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Catástrofe 27F, heroísmo y vilezas


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23/02/2013


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A tres años del Terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010, pesa todavía un gran dolor en miles de familias chilenas.  La inoperancia de quienes tenían a cargo conducir las medidas de emergencia para proteger a la población, causó víctimas que pudieron salvarse, si hubiesen escuchado una voz coherente y preventiva desde la autoridad.


 

Es oportuno revisar con la mayor objetividad los temas pendientes, los actos de heroísmo, de estupidez y de bajeza que mostraron lo mejor y lo peor  de nuestra sociedad y que debemos transparentar. El macizo informe que entregó la PDI a la Fiscalía servirá seguramente para ordenar cronológicamente los hechos, las acciones y omisiones durante esa madrugada trágica del 27 de febrero de 2010. Desde los blogs de las redes sociales, Periodismo Independiente fue tomando en esas horas, el pulso a la crisis y recogió testimonios en directo de personas que vivieron la catástrofe  en lugares costeros del Bío-Bío, salvando algunas de milagro. En un primer instante, desde esta tribuna ciudadana pedíamos que el gobierno saliente trabajara en equipo, con visión de Estado, con las nuevas autoridades electas, con una visión republicana de unidad nacional frente a la tremenda catástrofe natural. Desafortunadamente, quizás otro tipo de cálculos impidieron que esto ocurriera.

 

En relación a las responsabilidades que se debe esclarecer, tanto  técnicas como políticas, es preciso referirse al Reportaje deInvestigación de CIPER, a cargo de los periodistas Pedro Ramírez y Jorge Aliaga Sandoval, que da cuenta de las impericias que se acumularon en laONEMI, en el SHOA y en los responsables políticos que detentaban el mando de la emergencia, la propia Jefe de Estado y Presidenta de la República, que se constituyera en la Onemi esa madrugada.

 

Aunque el reportaje de CIPER se concentra en las desinteligencias que hubo entre el SHOA y la ONEMI, más de 100 comentarios a ese reportaje aportan más antecedentes y visiones, que dejan ver aspectos e información que no recogió el reportaje y que ahora lo enriquecen. Por ejemplo, se marca que la investigación no menciona las conversaciones telefónicas que hubo de parte del Alcalde de Juan Fernández con la Presidenta Bachelet esa madrugada, ni explica la causa de esa obsesión por juntar más información cuando el sentido común y los protocolos internacionales sobre tsunamis, indicaban que con la apreciación de un observador directo de la ONEMI en Talcahuano, que se comunicó de inmediato con Santiago, señalando a la gente de turno que el sismo era de Grado 9 a 10 en su apreciación personal, habría bastado para fijar una alerta, pero ese llamado no fue considerado ni reportado a la Jefa de la ONEMI. Increíble conducta que marcó el inicio de muchos desaguisados que tienen ribetes de carácter penal y que por más que se trate de explicar resultan más insólitos.

 

En los actos de heroísmo, cabe destacar a esos pescadores que trataron de salvar vidas en la isla Orrego           y entregaron las suyas. El caso anónimo de los marinos suboficiales,  que cumpliendo con su deber militar, salvaron valioso equipo  de la Defensa al salir mar afuera en sus embarcaciones. Y estuvo el trabajo silencioso y de autoayuda de las comunidades de Dichato, Pelluhue, Constitución, que generaron una solidaridad auténtica, sin la faramalla farandulera de esa Teletón especial, de cuya recaudación y destino nunca nadie dio cuenta.

 

En los actos miserables habría que marcar los saqueos que fueron un segundo tsunami en contra de las familias del Maule y Bío-Bío. La investigación de Fiscalía no abarca este aspecto, pero en el juicio de la historia nunca se olvidará que la Presidenta Bachelet, presa de no se sabe qué prejuicios, demoró 36 horas en nombrar los Jefes de Plaza para la emergencia, en circunstancias que siempre frente a catástrofes naturales, Alessandri, Allende y Pinochet, nombraron de inmediato una autoridad militar o naval a cargo de la emergencia. Pero en esta tragedia esperaron 36 horas y frente a esa dilación inexplicable, la gente de Concepción y Talcahuano debía organizar piquetes de vecinos para proteger sus casas, mientras la televisión mostraba los saqueos en vivo y en directo. 

 

Otros actos de vileza increíble ocurrieron a nivel de delincuentes de cuello y corbata: allí tras bambalinas hubo personajes que acapararon  toda  la madera del país, para especular al momento inmediato de la reconstrucción. Allí estuvo la gigante empresa del retail que cometió contrabando  al declarar como donación una importación comercial de artículos de primera necesidad que  luego le vendería al Gobierno para distribuir a los damnificados. Allí están también como evidencias de la codicia y la maldad los dueños de las constructoras cuyos edificios se cayeron porque habían ahorrado en materiales e irrespetado las normas de construcción, obteniendo la recepción municipal con malas prácticas. Para las víctimas de esos desalmados no ha habido justicia ni reparación.

 

Por todo esto, al tercer aniversario del desastre sólo pueda dar un bálsamo de optimismo el alto nivel alcanzado en la reconstrucción,  en una comprobación práctica en las zonas afectadas. Tocopilla en su momento quedó en el olvido, en cambio ahora, en un sismo mucho más destructivo y extendido, se ha logrado dar soluciones dignas a los afectados.

 

Pero, como corolario de esta mirada, el sabor es amargo, pues quienes debieron proteger a la población y ocupaban cargos donde debían ser competentes, tenían los teléfonos satelitales descargados,no sabían inglés, no entendían los protocolos o simplemente tenían tal miedo a equivocarse que no fueron capaces de afrontar ese riesgo y llamar de inmediato por radio a una evacuación masiva. Hay responsabilidades técnicas en el SHOA y en la ONEMI, pero, además, las hay de nivel político, por una inexcusable falta de liderazgo de quien detentaba el mando y quien recibió con claridad el informe telefónico desde Juan Fernández, donde el mar había destruido la mitad de la isla. El país se merece una explicación y que la verdad se esclarezca definitivamente. La verdad es una gota de agua capaz de demoler una basílica.

 

 

Periodismo Independiente, 23 de febrero de 2013. @hnarbona en Twitter.



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Etiquetas:   Seguridad   ·   Ética   ·   Terremoto   ·   Tsunami

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