. Claramente, la gente cambia, digamos en ámbitos demográficos,
socioeconómicos por ejemplo… Pero aquí el tema es distinto. Hablamos de un
cambio más bien cultural sociológico, que nos habla de la cosmovisión actual.
Evidentemente los cambios en sí
mismos no son malos, generalmente traen nuevas experiencias y se puede aprender
de ellos. El problema con esto es cuando los cambios son intencionalmente
negativos, ya que es donde se pierden los horizontes de civilización. Tal cual
como nos enseñaron en el colegio, los romanos nos impusieron el término “civilización”,
el cual realmente no se ha sabido aplicar a los tiempos actuales. En vez de una
civilización, realmente lo que estamos viendo constantemente, ya sea en
noticias o diario, es la ley de supervivencia del más fuerte, donde el más
agresivo, incorrecto y sin moral, alcanza el denominado “éxito” y es reconocido
de manera positiva por estos actos, llegando hasta ser líderes.
Saco este tema a propósito del
video de agresión a la mujer que defiende su ideología política, estando de
acuerdo con el gobierno de Pinochet, y a las constantes marchas de los denominados
líderes estudiantiles, que finalmente terminaban en destrozar sin motivo
alguno, basándose en peticiones que bien, pueden ser vistas como excusas o
pretextos para desatar su ira y violencia.
Vivimos en un mundo de poca
tolerancia, donde la masa es a la que se debe seguir, donde se castiga la
individualidad y la defensa de los ideales propios. Una sociedad que castiga a
una mujer que dice ser partidaria de un determinado gobierno, una sociedad que
mira en menos las minorías sexuales y étnicas, ya que no cumplen con el
“estándar de la masa”. Realmente no se entiende cómo, a pesar de haber bajado
el desempleo y estar en vías de desarrollo potentes, nuestro país siga siendo
tan subdesarrollado en temas tan importantes como la convivencia y la paz de
nuestro entorno social.
Finalmente, con todos estos actos
de violencia, a mi gusto injustificado, y que hablan de un primitivismo de la
era de las cavernas, vemos a nuestra sociedad cada vez en más decadencia social,
donde la gente ya está aprendiendo (de manera errónea) que con la violencia se
logra más que con un diálogo civilizado entre ciudadanos que viven en
democracia.
Si seguimos así, mi reflexión es:
¿A dónde vamos a llegar con tanta violencia? ¿Se pueden clasificar de
terrorismo estos actos injustificados? Vale más la pena trabajar para que actos como los presenciados
hasta ahora se detengan y sigamos en vías de desarrollo de una manera íntegra.
Mi conclusión: respeta para ser
respetado, oye para ser oído y escucha para ser escuchado.