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Trabajo y Amor


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14/02/2013


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“¡¡Nuestro gran sueño es lograr que esta empresa sea para cada uno de ustedes una gran familia!!”. ¿Les resulta conocida la expresión?. Intuyo que es la frase más repetida por las gerencias generales en las asambleas con todos sus trabajadores, solo superada por aquella que dice: “¡¡Los Recursos Humanos son el recurso más valioso de nuestra empresa!!”.


 

Pensar a la empresa como “una gran familia” es asumir que el amor reina en ella. Hoy, 14 de febrero, día del amor parece un buen día para darle algunas vueltas al punto.

 

De partida, no deja de ser paradojal de que, pese al enunciado con que abro esta columna, con mucha frecuencia se encuentran organizaciones en que definitivamente está prohibida la existencia de parejas al interior de sus equipos laborales. No es difícil encontrar ejemplos de casos en que uno de los dos enamorados, debe renunciar a su empleo, o a su amor. En ambos casos el concepto de familia-empresa deja de existir.

 

¿Por qué ocurre esta restricción?. Algunas causales recurrentes son:

 

·         Si la empresa tiene problemas con uno de los dos enamorados, son dos los que se enojan con la empresa.

 

·         Cuando hay peleas entre los enamorados, son dos los trabajadores que reducen su concentración con sus tareas propias, con lo que se incrementan los riesgos de errores, accidentes, mermas, etc. Ni que hablar cuando estos quiebres ocurren por causa de un/a tercero/a, también integrante del equipo laboral.

 

·         La movilidad laboral se restringe. Si es necesario trasladar a uno, hay que trasladar a dos.

 

En resumen, las controversias se duplican, asunto que ciertamente no es bueno.

 

Les quiero compartir dos casos reales de estas situaciones:

 

a.        Él, el profesional más brillante del área de informática en una gran empresa chilena. Creativo, colaborador, intuitivo, un genio que, además, era muy cordial, participativo, solidario, en suma, un lujo de persona, de aquellos que toda empresa necesitaría tener. Ella, su esposa, también profesional (del área financiera) su gran atributo era la simpatía y lo conversadora. En lo laboral, sus compañeros/as de trabajo la bautizaron “la Monumento”, … “monumento a la flojera” (sic). No hacía nada, procastinaba sin pausa. Esta empresa, optó por “tolerar” la incompetencia de ella para no arriesgar el retiro de él. (Las funciones se realizaban en una ciudad-campamento, de modo que concluir el trabajo implicaba con frecuencia abandonar la ciudad). Implicó aceptar los costos de un área importante dado que el ambiente laboral en el área de ella, se fue enturbiando por ese tratamiento especial de que gozaba “la monumento”.

 

b.      Él, José, alto directivo en una gran empresa chilena. Ingeniero que inyectó grandes cambios en la gerencia que lideraba. Ella, Marcela, profesional del área de las ciencias sociales, dependía directamente de José. Marcela es la persona que yo más he admirado por su calidad profesional y por su capacidad para conciliar su trabajo con sus responsabilidades de madre de dos hermosas niñas. En ambos coexistía una permanente atención a la eficiencia, con un buen trato a todo evento. Marcela nunca expresó un problema si tenía que viajar urgente o si debía quedarse trabajando hasta más tarde. Siempre se las arregló convenientemente. Nunca ocupó su relación amorosa con José para obtener facilidades especiales. A su vez, José tampoco reflejaba ningún tipo de tratamiento especial respecto de su esposa.       

 

Dos casos sumamente diferentes, para una situación que en su mirada formal tienen el mismo común denominador. ¿Qué hubiese hecho usted en el primer caso? ¿Porqué tendría que ser distinto el actuar en el segundo caso?. La teoría tambalea frente a la observación de la realidad.

 

El problema es que es un asunto de muy complejo manejo dado que, si bien se puede restringir el ingreso de parejas, resulta imposible evitar que Cupido haga su trabajo puertas adentro en la empresa, con lo que la restricción al ingreso tiende a perder utilidad. Y tampoco es llegar y despedir a personas que pueden ser sustancialmente relevantes para la institución.

 

No creo que exista una receta definitiva al respecto. No comparto eso sí la alternativa de que, ante la formación de una pareja, uno de los dos debe abandonar la empresa. Me parece dañino, no solo para las personas involucradas sino que, seguramente, impacta negativamente en el ambiente laboral de, al menos, todos los cercanos a los afectados, asunto que, sabemos, al final del día inevitablemente impacta en la línea final de los estados de resultados de la empresa.

 

Les dejo la tarea de pensar que harían ustedes.

 

Por mi lado, en este 14 de Febrero, dejo mis entrañables recuerdos a dos grandes amigos, a José y Marcela, matrimonio adorable que, como suele suceder en este extraño mundo, parten siempre antes de tiempo. A ambos mi abrazo, estén en la dimensión que estén. Seguro que se están amando y aportando.

 



Etiquetas:   Recursos Humanos   ·   Amor   ·   Estructura Organizacional

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