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Burda parodia de los Goya


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20/02/2013

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Es una infamia que los titiriteros del celuloide se autodenominen de forma pomposa e irreal ‘intelectuales’. Sólo hay que observar actuaciones de algunos de estos sectarios de la siniestra para comprobar que la intelectualidad les ignora, que no liga con la especie. Los intelectuales son personas estudiosas, eruditas y cultas, de actuaciones y comportamientos distintos y distantes a los de la farándula paleta. Cierto es que hay actores y actrices de gran profesionalidad y talento, aunque sus interpretaciones y papeles nada tengan en común con la ‘intelectualidad’. Simplemente son buenos o malos actores, como lo pueden ser los cocineros, ingenieros, desatascadores, toreros y resto de semejantes.






Todo esto viene a cuento por el parcial espectáculo de los encumbrados premios Goya que, aparentemente, programa, dirige y mitinea una tal Eva Hache. Dicen los bien intencionados que esta sectaria presentadora es cómica. Pues si los mítines inconexos, soporíferos y bobalicones de esta partidista discípula tenían gracia, es que estuvieron a la altura del espectáculo. ¡Qué prólogos! ¡Qué retahílas! ¡Qué pobreza! Tampoco lo hicieron mal otros participantes en la ceremonia de enunciados, como el catalán Corbacho, genio del ingenio obtuso con lo del saludo al ministro Wert del sólo el 21%. ¡Qué pesadilla!





La que no estuvo mal y animó al aplauso clamoroso, tipo ciclogénesis explosiva, fue lo desvelado por la desconocida Candela Peña. Dicen que es actriz. Ella quiso su instante de gloria y sin el menor sonrojo, pausa ni congoja dijo aquello del fallecimiento de su padre en un hospital público ‘sin mantas ni agua’. Pobre gente. Cuanto sufrimiento padecieron hace ahora tres años por la usura avarienta del hospital catalán, cuando gobernaba el señor Zapatero, que además la dejó sin trabajo y sin escuela para su nueva criatura. Pura tiranía.





Toda esta escatológica parodia de imitación a la entrega de los Oscar americanos, me es totalmente indiferente. Lo que no me es indiferente y realmente me preocupa de la parodia anual del Cine y del insulto al Gobierno, es la millonada de pesetas que nos cuesta a los contribuyentes. A este derroche hay que sumar además la millonada de euros en subvenciones que el Gobierno les sigue metiendo en el bolsillo para producir películas que, en su mayoría, se proyectan en las salas casi vacías de espectadores.





Ante esta testadura injusticia vuelve a surgir la pregunta: ¿Por qué a los titiriteros del celuloide se les subvencionan las producciones y, por ejemplo, no se hace lo mismo con los proyectos de pequeños empresarios, autónomos, escritores, pintores, escultores, artesanos y resto de currantes con iniciativas positivas y sin recursos?



Etiquetas:   Cine   ·   Ciudadanía

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