. Y para dentro se me simbolizan imágenes de líneas cruzándose,
flechas a punto de chocar, vectores que toman más y más velocidad para vencer,
y si es posible, arrodillarlo sin distinción al otro ocasional, forzar al
placer de obtener esa situación libidinosa o esperarlo detrás de la pared y de
golpe la puñalada por la espalda, en el tiempo menos previsto. Cada semana
habrá un tema distinto, lo actual será lo acaecido con el hijo del periodista
Eduardo Aliverti, muy pronto será otro, así sucesivamente. Una rueda que avanza
ya sea en camino de asfalto, empedrado o ripio con distintos maquillajes, más o
menos amarillo, desteñido, pero soportada en una símil estructura y lógica.
Y
no estamos en contra de la polifonía de voces, por así llamarlo, ante asuntos
que atrapan la atención de la opinión pública, disidencia de criterios existirá
por siempre; ahora la forma deja mucho que desear, contemplando lo grotesco en
que nosotros, comunicadores, nos hemos convertido. Murmullo que tal vez me arrepienta de ponerle
la palabra “polifonía”, quizás a este momento histórico argentino el término le
quede demasiado grande, no se vislumbra, al menos en el corto y mediano plazo,
una maduración institucional, dirigencial, periodística y englobándolo,
colectiva, que promueva una democracia sustentable, donde el prójimo sea objeto
de respeto y aceptación. Hubo un camino provechoso en términos de derechos
civiles, imposible obviarlo, sin dudas, el más importante la ley de matrimonio
igualitario, también el de identidad de género, pero no alcanza, la cuenta da
negativo, debemos exigir más a la clase dirigente y a nosotros como ciudadanos.
Por generación espontánea nada vamos a conseguir.
Con respecto al tema
periodístico, digamos que se abrió por algún recoveco cierto abanico para el
ingreso de nuevas opiniones, algunas fomentadas económicamente por el gobierno
a los grupos mediáticos, ya existentes anteriormente, pero actualmente en etapa
de esplendor, si hablamos de pauta publicitaria oficial. Soldados de la causa,
pero sí, con la billetera rellena. El periodismo es eso que queda atrás, la
excusa permanente. Lo mismo, en esta bifurcación de aguas, para aquellos
amparados en empresas “pulpos”, grandes conglomerados mediáticos que se excusan
en el combustible de la “libertad de prensa”, cuando ya vemos, les chorrea la
nafta en cada paso que dan, un discurso que pasó de ser retorcido a
desagradable y ante la reiteración 24 horas por 7 días, humorístico. Los
periodistas exacerban enojos, aprovechan la cámara, los micrófonos, las redes
sociales, repartir agresiones y carajeadas al otro, peor que una compañía de
vedettes en una temporada veraniega, todo tiende a convertirse en farándula, en
vacío de contenido, donde la premisa indispensable es aparecer, que hablen de
uno, porque eso, después de todo, trae guita. La profesión tiende a convertirse
subrepticiamente en la ejecución de un periodismo de periodistas, vamos a
decirlo con todas las letras, esta nota no excede de los parámetros que
establecemos como crítica. Hacemos lo que criticamos. Mala para este cronista, quien
ya en medio del naufragio, cree positivo encontrar algunas causas de por qué
pasa lo que nos pasa. Hay una aceptación a consumir estos productos, hay morbo
en el receptor, la contienda, el ida y vuelta, promueve programación varios
días, escasos costos y resultados inmediatos. Los medios siguen esta corriente,
es por ley económico, maximizar las ganancias con los costos más bajos
posibles.