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Gangster squad o brigada de élite


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09/02/2013

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GÁNGSTER SQUAD O BRIGADA DE ÉLITE






Vicente Adelantado Soriano





Gángster squad o Brigada de élite es una película que no aporta nada nuevo ni viejo, ni tal vez se lo proponga. Por supuesto que está muy bien ambientada, muy bien narrada y muy bien interpretada. Y ahí se termina todo lo bueno si se busca en ella algo más que una ligera distracción. Es la típica cinta que se puede ver cuando no se tiene nada mejor que hacer, cuando llueve y no se puede salir a pasear, o cuando se está cansado de películas y libros un tanto sesudos. El film de Ruben Fleischer narra las aventuras de un gángster, muy malo, antiguo boxeador, que se quiere adueñar de todos los negocios, prostitución, drogas, apuestas, etc., de un extremo a otro de Estados Unidos o poco menos. Cuenta para ello, cómo no, con la aquiescencia de jueces y policías corruptos, nada se dice de los pobrecitos de los políticos, así que la única forma de enfrentarse a él es una brigada especial, cómo no, que debe actuar, por supuesto, fuera de la ley, pues hacerlo desde dentro, dado que tiene a todos los jueces comprados, es trabajo perdido: aun no han entrado sus secuaces en la cárcel cuando ya el juez de turno ha firmado su puesta en libertad.

Es un tema, el de la película, un tanto manido; y que en esta ocasión está falto de la profundidad que tiene en otras viejas películas. Así de pronto se me ocurre Los Ángeles confidencial, La brigada del sombrero o El sueño eterno, por citar una en blanco y negro. En esta nueva entrega de policías y ladrones, aquellos se mueven un poco por motivos altruistas y un tanto simplones. Así el protagonista decide actuar, y entrar en el antro prohibido, porque van a prostituir a la chica pueblerina que ha llegado a Los Ángeles para triunfar como actriz; y los policías aceptan formar parte de la brigada de élite porque el día de mañana el hijo no diga que su padre no hizo nada ante la corrupción, o porque matan a un pobrecillo limpia que, claro está, no tenía culpa de nada, y encima parecía un buen chico. Está claro que en toda esta historia no podía faltar la rubia de buen ver que vive entre dos aguas: entre el malo y el bueno, siendo el bueno rubito y más guapo que el malo. Lo gracioso de la rubia, o pelirroja, por no entrar en matices, es que es capaz de vivir con la maldad sin que esta la salpique. Sale limpia y pura, como el borreguito de Norit, de los brazos del malvado. Nada nuevo bajo el sol: aquí sabemos que se puede vivir con corruptos sin enterarse; y, por supuesto, sin mancharse. Por lo tanto, la primera lección que se saca de este entretenido filme es que es mentira aquel viejo refrán de Dos que se acuestan en el mismo colchón se vuelven de la misma condición. Aquí cabría aplicar aquello de Refrán antiguo, mentira moderna. Pues cuando la rubia o la pelirroja, la chica, vamos, tenga que escoger, se quedará con el bueno; y el amigo del bueno, que también vivía en los límites entre la maldad y la decencia, optará por defenderla y dar su vida para que ella sea feliz. Ya se dice en la Biblia que quien tiene un amigo, tiene un tesoro, y más en los tiempos que corren.

Sólo falta, pues, que el malo demuestre lo malo que es, y que los buenos triunfen sobre la maldad, no por nada sino para que la muerte de uno de los brigadistas, aquel que quería quedar bien delante de su hijo, no caiga en el vacío. Y por supuesto se cumplen los objetivos, y se termina la película. Antes, eso sí, se nos muestra al poli bueno con su mujer y su niñito recién nacido en una playa desierta y muy bonita. El poli tira su placa al mar, no porque esté harto de su trabajo y de la policía, sino porque quiere dedicarse a su mujer y a ese rollito de carne que ha fabricado entre tiroteo y persecución. Y el espectador se levanta de su butaca con una sonrisa de oreja a oreja, agradecido a estos agentes que se van a jugar el tipo en contra de la corrupción y el crimen organizado. Hay que advertirles, y debería hacerlo alguien, que hoy la corrupción ya no es como la de antes: ya no hay tiros, ni gángsters con rubias, ni persecuciones; pero lo que es corrupción haberla hayla. Y ya se sabe: o renovarse o morir. Que los otros hace años que se sobrevivieron. Y hay muchas formas de violencia.



Etiquetas:   Corrupción   ·   Drogas   ·   Prostitución

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