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La trama


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16/02/2013

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LA TRAMA






Vicente Adelantado Soriano





La trama, la película de Allen Hughes, es para nosotros lo que podía ser, en la Edad Media, una novela de caballerías para un paciente lector de aquella época: repetición de lo visto anteriormente, fórmulas vacías, luchas y desafíos codificados; y nada nuevo bajo el sol. Y al igual que en aquellas viejas novelas, los personajes son tan esquemáticos que pasan por la pantalla sin dejar ni un leve rastro de sombra. Hasta Mark Walhberg, en su papel de policía atormentado, por decirlo de alguna forma, frunce el ceño en el primer fotograma, y ahí lo deja pase lo que pase. Cabe destacar, pese a todo, las actuaciones de Rusell Crowe y de Barry Pepper, y la impagable belleza de Catherine Zeta-Jones. Y ahí se termina todo.

El tema de esta supuesta película es un tema harto visto y harto manido: la corrupción urbanística mezclada con falsas apariencias, con sexo y con homosexualismo, que se aprovecha, cómo no, para hacer chantaje al bueno de la película. Por supuesto también está el personaje positivo, el aspirante a alcalde, y el poli que se toma la justicia por su mano. Todo bastante previsible. Y lo que no es previsible, y que sorprende al paciente espectador, es porque se ha puesto en la cinta de relleno, sin que venga a cuento de nada, ni sirva para explicar nada. Tal vez se ha hecho así para aumentar el los metros de cinta, sin duda exigido por la productora. Si quitamos esas escenas sin ningún sentido, el film se nos queda reducido a media hora de visionado. Y por ese tiempo no se puede exigir el pago de una entrada. Y más al precio que están.

No hace falta decir que los personajes se encuentran en medio de la gran ciudad con una facilidad que ya quisiera uno que vive en una ciudad de medio pelo. Al final, por supuesto, todo queda en coincidencias y más coincidencias. Es decir, en un mago que se saca el conejo de la chistera porque, de lo contrario, no hay forma de unir tan deslavazado y manido guión.

La trama es una película sin trama y que se vuelve contra sí misma: lo que pretende denunciar ya está denunciado en otros filmes mucho mejor hechos y narrados. La corrupción, no obstante, se está convirtiendo en un filón para los malos cineastas, como antes lo podían ser las películas del oeste: es un cine de género en el que todo está predeterminado. Ahora bien, viendo esta película se comprende perfectamente la diferencia que hay entre un buen director, un buen guionista, y un alguien que hace algo por encargo, porque las máquinas, los estudios, continúen chirriando.

A mitad de película, por no decir antes, ya que los títulos de crédito aparecen al final, se empieza a echar de menos a un Miguel de Cervantes del Séptimo Arte; a alguien que fuera capaz de crear a un policía loco y genial que se creyera capaz de limpiar a la ciudad, y aun al universo todo, de corruptos y mafiosos merced a la fuerza de su brazo. Nada que ver lo que se propone, claro como el agua, con las nefastas películas de Santiago Segura. No vengamos con bromas de mal gusto.

Quien más y quien menos, por otra parte, está más que harto de la corrupción, de los políticos y de sus tretas y sofismas. Ahora bien, mientras que estos, los políticos, se han adaptado a los nuevos tiempos, y roban y hacen sus chanchullos sin tirar mano, creo, de policías más o menos corruptos, de matones y de marginados dispuestos a matar a la madre de quien se tercie , el cine, como es el caso de la película que nos ocupa, y de alguna más, sigue encastillado en una manida forma de contar que ya no sirve para acercarse y analizar la nueva realidad. Ni sirve para eso y ni sirve para distraer, ni para que se produzca la bendita catarsis por mucho que el malo, el alcalde corrupto, sea esposado con el contento de su bella esposa, que, faltaría más, es amiga del homosexual. Lo que esta película tiene en común con los políticos corruptos, al menos con algunos de ellos, es una y otros toman al espectador, o al ciudadano, por más tonto de lo que es. Y al freír será el reír. Que ustedes lo pasen bien.



Etiquetas:   Corrupción   ·   Política

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