. Poder poner de
manifiesto los modos en que se construye el presente y en ese proceso, la
propia identidad, es la tarea que nos ocupa a nosotros los docentes, tarea nada
sencilla por cierto. Para que esto sea posible es importante contextualizar el
espacio en que se desarrolla este proceso, intentando hacer un zoom de
aproximación desde el orden internacional, al nacional, y desde él, al regional
y al local para no perder la riqueza que implica el considerar este espacio
como una unidad indivisible. Sin desatender por esto las peculiaridades
existentes en el espacio específico de este proceso. También es importante tener en cuenta los procesos
económicos que desde el orden mundial se ciernen sobre los países dependientes,
generando políticas económicas nacionales que
influyen e impactan generalmente en
forma negativa sobre el orden local, con el consiguiente debilitamiento del estado nacional y con él,
el de nuestra propia sociedad.
Si tenemos en cuenta que la experiencia se
estructura a través del lenguaje, que es el lenguaje quien constituye la realidad, la genera evocándola, expresándola, imponiendo a
nuestra relación con la realidad estructura y contenido e influyendo en nuestro
pensamiento aunque no en forma determinante, debemos entonces prestar atención
a los discursos ya que ellos constituyen la base de lo que los miembros de una
sociedad aceptan como verdadero o falso como legítimo o ilegítimo, tendiendo a
generar un cierto orden y coherencia, un fondo de sentido común.
Es el estado quien ha
constituido, sistemas de circulación de discursos mediante la conformación de
instituciones que actúan como centro de poder político. A estos fines vino a
servir el sistema educativo y los medios masivos de comunicación, ya que para
el pleno ejercicio de la “estatalidad” es necesario la instancia de
organización del poder y el ejercicio de la dominación política,
constituyéndose a la vez como modo de relación social y como aparato
institucional.
La educación nunca puede ser
neutra implica tanto la reproducción de una idea dominante como su
desenmascaramiento, es por eso que siempre que se consolida un estado de
dominación se genera una verdadera lucha por la hegemonía social. Es claro
asegurar que allí donde radica esta lucha, hay
un capital específico en juego y hay un sector que se
apropia de este capital en provecho de sus intereses objetivos,
construyendo la capacidad para su realización e impidiendo que la clase
antagónica realice los suyos propios, el conocimiento entonces no es poder en
si mismo sino que abre los canales para construir poder, por lo tanto el
conocimiento es un valor estratégico, no es entonces difícil entender el
interés que los sectores dominante tiene por mantener el control sobre este
espacio, y la importancia que los sectores populares les asigna.
Si hablamos de “crisis de lo público”, debemos entenderla como la
“neutralización de los saberes”. Podemos decir se crearon las condiciones para
la legitimación del estado de cosas existentes, mediante la utilización de
un discurso estratégico y de un cuerpo
de practicas, que posibilitan la asimilación de un sistema
de significados y valores, fundamentales y constitutivos, que son asumidos (por
la mayoría), como un sentido de realidad, que abarca la totalidad de la vida.
En este proceso los saberes son presentados como neutros, se
oculta de esta forma el contenido ideológico que conllevan por ser
seleccionados y valorados por los representantes dentro de este campo, de la
clase dominante. La escuela se constituye así en el elemento de legitimación de
las relaciones de dominación, presentando los intereses de la clase dominante
como comunes, logrando y manteniendo el consenso activo de las clases populares
en pos de un proyecto “nacional”. De esta forma se constituyen las condiciones
para generar una base de sentido común, que naturalizan las relaciones sociales
como las únicas posibles, que ocultan las desigualdades sociales como producto
de la explotación, y que brinda como idea única de progreso “el individualismo”
mediante el ascenso social. La escuela se transforma así en un verdadero centro
de poder ideológico, impidiendo que las clases populares logren liberar los
canales para el logro de sus propios intereses. Es difícil organizar a este
sector cuando en su base ideológica subyace el individualismo y cuando no se le
ha otorgado las herramientas socialmente válidas para hacerlo y más aún cuando
muchos de nosotros, los docentes somos funcionales a este sistema, algunos por
convicción lo cual es grave y otros por ignorancia lo cual es más grave
aún
Si consideramos que los saberes
son públicos cuando están al servicio de la liberación de los hombres, para la
construcción de proyectos comunes, que
desoculten las relaciones de dominación. Es desde esta perspectiva que
podemos empezar a pensar la crisis de lo público, no para declararlo obsoleto,
sino para definirlo de nuevo.
La palabra “resignificación”
sugiere “volver a dar significado”, y nos remite a la idea de que alguna
vez lo tuvo. La pregunta es ¿Cuándo lo tuvo?, y ¿para quién lo tuvo?. En este
sentido debemos comprender la institución escuela en su historicidad.
Cuando la burguesía, revolucionaría recupera la sociedad, sustituyendo
el supuesto del derecho natural, por el
del derecho contractual, lo hace fundándola en el principio de igualdad
esencial de los hombres, derecho formal que las relaciones de producción
convertirían en un “simple derecho” de vender “libremente” su fuerza de
trabajo. Cuando la burguesía se vuelve clase dominante ella va a estructurar los sistemas nacionales
de enseñanza. Escolarizar a todos era la condición necesaria para convertir al
siervo en ciudadano, para que participaran en el proceso político y
consolidaran el orden democrático (de la democracia burguesa). El papel
político de la escuela es ahí muy claro.
El discurso de la clase dominante, se manifestó así en las prácticas
sociales propias de la escuela (enseñanza y aprendizaje), era necesario que la
inteligencia gobierne para que la “razón pública” se forme, elevando el nivel
intelectual y moral de los individuos, educando al mayor número posible de
ignorantes en los “templos del saber”. Con este discurso la clase dominante
pretendió mostrarse solidaria, en la
distribución social del conocimiento, aunque como contrapartida eliminó los saberes previos de la clase
subalterna, una verdadera expoliación, era necesario que la clase dominada
dejara de ser lo que era, para servir a los intereses objetivos de la clase
dominante (escuela normalizadora).
Pero la historia siguió su curso, una vez organizado el sistema social,
el interés de la clase dominante se centró en conservar ese orden, de esta
forma podemos comprender “la crisis de
lo histórico”, no como un fin de las ideologías sino como una estrategia más,
desde el discurso dominante para que naturalicemos el orden social
resignándonos a este, cosa que al neoliberalismo hoy, nos intenta imponer como paradigma de verdad.
Pero si tenemos en cuenta que para liberarse hay que dominar aquello
que los dominantes dominan, los saberes y conocimientos servirían como
herramientas para organizar la lucha. Las clases dominantes observaron entonces
que los ciudadanos no estaban eligiendo “lo mejor” (en relación con sus
intereses) y en numerosas ocasiones
debieron recurrir al “legitimo uso de la fuerza” para acallar a las masas.
Concluyeron pues, que la escuela “no estaba funcionando bien” debía ser
reformada, a esto le siguió un vaciamiento de contenidos en pro de la
implementación de nuevos métodos.
De esta forma la clase dominante vuelve a articular mediante el uso de
la escuela como instrumento de dominación, los canales para lograr el
consenso, ocultar las desigualdades
sociales mostrándolas como desigualdades escolares, desarticular la organización
de las sectores populares, impidiendo que estas puedan apropiarse de los
conocimientos y saberes como valores estratégicos para
la reflexión crítica y
liberadora. Aquí radica la verdadera crisis de lo público, si la verdad nos
hace libres debemos desde nuestro trabajo docente, promover que
la verdad entre a la escuela, y que sea esta la función política de la escuela.
Sólo así lograremos resignificarla socialmente, en este mundo hoy globalizado y
amenazado por el avance del neoliberalismo.
Si nos preguntamos ¿Cuál es la esencia del hombre? Podemos rastrear
incluso históricamente que nos definimos como esencialmente “iguales”, esta
igualdad esencial tomó en distintos períodos históricos connotaciones diversas. En el orden
capitalista, la burguesía revolucionaria se basó en una concepción filosófica
esencialista, como soporte para la defensa de la igualdad en contra de la
dominación de la nobleza y el clero. Esta postura se colocó en dirección del
desarrollo de la historia, sus intereses coincidían con los intereses de lo
nuevo, de la transformación y desenmascaraban la “no naturalidad” de los
privilegios que usufructúan la nobleza y el clero, mostrando a esa desigualdad como de carácter
social y por lo tanto histórica, constituyendo una injusticia que no debía
persistir. Así la burguesía recupera la sociedad, sustituyendo el derecho
natural por el contractual en él que
formalmente, todos somos iguales. Es sobre esta base que la burguesía va a
sostener la idea de “educación para todos”, una verdadera pedagogía
esencialista. Pero esto se volvería en contra de los intereses de la burguesía,
cuando esta quiere perpetuar el orden social que había construido. Los
conocimientos y saberes se vuelven peligrosos en mano del pueblo, estos como
herramientas sociales servirán para organizar poder, la burguesía lo sabe por
propia experiencia, pero en este momento mira a la historia desde la vereda
contraria. Desde este nuevo lugar se va a
implementar una renovación de la escuela, poniéndose énfasis
en sus métodos, y vaciándola de contenidos, la pedagogía de la existencia en su
carácter reaccionario, va a legitimar las desigualdades, la dominación y la
sujeción, legitimando los privilegios de la clase dominante (en este caso la
burguesía).
Así en su discurso la clase
dominante argumenta en contra de la pedagogía tradicional (esencialista)
describiéndola como medieval, pre-cientifica y dogmática acentuando su carácter
expositivo. Los métodos nuevos que implementan, se fundamentan en el método
científico convirtiendo a la enseñanza en un proceso de investigación, en el
cual el conocimiento es descubierto.
Es importante reflexionar aquí, que sin el dominio de lo conocido es
imposible realizar descubrimiento
alguno. Por lo tanto si sumamos a las desigualdades sociales, con las que los
niños ingresan a la escuela, las
desigualdades escolares, (no brindando los contenidos, sin los cuales están
imposibilitados de investigar, descubrir y otorgarle sentido, es decir significación
social a su practica) provocaremos una perdida del gozo, en este proceso una
verdadera crisis de lo lúdico, porque no hay creatividad posible sin las
herramientas necesarias para ello, ni autodisciplina que pueda lograrse en un
proceso carente de significado, en el cual se despoja a los niños de sus
saberes previos, en una verdadera expoliación, que suprime su propia identidad
social. Esto es verdadera pobreza entendida ésta en toda su magnitud y no
solamente desde el aspecto económico.
Por lo tanto si al hablar de resignificación social de la escuela,
diagnosticamos una pérdida, esta perdida tiene que ver con la “esencia” con la igualdad del hombre, oculta tras la
pedagogía de la existencia que naturaliza las desigualdades.
Si más allá de la nostalgia y la
resignación intentamos mantener la vigencia de lo público en los saberes y
conocimientos, como forma posible de resignificación social, tal vez en primer
término pensemos en la implementación de
la tan debatida educación popular.
Pero resulta cada vez más difícil definir lo popular porque cada vez es
menos autónomo y no mantiene un necesario antagonismo con la cultura
hegemónica. Muchas veces lo asumido por los sectores populares de manera
protagónica es contradictorio con sus
propios intereses, y lo que coincide con estos no son asumidos como
propios. Por lo tanto si hablamos de una
verdadera lucha por la hegemonía social, en este contexto histórico, cuesta
pensar su medida de posibilidad.
Es aquí donde es posible comenzar a pensar en proyectos alternativos,
como acciones dispersas, descentradas y válidas como experiencias, que si bien
no son pasos en la construcción de la hegemonía (pensada esta como proyecto de
acumulación de sistematicidad y organización en una dirección determinada) sí
se constituyen como prácticas subversoras, aunque no transformadoras de las
relaciones de poder, sí proveedoras de
mecanismos de ruptura con el orden y en el mejor de los casos de impugnación
del mismo, como un aspecto disonante en la lógica de dominación neoliberal, que
produce una incidencia cualitativa en la medida en que logran un grado de
conciencia diferenciada, de la lógica de poder. Esto no es posible en espacios
aislados sino que debe gestarse en espacios del sistema público o privado o a partir de iniciativas
independientes, y a la vez pueden ser planteadas por los sectores populares o
con actores pertenecientes a los sectores sociales hegemónicos. Lo que importa
de estos es su impronta ideológica.
El espacio de lo alternativo, por lo tanto no es ajeno ni exterior a lo
dominante sino que es una relación dialéctica de identidad contradicción, pensando estas formas alternativas como
estrategias viables para penetrar en los espacios de los centros de poder
ideológico, para utilizarlos con fines contrarios a los que fueron pensados por
el poder dominante. Es decir una forma de recuperar, lo público, para dejar de
diagnosticar su perdida y empezar modestamente su recuperación.
El papel de los docentes aquí es indelegable, ya que la conciencia
social no se construye espontáneamente, su rol apunta a convertir la
experiencia inmediata de los sectores populares en conceptos, generando la
autoconstrucción de la identidad popular, para la participación política
respetando las peculiaridades, es decir sin expoliaciones, mediante la
articulación de conjunto, construyendo la idea de sociedad total. Tal
vez de esta forma lo histórico deje de estar en crisis, pierda su sujeción y
encuentre los canales para comenzar a fluir.