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¿Por qué trabajamos en equipo?


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09/05/2011

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El trabajo en grupo es parte de la transformación social que se está llevando a cabo en el mundo. Esta metamorfosis no va a detenerse y cada vez va a necesitar unos cambios para que podamos seguir evolucionando como seres sociales, ahora le ha tocado a la organización del trabajo.











Trabajar de manera cooperativa es llevar la especialización al siguiente nivel. En un grupo todo el mundo es capaz cualquier cosa, pero con el tiempo cada integrante se da cuenta de que cosas hace mejor, cómo trabaja mejor y desde donde puede ayudar más al equipo.





Cada vez hay una mayor cooperación, el mundo se esta volviendo coral debido a que la economía dicta que se aprovechan mejor los recursos, o lo que es lo mismo, que el bolsillo se queda más lleno.



Tal vez sea algo feo decir que hoy en día se utilizan más los equipos dentro de las empresas y las organizaciones sólo por el dinero -aunque no sería mentira-. Queda mejor decir que ante un constante cambio del mundo se necesita cambiar las formas de trabajar, es encantador escuchar que trabajar en grupo fomenta la tolerancia y el respeto, potencia el entramado de relaciones interpersonales y acaba con la estratificación social -algo que tampoco sería mentira-.





Independientemente de la cantidad de importancia que tenga la pela en esto, estamos frente a una oportunidad cuasi única para dejar de trabajar con operarios super-eficientes, con un currículum bestial y que muerden hasta a su propia madre por vender todo lo que tienen para vender y pasar a tratar con personas que tienen -ójo, y expresan- sentimientos y emociones.





La historia esta llena de corrientes de viento, cada una viene de un lugar y va a otro, unas vienen con más fuerza y otras con menos. Bien, el actual vendaval hemos de aprovecharlo para mover un poco la perspectiva de las personas respecto al mundo laboral. El fin de cualquier acción humana – o de casi todas- es mejorar la sociedad -a veces luego de la acción se mejora y a veces no, así como no todos pensamos que lo mejor es lo mismo- y una forma de aumentar la calidad de la sociedad es, agarrándose de las transformaciones actuales, tratar de alterar el lugar de trabajo de las personas haciéndolo un poco más cálido o fresco dependiendo de estaciones y de hacer de los que compiten por el último litro de café cada día, personas cercanas.





En el momento en que mejoramos nuestra capacidad de interacción con nuestros compañeros, estamos creciendo como personas y como seres de interacción, por tanto, estamos mejorando nuestra capacidad de relacionarnos con todas las personas que nos cruzamos día a día, sin importar si son o no propiamente compañeros.





Cuando nos acercamos a las personas, las conocemos y compartimos momentos, tenemos la oportunidad de empezar a conocerles -a ellas y sus circunstancias-. Sólo conociendo aquello que nos muestran, podremos ser empáticos con ellos, ponernos en su lugar, comprenderles y ayudarles- aunque esto último sólo sea para que, si nos ocurre a nosotros, ellos nos ayuden también-. De nuevo estamos en lo mismo, si somos capaces de empatizar con compañeros de trabajo, seremos capaces de empatizar con cualquier persona que nos encontremos, y si todos los seres humanos comprendemos a nuestros compañeros -y por ende al resto de los integrantes del globo terráqueo-, el mundo será un lugar de tolerancia, respeto y ayuda mutua. En definitiva, un lugar mejor, que era lo que buscábamos.





Hoy en día en casi cualquier profesión se ha de cooperar y se ha de aprender a delegar trabajo y a confiar en tus compañeros. Tendremos que destacar que no es lo mismo trabajar en grupo que en equipo, hacer tareas y juntarlas es distinto a que si desde el principio se va en la misma dirección. Hay que dialogar, llegar a consensos, intentar convencer de que tu idea es la mejor, pero si no se consigue, defender lo que tus compañeros creen como si hubiera salido desde las entrañas de tu ser.







Cuando se trabaja de este modo existen unas tomas de decisiones y, por supuesto, una implicación y responsabilidad, además de una confianza en lo que pueda hacer tu compañero e intentar hacer lo posible para que dicha confianza sea recíproca.





Tras tanto cambio y transformación, nos encontramos en una sociedad donde el etnocentrismo esta desmoronándose -gracias a lo que sea que haya logrado esto- aunque sea muy poco a poco y la multiculturalidad es una normalidad sin precedentes.







En el momento en que se trabaja con más gente, hace que sea preciso un respeto y tolerancia, una integración de todas las culturas existentes así como de etnias y creencias.





Por supuesto, trabajar en grupo conlleva un esfuerzo extra, no podemos darnos contínuamente las culpas unos a otros, hemos de evitar escaquearnos, tenemos que cumplir con nuestras responsabilidades -y esperar que nuestros compañeros hagan lo mismo- y, claro, hay que tratar con seres humanos, bastante más complejos que las máquinas, con otras ideas aparte de las nuestras y con emociones y sentimientos -con todo lo que eso conlleva-.

Parece que trabajar de forma cooperativa sea algo complejo, demasiado duro, costoso y arriesgado como para emplearlo en todas las empresas u organizaciones sin reflexionarlo demasiado. A todo esto, hemos de añadir -como hace un momento puse- que las personas tenemos sentimientos, personalidad, perspectivas y, por tanto, podemos tener días buenos y días no tan buenos, dificultando así el progreso del trabajo y creando una posible ruptura -temporal o definitiva- entre los diferentes integrantes del equipo.





Pero no todo es tan difícil, de entrada pensemos, la vida jamás es fácil y sencilla -y por eso mismo es tan increíble-, más bien diría que es de una imperfección inalcanzable tremendamente hermosa. Luego, hemos de tener en cuenta que trabajar con seres que piensan y sienten, no deja de ser un trabajo con personas como nosotros -que también pensamos y sentimos-. Sin lugar a dudas, trabajar con iguales nos humaniza y los lazos que creamos con nuestros compañeros de grupo son recursos que podemos explotar de manera masiva. Desde utilizar dichas relaciones profesionales para apoyarnos y sentir calidez y resguardo en nuestras relaciones personales, hasta utilizarlas para -mediante la confianza conseguida- trabajar de forma más eficiente, sin pudores, con ilusión y, en definitiva, de una forma verdadera.





Etiquetas:   Educación

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