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Una aproximación al rol docente en los sectores populares.


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09/05/2011


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Nuestra sociedad  es una entramada red de caminos que se abren a nuestro paso, nosotros y una multiplicidad de individuos más o menos cercanos  vamos pensando, explicando y construyendo esos caminos  para luego actuar en base a  ellos. Poder poner de manifiesto los modos en que se construye el presente y en ese proceso, la propia identidad, es la tarea que nos ocupa a nosotros los docentes, tarea nada sencilla por cierto. Para que esto sea posible es importante contextualizar el espacio en que se desarrolla este proceso, intentando hacer un zoom de aproximación desde el orden internacional, al nacional, y desde él, al regional y al local para no perder la riqueza que implica el considerar este espacio como una unidad indivisible. Sin desatender por esto las peculiaridades existentes en el espacio específico de este proceso. También  es importante tener en cuenta los procesos económicos que desde el orden mundial se ciernen sobre los países dependientes,  generando  políticas económicas nacionales que influyen  e impactan generalmente en forma negativa sobre el orden local, con  el consiguiente  debilitamiento del estado nacional y con él, el de nuestra propia sociedad.


            Si tenemos en cuenta que la experiencia se estructura a través del lenguaje, que es el lenguaje quien constituye  la realidad, la genera  evocándola, expresándola, imponiendo a nuestra relación con la realidad estructura y contenido e influyendo en nuestro pensamiento aunque no en forma determinante, debemos entonces prestar atención a los discursos ya que ellos constituyen la base de lo que los miembros de una sociedad aceptan como verdadero o falso como legítimo o ilegítimo, tendiendo a generar un cierto orden y coherencia, un fondo de sentido común.

         Es el estado quien ha constituido, sistemas de circulación de discursos mediante la conformación de instituciones que actúan como centro de poder político. A estos fines vino a servir el sistema educativo y los medios masivos de comunicación, ya que para el pleno ejercicio de la “estatalidad” es necesario la instancia de organización del poder y el ejercicio de la dominación política, constituyéndose a la vez como modo de relación social y como aparato institucional.

      La educación nunca puede ser neutra implica tanto la reproducción de una idea dominante como su desenmascaramiento, es por eso que siempre que se consolida un estado de dominación se genera una verdadera lucha por la hegemonía social. Es claro asegurar que allí donde radica esta lucha, hay  un capital específico en juego y hay un sector  que se  apropia de este capital en provecho de sus intereses objetivos, construyendo la capacidad para su realización e impidiendo que la clase antagónica realice los suyos propios, el conocimiento entonces no es poder en si mismo sino que abre los canales para construir poder, por lo tanto el conocimiento es un valor estratégico, no es entonces difícil entender el interés que los sectores dominante tiene por mantener el control sobre este espacio, y la importancia que los sectores populares les asigna.

Si hablamos de “crisis de lo público”, debemos entenderla como la “neutralización de los saberes”. Podemos decir se crearon las condiciones para la legitimación del estado de cosas existentes, mediante la utilización de un  discurso estratégico y de un cuerpo de  practicas,   que posibilitan la asimilación de un sistema de significados y valores, fundamentales y constitutivos, que son asumidos (por la mayoría), como un sentido de realidad, que abarca  la totalidad de la vida.

 En este proceso  los saberes son presentados como neutros, se oculta de esta forma el contenido ideológico que conllevan por ser seleccionados y valorados por los representantes dentro de este campo, de la clase dominante. La escuela se constituye así en el elemento de legitimación de las relaciones de dominación, presentando los intereses de la clase dominante como comunes, logrando y manteniendo el consenso activo de las clases populares en pos de un proyecto “nacional”. De esta forma se constituyen las condiciones para generar una base de sentido común, que naturalizan las relaciones sociales como las únicas posibles, que ocultan las desigualdades sociales como producto de la explotación, y que brinda como idea única de progreso “el individualismo” mediante el ascenso social. La escuela se transforma así en un verdadero centro de poder ideológico, impidiendo que las clases populares logren liberar los canales para el logro de sus propios intereses. Es difícil organizar a este sector cuando en su base ideológica subyace el individualismo y cuando no se le ha otorgado las herramientas socialmente válidas para hacerlo y más aún cuando muchos de nosotros, los docentes somos funcionales a este sistema, algunos por convicción lo cual es grave y otros por ignorancia lo cual es más grave aún 

 Si consideramos que los saberes son públicos cuando están al servicio de la liberación de los hombres, para la construcción de proyectos comunes, que  desoculten las relaciones de dominación. Es desde esta perspectiva que podemos empezar a pensar la crisis de lo público, no para declararlo obsoleto, sino para definirlo de nuevo.

La palabra “resignificación”  sugiere “volver a dar significado”, y nos remite a la idea de que alguna vez lo tuvo. La pregunta es ¿Cuándo lo tuvo?, y ¿para quién lo tuvo?. En este sentido debemos comprender la institución escuela en su historicidad.

Cuando la burguesía, revolucionaría recupera la sociedad, sustituyendo el supuesto del derecho natural,  por el del derecho contractual, lo hace fundándola en el principio de igualdad esencial de los hombres, derecho formal que las relaciones de producción convertirían en un “simple derecho” de vender “libremente” su fuerza de trabajo. Cuando la burguesía se vuelve clase dominante  ella va a estructurar los sistemas nacionales de enseñanza. Escolarizar a todos era la condición necesaria para convertir al siervo en ciudadano, para que participaran en el proceso político y consolidaran el orden democrático (de la democracia burguesa). El papel político de la escuela es ahí muy claro.

El discurso de la clase dominante, se manifestó así en las prácticas sociales propias de la escuela (enseñanza y aprendizaje), era necesario que la inteligencia gobierne para que la “razón pública” se forme, elevando el nivel intelectual y moral de los individuos, educando al mayor número posible de ignorantes en los “templos del saber”. Con este discurso la clase dominante pretendió mostrarse solidaria, en  la distribución social del conocimiento, aunque como contrapartida  eliminó los saberes previos de la clase subalterna, una verdadera expoliación, era necesario que la clase dominada dejara de ser lo que era, para servir a los intereses objetivos de la clase dominante (escuela normalizadora).

Pero la historia siguió su curso, una vez organizado el sistema social, el interés de la clase dominante se centró en conservar ese orden, de esta forma podemos comprender  “la crisis de lo histórico”, no como un fin de las ideologías sino como una estrategia más, desde el discurso dominante para que naturalicemos el orden social resignándonos a este, cosa que al neoliberalismo hoy,  nos intenta imponer como paradigma de verdad.

Pero si tenemos en cuenta que para liberarse hay que dominar aquello que los dominantes dominan, los saberes y conocimientos servirían como herramientas para organizar la lucha. Las clases dominantes observaron entonces que los ciudadanos no estaban eligiendo “lo mejor” (en relación con sus intereses)  y en numerosas ocasiones debieron recurrir al “legitimo uso de la fuerza” para acallar a las masas. Concluyeron pues, que la escuela “no estaba funcionando bien” debía ser reformada, a esto le siguió un vaciamiento de contenidos en pro de la implementación de nuevos métodos.

De esta forma la clase dominante vuelve a articular mediante el uso de la escuela como instrumento de dominación, los canales para lograr el consenso,  ocultar las desigualdades sociales mostrándolas como desigualdades escolares, desarticular la organización de las sectores populares, impidiendo que estas puedan apropiarse de los conocimientos y saberes como valores estratégicos  para  la reflexión  crítica y liberadora. Aquí radica la verdadera crisis de lo público, si la verdad nos hace libres  debemos  desde nuestro trabajo docente, promover que la verdad entre a la escuela, y que sea esta la función política de la escuela. Sólo así lograremos resignificarla socialmente, en este mundo hoy globalizado y amenazado por el avance del neoliberalismo.

Si nos preguntamos ¿Cuál es la esencia del hombre? Podemos rastrear incluso históricamente que nos definimos como esencialmente “iguales”, esta igualdad esencial tomó en distintos períodos históricos  connotaciones diversas. En el orden capitalista, la burguesía revolucionaria se basó en una concepción filosófica esencialista, como soporte para la defensa de la igualdad en contra de la dominación de la nobleza y el clero. Esta postura se colocó en dirección del desarrollo de la historia, sus intereses coincidían con los intereses de lo nuevo, de la transformación y desenmascaraban la “no naturalidad” de los privilegios que usufructúan la nobleza y el clero,  mostrando a esa desigualdad como de carácter social y por lo tanto histórica, constituyendo una injusticia que no debía persistir. Así la burguesía recupera la sociedad, sustituyendo el derecho natural por el contractual en él  que formalmente, todos somos iguales. Es sobre esta base que la burguesía va a sostener la idea de “educación para todos”, una verdadera pedagogía esencialista. Pero esto se volvería en contra de los intereses de la burguesía, cuando esta quiere perpetuar el orden social que había construido. Los conocimientos y saberes se vuelven peligrosos en mano del pueblo, estos como herramientas sociales servirán para organizar poder, la burguesía lo sabe por propia experiencia, pero en este momento mira a la historia desde la vereda contraria. Desde este nuevo lugar se va a  implementar  una  renovación de la escuela, poniéndose énfasis en sus métodos, y vaciándola de contenidos, la pedagogía de la existencia en su carácter reaccionario, va a legitimar las desigualdades, la dominación y la sujeción, legitimando los privilegios de la clase dominante (en este caso la burguesía).

            Así en su discurso la clase dominante argumenta en contra de la pedagogía tradicional (esencialista) describiéndola como medieval, pre-cientifica y dogmática acentuando su carácter expositivo. Los métodos nuevos que implementan, se fundamentan en el método científico convirtiendo a la enseñanza en un proceso de investigación, en el cual el conocimiento es descubierto.

Es importante reflexionar aquí, que sin el dominio de lo conocido es imposible  realizar descubrimiento alguno. Por lo tanto si sumamos a las desigualdades sociales, con las que los niños ingresan  a la escuela, las desigualdades escolares, (no brindando los contenidos, sin los cuales están imposibilitados de investigar,  descubrir  y otorgarle sentido, es decir significación social a su practica) provocaremos una perdida del gozo, en este proceso una verdadera crisis de lo lúdico, porque no hay creatividad posible sin las herramientas necesarias para ello, ni autodisciplina que pueda lograrse en un proceso carente de significado, en el cual se despoja a los niños de sus saberes previos, en una verdadera expoliación, que suprime su propia identidad social. Esto es verdadera pobreza entendida ésta en toda su magnitud y no solamente desde el aspecto económico.

Por lo tanto si al hablar de resignificación social de la escuela, diagnosticamos una pérdida, esta perdida tiene que ver con la “esencia”  con la igualdad del hombre, oculta tras la pedagogía de la existencia que naturaliza las desigualdades.

Si  más allá de la nostalgia y la resignación intentamos mantener la vigencia de lo público en los saberes y conocimientos, como forma posible de resignificación social, tal vez en primer término pensemos en la  implementación de la tan debatida  educación popular.

Pero resulta cada vez más difícil definir lo popular porque cada vez es menos autónomo y no mantiene un necesario antagonismo con la cultura hegemónica. Muchas veces lo asumido por los sectores populares de manera protagónica es contradictorio con sus  propios intereses, y lo que coincide con estos no son asumidos como propios.  Por lo tanto si hablamos de una verdadera lucha por la hegemonía social, en este contexto histórico, cuesta pensar su medida de posibilidad.

Es aquí donde es posible comenzar a pensar en proyectos alternativos, como acciones dispersas, descentradas y válidas como experiencias, que si bien no son pasos en la construcción de la hegemonía (pensada esta como proyecto de acumulación de sistematicidad y organización en una dirección determinada) sí se constituyen como prácticas subversoras, aunque no transformadoras de las relaciones de poder, sí  proveedoras de mecanismos de ruptura con el orden y en el mejor de los casos de impugnación del mismo, como un aspecto disonante en la lógica de dominación neoliberal, que produce una incidencia cualitativa en la medida en que logran un grado de conciencia diferenciada, de la lógica de poder. Esto no es posible en espacios aislados sino que debe gestarse en espacios del sistema  público o privado o a partir de iniciativas independientes, y a la vez pueden ser planteadas por los sectores populares o con actores pertenecientes a los sectores sociales hegemónicos. Lo que importa de estos  es su impronta ideológica.

El espacio de lo alternativo, por lo tanto no es ajeno ni exterior a lo dominante sino que es una relación dialéctica de identidad contradicción,  pensando estas formas alternativas como estrategias viables para penetrar en los espacios de los centros de poder ideológico, para utilizarlos con fines contrarios a los que fueron pensados por el poder dominante. Es decir una forma de recuperar, lo público, para dejar de diagnosticar su perdida y empezar modestamente su recuperación.

El papel de los docentes aquí es indelegable, ya que la conciencia social no se construye espontáneamente, su rol apunta a convertir la experiencia inmediata de los sectores populares en conceptos, generando la autoconstrucción de la identidad popular, para la participación política respetando las peculiaridades, es decir sin expoliaciones,  mediante la  articulación de conjunto, construyendo la idea de sociedad total. Tal vez de esta forma lo histórico deje de estar en crisis, pierda su sujeción y encuentre los canales para comenzar a fluir.



Etiquetas:   Educación

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