. Para muchos fieles católicos, esto ha marcado un quiebre, ya que era algo
totalmente inesperado, tanto así, que no hay precedente histórico actual de un hecho
como este.
A pesar de que nos parezca
extraño y pensemos que el Papa no podría renunciar, desde el punto de vista del
derecho canónico, esto es totalmente legal. Para que el Papa pudiese renunciar
se necesitan dos requisitos: primero, que sea por voluntad propia, es decir,
fuera de presiones; y segundo que lo haya dado a conocer públicamente. En este
caso, ambos requisitos han sido cumplidos, por lo que no se ve ninguna
ilegalidad en esta renuncia.
Pero esto es el lado legal del
asunto, pero hay otro que, en casos como estos, es quizás mucho más importante:
el lado espiritual y la fe. Con la renuncia del Papa, automáticamente se nos
viene a la cabeza la figura de Juan Pablo II, quien hasta el final de los días
ejerció su labor. Muchas han sido las comparaciones y críticas que ha recibido
Benedicto XVI debido a esta decisión. Pero a mi juicio, si bien es un quiebre
para la Iglesia Católica, es totalmente admisible y un gesto de tremenda
humildad reconocer que ya no se tiene la capacidad suficiente para ejercer como
pontífice y que guiado por Espíritu Santo decida retirarse.
En vez de criticar el hecho de
que Benedicto XVI haya decidido renunciar, y hacer comparaciones, debemos ver
lo positivo que nos dejó. En su trayectoria que duró 8 años, combatió la
pedofilia, trató de motivar a los jóvenes a que se acercaran a la Iglesia, unir
a las familias y que la gente viviera en
la fe. Su labor sin duda fue más que completa y se merece todo nuestro
reconocimiento.
Ahora, en vez de seguir
preguntándonos o pensando que hubo alguna presión interna o algún choque
político en esto, debemos pensar que la figura papal es única, más allá de la
persona que la represente. Sin duda es importante que una persona con ciertas
cualidades sea el indicado para ser el próximo Papa, pero más allá de eso, la
institución en sí misma es una sola, independiente de la persona que esté en
frente. Sea quien sea el Papa, se respetará de la misma forma en cómo se ha
respetado a todos y cada uno de los que han cumplido esta importante labor. Se
deberá velar porque se imparta la fe y la gente siga creyendo, siendo fieles a
la Iglesia Católica, no luchar por un modelo político o social, sino que por
preservar nuestra parte espiritual.