Un mundo de mentira

¿Por qué en México no sucede nada si un político, gobernante o funcionario miente? Es que acaso ¿Somos tontos los mexicanos?

 

. Además de ir en contra de la integridad de las personas, tanto de la que miente como de la que es engañada, obliga a decir más mentiras para justificar e imponer la primera. Mentir llega a ser un grave problema patológico y psicológico llamado mitomanía, que envuelve al mitómano en un mundo falso y mete a los que lo rodean en graves problemas.

¿Por qué miente una persona? Las razones son múltiples y pueden ir desde necesidades básicas de reconocimiento y aprobación, hasta perversas maquinaciones deliberadas para obtener alguna clase de beneficio. Pero siempre es con la consciencia plena del mentiroso, de que tuerce la verdad, de que cambia los hechos.

De acuerdo con expertos la mitomanía, también conocida como “pseudología fantástica”, es un trastorno psicológico que consiste en mentir de forma patológica. Afecta a personas con un nivel de autoestima muy bajo, por lo que mienten para llamar la atención con sus invenciones sobre grandes gestas o dramas personales. Es un trastorno infrecuente que puede asociarse a otras patologías, como la psicopatía o el trastorno histriónico de la personalidad.

Pero… esta definición ¿aplica también para políticos y gobernantes? Ah! Porque ha de saber usted amable lectora o lector, que también los políticos y gobernantes mienten. ¡Y vaya forma en que lo hacen!

En junio de 1972  cinco hombres fueron arrestados por el allanamiento de la sede del Comité Nacional del Partido Demócrata en el complejo de oficinas Watergate, en Washington, D.C. El Presidente Nixon y su equipo conspiraron para ocultar el allanamiento sólo seis días después de los hechos.

El Presidente lo negó ante la Corte de EU, pero dos años después y luego de una profunda investigación del Senado de los Estados Unidos, que incluyó a miembros de su equipo testificando contra él, se reveló que sí existían esas conversaciones grabadas por instrucciones del Presidente. Tras una serie de batallas legales, la Corte Suprema de los Estados Unidos decidió de forma unánime que Nixon debía entregar las cintas; él al fin cedió. Había quedado claro que el Presidente había mentido. Con la certeza de una acusación de parte de la Cámara de Representantes y de una condena en el Senado, Nixon dimitió diez días más tarde. Se convirtió así en el único Presidente estadounidense que ha renunciado al cargo. Mentir le costó la presidencia.

El caso del presidente Clinton, en 1996, es muy similar. Sorprendido en una relación sexual con la becaria Monica Lewinsky, negó los hechos ante la Corte. Luego de las declaraciones de la joven becaria, y la posibilidad de ser citado de nuevo a declarar, Clinton aceptaría una “relación inapropiada”, que fue una forma de reconocer lo que desde el principio se sabía. El informe resultante de la investigación de Kenneth Starr fue conocido como el Informe Starr, que finalmente culminó con una acusación penal en contra del presidente por un delito de perjurio. Y aunque el presidente salió bien librado del asunto jurídico, este hecho les costó a los demócratas la reelección en la Casa Oval.

Dos mentiras de políticos y gobernantes. Cada una por causas y objetivos distintos, pero finalmente el mismo resultado: el señalamiento y castigo a los mentirosos. No es casual que en EU el perjurio (la mentira) sea severamente perseguido y castigado, y explica por qué cuando uno tramita la visa laser y es sorprendido en la más mínima falsedad, además de ser negado el documento, la sanción puede alcanzar una castigo de hasta 10 años de prohibición para ingresar al vecino país.

Desafortunadamente en México las cosas son muy distintas. Mentir, casi forma parte de la idiosincrasia del mexicano, tan es así que cuando los políticos o gobernantes lo hacen, no pasa nada. No es grave. A veces hasta se les festeja.

A principios de año el Gobernador Duarte declaró a los medios de comunicación que, como producto de intensas gestiones de su gobierno, para 2013 el nuevo gobierno federal priísta había autorizado un significativo incremento en las partidas presupuestales para el estado y para Juárez. Luego supimos que eso no fue cierto.

El alcalde Héctor Murguía fue desmentido públicamente por un conocido comunicador local, luego de haber declarado en campaña que exigiría el retiro de la Policía Federal una vez que asumiera su actual encargo, lo cual por supuesto no sucedió.

En su momento, el Presidente Calderón ofreció a empresarios juarenses que aprobaría el proyecto de Zona Libre para esta frontera, para lo cual incluso giró instrucciones a sus secretarios de estado presentes en esa reunión. Nunca se cumplió la instrucción presidencial.

El pasado fin de semana, viernes por la noche y sábado en la madrugada, mientras el área de comunicación social de la presidencia guardaba un hermético silencio, la oficina de Prensa de Pemex circuló una fotografía del Presidente Peña Nieto visitando a los lesionados de la explosión en la Torre B-2, en tanto al mismo tiempo, el periódico Reforma con fotografía e información de un diario digital de Puerto Vallarta confirmaban la presencia del primer mandatario y su familia en Punta Mita, un conocido y exclusivo centro vacacional. ¿Don de la ubicuidad?

Cierto. Todos mienten. Los de un partido y otro. Los alcaldes, los gobernadores y los presidentes. Los diputados y los senadores. ¿Y la ciudadanía? ¿Merece la sociedad mexicana políticos y gobernantes mentirosos? Yo pienso que no.

UNETE



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