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Los españoles no se fían de sus líderes políticos


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10/02/2013

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El PP sigue siendo el más votado con el 23,9%. Cae a seis puntos menos que hace un mes y 20 por debajo del 20-N. El bipartidismo se hunde. Los líderes de los partidos políticos suspenden según sus propios votantes. ¿Cuánto nos preocupa la corrupción? Datos desde 1993 hasta anteayer por Kiko Llaneras. 


Tocado y casi hundido. Mariano Rajoy gobierna a años luz de los ciudadanos, incluidos sus propios votantes, y ha llevado ya al centroderecha a la peor expectativa electoral de su historia. El PP estaría ahora en el resultado más bajo de uno de los dos principales partidos en España desde 1978 y, aun así, seguiría siendo el más votado en unas elecciones generales.



Ese es el negro e insólito panorama político que describe la encuesta deMetroscopia para EL PAÍS y que sirve para constatar la inmensa brecha abierta entre el poder político y los ciudadanos. En este momento, hay un partido que gobierna con mayoría absoluta casi hegemónica, lo que le permite actuar sin apenas control parlamentario y, sin embargo, tiene una estimación de voto de solo el 23,9%, la más baja de la democracia, solo un año después de haber arrasado en las urnas. En un mes ha perdido seis puntos y desde las generales más de 20 puntos, sin que conste si ha tocado ya fondo. Y en teoría quedan casi tres años para que los ciudadanos puedan pronunciarse en las urnas. Su expectativa de voto está ahora casi tres puntos por debajo del resultado de la AP deManuel Fraga de 1982, cuando el PSOE de Felipe González le barrió con 202 diputados.



En esta situación, el presidente debe liderar un país que se enfrenta a una triple crisis: la económica, la política y la institucional. El 20 de febrero comparecerá en el Congreso en su primer debate sobre el estado de la nación con la intención de buscar la iniciativa política. Será una tarea colosal, según una de sus expresiones más utilizadas, porque un 77% de españoles rechaza su gestión, un 85% desconfía de él y un 79% suspende a su Gobierno, sin que se atisbe la posibilidad de cambios en el Ejecutivo.

Desde el 20-N, Mariano Rajoy ha ido perdiendo apoyo de manera progresiva pero sostenida por la crisis económica, los incumplimientos de su programa y los sacrificios impuestos desde Europa. Ahora, se ha sumado la impresión de escándalo generalizado por los casos de corrupción. El sondeo recoge ya el efecto de las informaciones sobre las cuentas en Suiza del extesorero del PP Luis Bárcenas y las anotaciones contables de este, pero aún no se mide cómo afecta a la estimación de voto la publicación en EL PAÍS del libro que recoge supuestas entregas de dinero anotadas junto al nombre del presidente del Gobierno. El efecto puede ser más demoledor en futuros sondeos si el PP no encuentra la forma de salir del pozo del escándalo.

Bárcenas ha acelerado la caída porque el 76% no ve creíbles las explicaciones del PP (no están medidas las de ayer de Rajoy); el 71% desconfía de las auditorías internas y el 80% espera que dimitan los que hubieran recibido pagos en dinero negro.



La salida para un 70% es un congreso del PP en el que se depure a los responsables y solo el 54% espera que se convoquen elecciones como pide la izquierda parlamentaria. Los votantes populares quieren cambios en la cúpula del partido (54%), aunque solo el 21% estaría por unas nuevas elecciones generales.

Lo peor para el PP es que ni siquiera sus votantes les creen cuando se justifican y se declaran inocentes. La estrategia de defensa de los populares, la falta de presencia de Rajoy y sus reiterados y admitidos incumplimientos han ido minando su credibilidad. Cuando necesita que los ciudadanos le crean, su crédito está tan agotado que un 58% de los que votaron al PP no acepta las explicaciones oficiales del caso Bárcenas. La opinión pública ha asumido que la cúpula del PP, incluido el presidente del Gobierno, cobró sobresueldos.

Por extensión, la tormenta perfecta de la triple crisis y el lodo de los escándalos reducen a escombros el bipartidismo sobre el que se ha fundado la política española desde 1978. PP y PSOE apenas sumarían ahora el 47,4% de los votos, 26 puntos menos que en las generales.

El PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba no apunta aún recuperación alguna y sigue más de cinco puntos por debajo del 20-N. Con un PP hundido, los socialistas siguen por debajo, aunque con una desventaja de solo 0,6 puntos, a la espera de que el efecto Bárcenas sea aún más devastador. El rechazo al PP se agudiza, pero, a diferencia de lo que ocurrió a principios de los 90, cuando se acumularon los casos de corrupción, no se percibe alternativa, lo que aumenta el desamparo y el pesimismo.

Con este panorama crítico, el castigo ciudadano se extiende a los dos grandes partidos, de tal forma que los votantes se refugian en otras opciones o prefieren dar la espalda a las urnas. Según el sondeo, la participación sería del 53%, 20 puntos menos que en 2011, la más baja de la democracia, confirmando así el descrédito del sistema. La pérdida coincidente de los dos grandes partidos la recogen IU y, sobre todo, UPyD. El partido de Rosa Díez, con su discurso de regeneración, distancia del sistema y frente al nacionalismo llega al 13,6% de los votos, en su máximo histórico y a punto de multiplicar por tres su resultado de las generales. La actuación de Cayo Lara y Rosa Díez tampoco es aprobada, pero esta última es la que menos rechazo provoca.

Todos esos resultados son consecuencia del hastío ciudadano ante la corrupción, amplificada por la crisis. La mayoría entiende que en España hay la misma corrupción que en otros países, pero la sensación de impunidad hace que se considere que aquí se tarda más en castigarla.

Ni siquiera existe el consuelo de los casos aislados, porque el 60% rechaza el argumento de que la mayoría de los políticos son honestos y solo una mayoría incurre en conductas irregulares. Los españoles creen que ni el PP ni el PSOE, ni CiU saben hacer frente a la corrupción, con porcentajes similares. Esa impresión del “todos son iguales” es contra la que infructuosamente intenta luchar el PSOE, sabedor de que la corrupción termina por castigarles más a ellos, porque los electores del PP son casi siempre más fieles e incondicionales, pase lo que pase. Solo la irrupción de UPyD rompe ahora en parte esa lógica.

El 97% pide una ley de transparencia y el 88% que haya inspectores más eficaces. El 94% da por hecho que perjudica la imagen de España; el 90% ve peligrar inversiones y el 96% cree que cala la desmoralización ciudadana.

¿Cuánto nos preocupa la corrupción? Datos desde 1993 hasta anteayer por Kiko Llaneras

La corrupción es hoy el centro de la actualidad. Y lo es por razones evidentes. Sin embargo, el más reciente y sonado capítulo del caso Bárcenas viene en realidad a culminar una secuencia que lleva meses ejecutándose: desde Gürtel, a Campeón, a Palma Arena, los ERE en Andalucía, hasta Lloret de Mar, la financiación de Unió, o el (extraño) caso Amy Martin. Una sucesión de escándalos que, al menos en términos de atención, viene coincidiendo con la crisis y la llegada de dificultades.

Esta coincidencia tiene reflejo en los datos del barómetro del CIS: desde el comienzo de la crisis la corrupción ha pasado de ser ignorada a ser considerada un problema grave para los españoles (‘CIS – Problemas principales que existen actualmente en España‘).



La corrupción es una una preocupación creciente. Durante una década la corrupción no fue considero uno de los problemas principales. Sin embargo, desde 2009 hasta hoy los ciudadanos le han dado una importancia creciente, hasta el punto de que en diciembre era uno de los tres problemas más graves para el 20% de españoles. 

Pero los problemas políticos preocupan incluso más. Al mismo tiempo, ha ido aumentado también la gravedad con que percibimos los ‘problemas políticos’ (la clase política, los partidos, etc.). En diciembre éstos eran aún más importantes que la corrupción, aunque es posible que esto cambie pronto.

La corrupción y los políticos: una problema pendular. Este fenómeno —la unión de crisis y hartazgo frente a la política y frente a la corrupción—, no es nuevo. Ocurrió igual hace ya quince años, durante la recesión que golpeo a España a mitad de los noventa.

A la vista de los datos es evidente que la corrupción y el funcionar de nuestras instituciones políticas nos preocupan. Y nos preocupan de forma creciente. Pero, ¿qué otros problemas consideramos igual o más importantes? El siguiente gráfico muestra los cuatro problemas principales de España para sus ciudadanos.



Una no-sorpresa: paro y economía. Desde que comenzó la crisis la preocupación se concentra brutalmente en dos problemas: el paro y la economía. A este duo le siguen los problemas políticos y la corrupción, aunque a una distancia considerable.

La preocupación por los problemas políticos crece lentamente. La preocupación por el paro y la economía se disparó de forma instantánea al iniciarse la crisis. Pero, curiosamente, la importancia dada a los problemas políticos creció más tarde y de forma paulatina. Quizás necesitamos vivir la crisis para que cristalice el hartazgo, la desafección, la sospecha —o el cabreo— hacía la clase política y los partidos.

¿La corrupción nos preocupa solo en recesión? Asumo que la corrupción es más o menos constante desde hace años. Pero, si es así, ¿por qué lo consideramos un problema solo cuando llega la crisis? Entiendo que hay un factor psicológico —la desafección con los políticos nos vuelve vigilantes— y un factor económico —en bonanza somos más permisivos—, pero ambas explicaciones me parece cortas. ¿Durante la crisis se destapan más casos de corrupción? ¿o salen los mismo pero solo ahora reciben atención? Mi pregunta, en el fondo, es si la crisis sencillamente nos hace más sensibles a la corrupción o si realmente la crisis contribuye a que los casos de corrupción salgan a la luz pública.

Los próximos meses. Sabiendo que los últimos datos son de diciembre, anteriores a los más recientes acontecimientos, me atrevo a decir —con riesgo de equivocarme—, que la corrupción será percibida pronto como el tercer problema en gravedad. Creo que superará a los problemas políticos, que aunque están entrelazados, son una diana peor.

Como en otras ocasiones, me resulta curioso observar lo volátiles que somos los ciudadanos en nuestras opiniones, lo sensible que es el ‘sentir público’ frente al contexto. Lo comprendo, pero sigue pareciéndome curioso. En pocos meses nuestra percepción de los problemas del país da un vuelco: la corrupción, el fraude y las deficiencias de la llamada clase política pasan del olvido a ser considerados problemas graves. 

Repito, puedo comprenderlo, pero no por ello hay que olvidar que los problemas que podamos tener —que tenemos— ya existían en la época de bonanza, durante la burbuja, cuando nos decíamos preocupados por la inmigración o la vivienda. Ser consciente de esto importa, pienso, porque es clave para afrontar los problemas ahora, para afrontar los problemas mañana, y sobre todo, para no repetir errores en el futuro.

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Etiquetas:   Corrupción   ·   Política   ·   Mariano Rajoy   ·   Alfredo Rubalcaba   ·   PP   ·   PSOE   ·   Partidos Políticos   ·   Conflicto Político

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