Los escándalos del “niño
verde”.
A raíz del nuevo escándalo en el que se vio inmiscuido el
tristemente célebre Jorge Emilio González Martínez, el “niño verde”, la
polémica gira mas en torno a la impunidad de la que goza, que al hecho mismo.
Nos referimos a su detención por conducir en estado de
ebriedad y ser apresado en el “torito”
por no pasar el filtro del alcoholímetro en la ciudad de México.
Hecho en el que falseo su nombre identificándose como Jorge Rodríguez
y la tramitación de un amparo para no cumplir con las horas señaladas en el
castigo correspondiente.
Porque aunque sus compañeros Senadores, de diversas
bancadas, incluida la del Revolucionario Institucional, de la cual es aliado,
han señalado que debería regresar al “torito” y cumplir adecuadamente su
castigo, este no es el asunto de fondo.
Lo que sí lo es, es la actitud errática de un Senador de la
Republica, la falta de respeto a la investidura que ostenta, lo poco que
demuestra importarle el impacto de sus acciones.
Porque lo que se desnuda en este caso, como en tantos otros
en los que ha estado relacionado, es el uso de la prepotencia, el descaro de
que aun sabiendo de que el hecho iba a ser público, no le importaran las
consecuencias.
Esto porque la impunidad de la que goza le permite hacer
esto y aun más si fuera el caso, entonces no se trata de simular un
arrepentimiento falso, sino proceder de acuerdo a la que la propia situación
exige.
Pero pensar que esto le va a provocar un acto de contrición
es inútil, imaginar siquiera que el escándalo motivaría una renuncia es una fantasía,
eso solo lo podría hacer una persona cabal, y el “niño verde” no lo es y
lamentablemente parece que no lo será nunca.
Simple y llanamente su postulación como candidato a Senador
por Quintana Roo, solo confirma su talante caprichoso, su postura a todas luces
ventajista, pésele a quien le pese.
Desde que hizo su aparición en la política, Jorge Emilio González
Martínez “el niño verde” ha resultado un personaje, soberbio, polémico,
contradictorio, escandaloso, pero sobre todo como lo sigue haciendo ahora,
inmaduro.
Nieto de Emilio Martínez Manatou, ex Gobernador de
Tamaulipas, Secretario de la Presidencia y de Salud, hijo y sobrino de los
magnates de la venta de medicinas al gobierno, fue desde siempre un junior en
toda la extensión de la palabra.
Hereda de su padre, la presidencia vitalicia del Partido
Verde Ecologista, cuyo liderazgo depende de una franquicia, mediante la cual
independientemente del cargo que ocupe al interior de la organización, trabaja como
dueño de esta.
Si algo ha caracterizado su comportamiento público es la
desfachatez, el descaro de sus actitudes y la justificación de las mismas, que
no son más que un reflejo de la impunidad.
Si bien al principio de su carrera se le pudo considerar ingenuo
e inexperto, con el paso del tiempo, la consolidación de su estilo no puede
verse menos que como un símbolo de desvergüenza.
Esa que nuestro sistema político permite desarrollar en
varias vertientes como si no pasara nada, elemento fundamental del desprestigio
que acompaña a la clase política.
El problema no es el “niño verde”, al final de cuentas el no
es más que una expresión de esta podredumbre, que igual puede contrastarse con
otros, ya sean líderes sindicales, legisladores y otros exponentes con cargo público.
El problema no son sus escándalos, ni la forma de estos,
sino el que una parte de la sociedad siga inexplicablemente premiando en las
urnas este tipo de comportamiento, porque sin los votos el Partido Verde, no
tendría espacio para encumbrar a estos personajes.
Es que en el Partido Verde Ecologista, muchos de sus principales
integrantes, por supuesto hay excepciones, las menos, que confirmen la regla,
las formas de conducción públicas y privadas se rigen en el ejemplo impuesto
por su dirigente.
Solo por ejemplificar una de esas contadas y valiosas
excepciones, señalar al joven Gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, que
personalmente es total y absolutamente opuesto a Jorge Emilio González Martínez.
Es decir que, los conceptos equívocos a los que nos
referíamos al principio, parecieran parte del cumplimiento de un reglamento,
que establece pautas para la participación y el ascenso.
Porque en vez de ofrecer una imagen diferente como
supuestamente se planteo cuando se formo este instituto político nacional, sus agremiados
más connotados imitan a su líder y eso es lo que les garantiza la permanencia.
El Partido Verde, que por sí solo no tiene ninguna fuerza
real, se convirtió pues en un exclusivo club, sobre todo de jóvenes que
provienen de una condición social muy favorable, amigos en su gran mayoría del “niño
verde”, a su imagen y semejanza.
Una especie de membrecía donde se privilegia la
intrascendencia y la superficialidad, como herramientas para conseguir los ascensos,
en donde la única responsabilidad es mantener una lealtad ciega al líder.
El Partido Verde Ecologista de México, es pues una pandilla,
que poco muy poco aporta al país, cobijados en la bandera ecologista, es muy
poco lo que se le puede reconocer en materia de una aportación política real.
Siendo así el Partido Verde no es más que una imagen clara
de la simulación, un esquema compuesto para sostener a un grupo de vividores,
que aprovechan los recursos públicos bajo su administración y por perfil, una importante
herramienta para favorecer sus negocios personales.
Pero tal vez lo más importante no sea establecer una crítica
al partido y sus principales dirigentes, encabezados claro por el “niño verde”,
si no un ejercicio autocritico social, mediante el cual seamos capaces de
reconocer que la existencia de esta parvada de parásitos depende únicamente del
voto popular.
Tal vez lo interesante seria no solo enojarnos, aun con
razón, por los constantes desplantes de Jorge Emilio González Martínez, porque
tenga usted la seguridad los va a seguir cometiendo, es parte de su forma de
ser, de su naturaleza, sino cuestionarnos en seguir dándole la oportunidad de
hacerlos.
Porque es evidente que si en las próximas elecciones el
Partido Verde no obtiene los votos suficientes, no solo no tendría Diputados y
Senadores, incluso podría perder su registro y con ello el financiamiento público
millonario que lo sostiene.
Visto así la ecuación puede resultar muy sencilla, es un
ejercicio casi contable de pérdidas y ganancias, el balance nos corresponde elabóralo
a los que sufragamos individualmente.
Decidir si nos vamos a seguir permitiendo ser testigos de
los desmanes de este tipo de personajes, gracias a que somos nosotros mismos
quienes le los permitimos.
Esa es la disyuntiva, no hay nada que pueda argumentarse
para defender a personas como Jorge Emilio González Martínez el “niño verde”, al final de la
historia el solo está gozando, con absoluta desfachatez, de lo que la sociedad
le regala, de tal suerte que nos volvemos en sus cómplices.
Si bien esto último puede sonar muy fuerte, también lo es
que es la realidad que enfrentamos, con la única y gran ventaja, de que somos nosotros
mismos y nadie más, los que podemos remediarla.
El juicio social tendrá pues que expresarse en las urnas,
eso ya lo veremos en los siguientes comicios, en ese resultado estará el margen
de la indignación, el espacio que justifique o no la queja.
guillermovazquez991@msn.com
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