocido en el mundo
por la fiesta y el puterío; un país desangrado por la corrupción, la ineptitud
y la vagancia. Eso somos.