El lobby se define como toda actividad que desplieguen los privados, con o sin fines de lucro, organizados formal o informalmente como grupos de presión o de interés, para influir en las decisiones del Estado en defensa de dichos intereses particulares. Comúnmente conocidas como gestiones de pasillo, estas acciones se han desarrollado históricamente con máximo sigilo, por lo que siempre han quedado al filo de la legalidad, pues es difícil delimitar una simple exposición de legítimos intereses particulares, de un canje de favores con agentes del Estado, lo cual puede ir desde la burda coima a formas más sutiles de vinculación que configuran el concepto de “tráfico de influencias”, la más clásica forma de corrupción y captura del Estado por parte de intereses privados.




