. Obviamente, no podemos dar ni por buenos ni por malos esos papeles hasta
que la justicia dicte sentencia. Por las cifras, los nombres y algunas
declaraciones, bien podrían darse por buenos, pero en el rastrero y zafio mundo
político actual, nunca se sabe. Sea como fuere, resulta una torpeza absoluta y
una actitud lamentable que ante una denuncia tan grave las únicas declaraciones
que hayamos oído por parte de los dirigentes del PP sean para decir que todo es
mentira. y para remitir a la opinión pública a las declaraciones de la renta de los afectados, como si ahora
los ingresos y los cobros en negro se declarasen.
El
escándalo de los “papeles” de Bárcenas ha resultado ser la gota que ha colmado
el vaso de una sociedad hastiada de tanta corrupción. Pero no deja de ser eso;
la gota que colma el vaso. Vivimos momentos de crisis, pero no de crisis
económica, como muchos piensan, sino de una brutal crisis moral que ha sido
precisamente la que nos ha conducido a esta crisis económica que padecemos. Nunca
deberíamos olvidar este aspecto. Esta crisis moral es responsabilidad de los
partidos políticos de este país –ninguno de los cuales puede ahora atreverse a
tirar la primera piedra-; de los jueces, que son una panda de impresentables al
servicio de no se sabe qué o quién, y, también, de esta sociedad acomodada,
adormilada y fácil de manipular y comprar con booms inmobiliarios. Sin embargo,
lo grave del caso Bárcenas en particular no es tanto la corrupción en sí como
quiénes pueden ser los corruptos. De hacerse ciertas las sospechas, resultaría
absolutamente inaceptable que aquellos que exigen sacrificios a la sociedad,
que aquellos que eliminan becas y ambulancias, que aquellos que les “roban”
dinero a nuestros jubilados, que aquellos que utilizan a hacienda como perros
de presa contra los pobres, que aquellos que cobran el 12% en impuestos a los
donativos que los ciudadanos damos a Cáritas o a Cruz Roja, que toda esa gente –y
aquella que nos ha robado hasta ahora, que nunca entra en la cárcel y que nunca
devuelve el dinero- se esté lucrando con dinero negro, haciendo fiestas de
cumpleaños con confeti y payasos valoradas en once mil euros, pegándose la vida
padre en hoteles y estaciones de esquí, riéndose de todos nosotros a carcajada
limpia. Resultaría un atentado no solo contra la sociedad a la que sirven sino
contra el propio estado español, algo que debería pagarse mucho más caro.
Es
hora de recuperar la moral, la ética y los valores que de ellos se desprenden. Esa
moral y esa ética que entre todos hemos desterrado de nuestra cultura y de
nuestro vocabulario. Es hora de exigir honestidad y responsabilidad a nuestros
políticos, a nuestros jueces y a nuestros ciudadanos. Solo cortando de raíz toda
esta podredumbre podremos alcanzar el verdadero significado de un sistema justo
y democrático.