Es una infamia que los titiriteros del celuloide se autodenominen de forma pomposa e irreal ‘intelectuales’. Sólo hay que observar actuaciones de algunos de estos sectarios de la siniestra para comprobar que la intelectualidad les ignora, que no liga con la especie. Los intelectuales son personas estudiosas, eruditas y cultas, de actuaciones y comportamientos distintos y distantes a los de la farándula paleta. Cierto es que hay actores y actrices de gran profesionalidad y talento, aunque sus interpretaciones y papeles nada tengan en común con la ‘intelectualidad’. Simplemente son buenos o malos actores, como lo pueden ser los cocineros, ingenieros, desatascadores, toreros y resto de semejantes.



