Los ciclos del poder

Elba Esther Gordillo no ha ido a la cárcel por disponer de dinero de los maestros, no. Su gran pecado ha sido no aceptar que su ciclo de poder había terminado.

 

. Su gran pecado ha sido no aceptar que su ciclo de poder había terminado.

Todo en la vida tiene un ciclo: un inicio, un desarrollo y un fin. La vida misma es un ciclo. Esos ciclos se dan, suceden, necesariamente. Inexorable e irremediablemente. Por lo tanto, el ejercicio del poder también tiene su ciclo. El de la Maestra Elba Esther Gordillo ha llegado a su fin.

Considerada en los últimos años la mujer, lideresa sindical, más poderosa del país –políticamente hablando- a su expulsión del PRI la maestra funda su propio partido político (Partido Nueva Alianza), para reforzar la supremacía política que ya detentaba como la dirigente del sindicato más grande de América Latina, el de los maestros.

Pronto se adueñó de la voluntad no sólo de los miembros de su sindicato, sino de decenas de políticos y gobernantes en todo el país, ya que como “agente libre” de la política supo jugar hábilmente sus cartas negociando, con unos y otros, su apoyo electoral por estados, por regiones y hasta por ciudades.

No obstante su fuerza –o quizá debido a ella-, Elba Esther se enfrentó a enemigos de toda índole, formidables algunos de ellos, resultando triunfadora en estos enfrentamientos, lo que la llevó a adquirir esa enfermedad que padecen todos los poderosos: el poder.

La Maestra se creyó todopoderosa. Indestructible. Durante poco más de tres sexenios sorteó victoriosa toda clase de ataques, señalamientos y acusaciones, hasta que la enfermedad del poder la llevó a ignorar señales y alertas importantes. La soberbia de los poderosos es su escudo más fuerte, pero es también su peor debilidad.

La primer señal de su apocalipsis se dio en febrero del 2012, hace justo un año, cuando el entonces candidato de unidad de la alianza Compromiso por México, Enrique Peña Nieto, decidió eliminar al PANAL de la coalición electoral que su partido, había decidido celebrar con el PVEM y el partido de la Maestra. Ella reaccionó con una postura indefinida y ambivalente en sus apoyos en la contienda electoral federal del 2012. Peña Nieto registró ese dato.

Luego de ganar las elecciones, a finales de noviembre, Peña Nieto designa como Secretario de Educación a Emilio Chuayffet Chemor, antiguo conocido –y enemigo- de Elba Esther, con quien sostuvo feroz enfrentamiento en la Cámara de Diputados y quien operó su expulsión del tricolor. Esta era la segunda señal, la segunda advertencia.

Decidido a no aceptar ninguna clase de condicionamientos ni oposición, menos francas rebeldías, que afianzaran políticamente el inicio de su gestión, Peña Nieto decide incluir en la Reforma Educativa claras y directas señales que restaban poder y representación a La Maestra y así la presentó, sin su aval y menos aun sin consultarla. Era la tercera señal.

Todas estas alertas eran suficientes para que –en un ejercicio objetivo, concienzudo, pero sobre todo humilde- Elba Esther decidiera su retiro del poder y así, negociar una salida digna, por la puerta grande y, tranquila, irse a disfrutar felizmente de sus “ahorritos”. Pero no, no hizo eso. “Guerrera”, como ella misma se describe, se pintó las rayas de guerra en el operado rostro y se opuso a la Reforma Educativa ya aprobada y promulgada. Sacó a las calles a miles de maestros, empezaba su guerra. Es el momento en el que se toma la decisión de proceder penalmente contra ella, con una investigación que ya había iniciado desde mucho antes, quizá aún en el sexenio de Calderón, pero que estaba guardada “para lo que se ofreciera”. Y se ofreció.

El Gobierno de Peña Nieto ha destruido a Elba Esther Gordillo, pero la destruyó en donde más le duele, en la esencia misma de la casi septuagenaria lideresa, en su amor propio, en su elevada autoestima, en su vanidad, que eran la fuente primigenia de su fuerza como lideresa y política.

La acusación penal, más allá de los tecnicismos jurídicos, la exhibe públicamente como una ladrona que sustrajo dinero de los trabajadores del SNTE, cosa que ella había negado hasta el cansancio. Los que la conocen saben que si algo amaba Elba Esther, si algo procuraba con inusitado afán, era la imagen de sí misma. Si bien se evitó cuidadosamente que hubiera fotos, videos o imágenes del momento de su aprehensión, la propia autoridad difundió la imagen de Elba Esther tras las rejas. Una fotografía que no es precisamente el mejor ángulo, ni el mejor momento de La Maestra, un golpe duro y seco a su enorme vanidad, a su amor propio. Esto, amén de los videos que ya circulan por cientos de su comparecencia en el juzgado ante la reja de prácticas, constituye una “estocada mortal” de la que, difícilmente, se podrá recuperar Elba Esther Gordillo.

Por otro lado, supongo que simultáneamente a la investigación y previo al momento de la aprehensión, se tejió desde la Secretaría de Gobernación una estrategia de sofocamiento a eventuales protestas de los agremiados al SNTE, y se hizo mediante acuerdos políticos con los liderazgos sucesorios en el SNTE, garantizando la entronización de quien la sustituiría con todo el apoyo y reconocimiento del gobierno federal. El control de daños fue previo, no posterior al evento.

Por si las dudas, y en previsión de cualquier eventualidad, la misma Segob a través de la STyPS, aprobó la toma de nota del Sindicato de Trabajadores para la Educación (STE) que dirige Carlos Jongitud Carrillo, hijo del extinto líder sindical del mismo nombre y defenestrado por Salinas de Gortari para ungir precisamente a Elba Esther Gordillo. La autoridad reconoce formalmente una agrupación disidente del SNTE, lo que debilita aun más la fuerza política de esta agrupación.

Hoy, el poderoso SNTE, otrora fiel y vehemente defensor de Gordillo, le expresa “toda”  su solidaridad, cariño y reconocimiento, pero nada más. De protestas, plantones y demás demostraciones de fuerza, nada. Viva el Rey, muera el Rey. Juan Díaz de la Torre ha sido electo y tomó protesta como presidente del Consejo General Sindical para el Fortalecimiento de la Educación Pública en sustitución de Elba Esther Gordillo Morales, y sus primeras declaraciones son que “… la Reforma Educativa va, que el SNTE avalará la Reforma Educativa”, otro claro mensaje del final para La Maestra.

En resumidas cuentas, Elba Esther Gordillo no pisó la cárcel por haber dispuesto del dinero de sus agremiados para gastos personales, ni siquiera por su desbordado protagonismo y sobrevaluada autoestima, no. Lo hizo porque su ciclo del poder había terminado ya, y se negó a aceptarlo. Su “pecado” fue negarse a aceptar la subordinación a otro poder. Nada más pasará.

 

 

UNETE



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