Benedicto XVI y su legado.



Sin duda alguna, una de las noticias que ha impactado estos últimos días es la dimisión del Papa Benedicto XVI. Para muchos fieles católicos, esto ha marcado un quiebre, ya que era algo totalmente inesperado, tanto así, que no hay precedente histórico actual de un hecho como este.

 


A pesar de que nos parezca extraño y pensemos que el Papa no podría renunciar, desde el punto de vista del derecho canónico, esto es totalmente legal. Para que el Papa pudiese renunciar se necesitan dos requisitos: primero, que sea por voluntad propia, es decir, fuera de presiones; y segundo que lo haya dado a conocer públicamente. En este caso, ambos requisitos han sido cumplidos, por lo que no se ve ninguna ilegalidad en esta renuncia.

Pero esto es el lado legal del asunto, pero hay otro que, en casos como estos, es quizás mucho más importante: el lado espiritual y la fe. Con la renuncia del Papa, automáticamente se nos viene a la cabeza la figura de Juan Pablo II, quien hasta el final de los días ejerció su labor. Muchas han sido las comparaciones y críticas que ha recibido Benedicto XVI debido a esta decisión. Pero a mi juicio, si bien es un quiebre para la Iglesia Católica, es totalmente admisible y un gesto de tremenda humildad reconocer que ya no se tiene la capacidad suficiente para ejercer como pontífice y que guiado por Espíritu Santo decida retirarse.

En vez de criticar el hecho de que Benedicto XVI haya decidido renunciar, y hacer comparaciones, debemos ver lo positivo que nos dejó. En su trayectoria que duró 8 años, combatió la pedofilia, trató de motivar a los jóvenes a que se acercaran a la Iglesia, unir a las familias y  que la gente viviera en la fe. Su labor sin duda fue más que completa y se merece todo nuestro reconocimiento.

Ahora, en vez de seguir preguntándonos o pensando que hubo alguna presión interna o algún choque político en esto, debemos pensar que la figura papal es única, más allá de la persona que la represente. Sin duda es importante que una persona con ciertas cualidades sea el indicado para ser el próximo Papa, pero más allá de eso, la institución en sí misma es una sola, independiente de la persona que esté en frente. Sea quien sea el Papa, se respetará de la misma forma en cómo se ha respetado a todos y cada uno de los que han cumplido esta importante labor. Se deberá velar porque se imparta la fe y la gente siga creyendo, siendo fieles a la Iglesia Católica, no luchar por un modelo político o social, sino que por preservar nuestra parte espiritual.

 

 



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Sin duda alguna, una de las noticias que ha impactado estos últimos días es la dimisión del Papa Benedicto XVI. Para muchos fieles católicos, esto ha marcado un quiebre, ya que era algo totalmente inesperado, tanto así, que no hay precedente histórico actual de un hecho como este.

 


A pesar de que nos parezca extraño y pensemos que el Papa no podría renunciar, desde el punto de vista del derecho canónico, esto es totalmente legal. Para que el Papa pudiese renunciar se necesitan dos requisitos: primero, que sea por voluntad propia, es decir, fuera de presiones; y segundo que lo haya dado a conocer públicamente. En este caso, ambos requisitos han sido cumplidos, por lo que no se ve ninguna ilegalidad en esta renuncia.

Pero esto es el lado legal del asunto, pero hay otro que, en casos como estos, es quizás mucho más importante: el lado espiritual y la fe. Con la renuncia del Papa, automáticamente se nos viene a la cabeza la figura de Juan Pablo II, quien hasta el final de los días ejerció su labor. Muchas han sido las comparaciones y críticas que ha recibido Benedicto XVI debido a esta decisión. Pero a mi juicio, si bien es un quiebre para la Iglesia Católica, es totalmente admisible y un gesto de tremenda humildad reconocer que ya no se tiene la capacidad suficiente para ejercer como pontífice y que guiado por Espíritu Santo decida retirarse.

En vez de criticar el hecho de que Benedicto XVI haya decidido renunciar, y hacer comparaciones, debemos ver lo positivo que nos dejó. En su trayectoria que duró 8 años, combatió la pedofilia, trató de motivar a los jóvenes a que se acercaran a la Iglesia, unir a las familias y  que la gente viviera en la fe. Su labor sin duda fue más que completa y se merece todo nuestro reconocimiento.

Ahora, en vez de seguir preguntándonos o pensando que hubo alguna presión interna o algún choque político en esto, debemos pensar que la figura papal es única, más allá de la persona que la represente. Sin duda es importante que una persona con ciertas cualidades sea el indicado para ser el próximo Papa, pero más allá de eso, la institución en sí misma es una sola, independiente de la persona que esté en frente. Sea quien sea el Papa, se respetará de la misma forma en cómo se ha respetado a todos y cada uno de los que han cumplido esta importante labor. Se deberá velar porque se imparta la fe y la gente siga creyendo, siendo fieles a la Iglesia Católica, no luchar por un modelo político o social, sino que por preservar nuestra parte espiritual.

 

 




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