No es tan sorpresiva la dimisión del Papa después de esos extraños antecedentes policiales y jurídicos que salpicaron al mayordomo acusado de revelar secretos pontificios. El anuncio de un hombre como Ratzinger no parece ser una voluntaria declaración de intenciones, sino una obligada decisión impelida por factores ajenos de la salud o de la energía personal para sobrellevar el oficio petrino.




