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¡Lo que diga el partido!


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09/02/2013

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Uno de los primeros mandamientos que debe cumplir el militante de un partido político es renunciar a su propio fuero. En escasas ocasiones puedes expresarte o decidir con plena libertad. Creo que lo pasaría francamente mal perteneciendo a un partido y obligado a respetar la consigna. Sentiría prisioneras mis ideas y mi opinión. Mantener la disciplina del silencio debido considero que es difícil. Eso de tener que reservar tu opinión ante cualquier acontecimiento económico, social, político, religioso o laico que se plantee, supondría algo así como la parálisis de mi propia autonomía y libertad. Y es que pertenecer a un partido político te obliga renunciar a la libre opinión exterior.






Si uno ha de ser coherente con la línea ideológica del partido, antes de emitir opinión sobre cualquier acontecimiento económico, social, laboral, ético o político que se plantee, la primera norma a cumplir por el militante es consultar a los portavoces los considerandos de la formación sobre el particular. Lógicamente, hasta que los órganos de dirección no se pronuncien, hasta que no se reciba la consigna, es comprometido emitir juicio. Esta rémora a tu opinión tiene que ser incómoda.





Ante temas trascendentes que requieran tu concurso, has de reservar y supeditar tu parecer a lo que los primeros espadas decidan, opinen o interpreten. Hasta que eso no ocurra, tú a chitón, silencio, ni palabra buena ni frase mala. Tu lógica, tu dictamen o tus considerandos los tienes que aparcar. O te amoldas a las directrices establecidas o te vas.





Creo que enrolarse en un partido y cumplir con fidelidad el compromiso ideológico que representa, requiere sacrificio. Tu libertad de opinión queda condicionada y, por tanto, deja de ser libre. No puedes pensar por ti mismo. Quizás en las asambleas o en las reuniones del partido puedes plantear temas, considerandos y opiniones con plena libertad, pero si la mayoría o los dirigentes no las asumen, tu criterio queda anulado.





En cierta medida es lógico que esto sea así, lo contrario sería la casa de Tócame Roque, sería una anarquía, estaría todo fuera de control. Pero a pesar de esta realidad disciplinaria, a veces apenan las decisiones que por imposición tienen que adoptar algunos políticos o politiquillos en contra de sus principios, moralidad y ética. Durante años he presenciado el desarrollo de numerosas sesiones plenarias corporativas. En sus desenlaces he tenido la oportunidad de comprobar los esfuerzos de algunos calienta escaños para cumplir, por imposición, el compromiso de lealtad, sabiéndose contrarios al sentido del voto emitido.





Desde fuera se opina mejor, eres más libre.



Etiquetas:   Ciudadanía   ·   Política

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