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El País: Provocar la desestabilización institucional es un delito mayor


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06/02/2013


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Al estilo criminal del oscurantismo durante el desgobierno del majadero zETAp, el tufo de El País huele a terroristas suicidas, a furgonetas Kangoo sin huellas digitales; a suicidas con los pantalones puestos del revés, a falsos testigos rumanos; en definitiva, a la mierda delicuescente que se repitió con impunidad durante la era del golpismo socialista con una matanza del 11-M aún sin autores intelectuales.






Huelen a expropiación delictiva de Rumasa, antes, y a radicalismo encubierto siempre.







La impunidad de forajidos como Rubalcaba es un mal seguro para la ciudadanía que peligra si no en tren de cercanías esta vez , sí con la provocación de una estallido social tan necesario para imponer el dogma totalitario que titiriteros de toda índole nos han pretendido con el dedito de la zeja, cuando no con  el puño en el culo placentero de la sodomía que tantos ciudadanos aceptaron, votando la destrucción del  país en las urnas durante dos legislaturas comandadas por miserables, ladrones, granujas, delincuentes, estafadores y vendeburras de tres al cuarto. Es verdaderamente asombroso que esa manada carroñera que arruinó la vida de los españoles, institucional y económicamente, no haya  ingresado en prisión siendo los primeros-y primeras de malas madres- corruptos, verdaderos causantes de todos los perjuicios causados durante ocho años.





Parece mentira que a estas alturas se crean a facinerosos practicantes de un repulsivo periodismo sectario de tan sucia profesionalidad como esperpéntica seriedad informativa. Parece mentira que no escarmentamos con estos creadores de bulos, ingenieros de la patraña al servicio del golpismo más execrable disfrazado de justicia social… y una mierda.





Mierdas colectivas que se tragan desde el panfleto de El País han sido ya de difícil digestión. El cierre de un cubil de alimañas del 11-M y de tantas fechas marcadas de golpismo mediante engaño, debería ser productivo para evitar el derribo de nuestra demasiado enmarañada democracia. Urge el cierre de esta fábrica repulsiva de las mentiras que han complicado durante treinta años la existencia de los inadvertidos ciudadanos. Gentuza que permanece con el paso del tiempo a pesar de ser redomados embusteros cuyas caras de cretinos aún han de soportarse en tertulias televisivas, como si fueran íntegros informadores que en realidad ocultan la pútrida esencia de esbirros del oscurantismo, siempre prestos a la conspiración y a llamar a los denunciantes del juego sucio conspiranoicos.





Si se ha manipulado, una vez más de tantas miles, la información pretendiendo desestabilizar un país que se ha librado de un rescate económico-de ahí la urgencia por derribar el Gobierno-, destructivo, los causantes han de ser investigados hasta el último fleco de influencia política y desfilar esposados como vulgares estafadores, terroristas de la desinformación, criminales de la experta falacia, y pagar el intento de destrucción social con pena carcelaria ya que en España el juicio sumarísimo no se estila... A diferencia del que practicaron estos posibles cómplices de asesinos un 11 de Marzo en que, quizá los mismos que los de ahora, pretendieron engañar a la ciudadanía con un burdo truco por sorpresa. Esta vez no hubo sangre pero la próxima no habrá suerte.





Así nos irá mientras delincuentes como ruGALcaba no ingresen en prisión. Es surrealista que el personaje de marras, sospechoso de múltiples delitos,desde la nefasta era del latrocinio felipista,  siga campando libre. Malo tener las bestias fuera de las jaulas en este zoológico de la berrea en que han convertido esta irreconocible España después del paso del infame depredador de Zapatero. Mala víbora.





Desestabilizar un país es un delito mayor y no una travesura… ésa en lo que ha quedado la matanza del 11-M con los verdaderos culpables libres y seguramente escondidos tras los atriles de la política o vaya usted a saber cómo inmundicia llamar al pretexto legal de estos majaderos del crimen disimulado.





Millones estamos hartos de sectarismo, de apestados tramposos, de projetas y suciolistos. Muchos ciudadanos no comulgamos con la política pero creemos tener derecho a que nos dejen vivir en paz y recoger los frutos de las duras siembras del sano trabajo y el esfuerzo por la integridad personal frente a tanto desalmado.







El cierre de El País, sería un ejercicio de sanidad democrática si se confirma la sospecha de que todo ha sido un embuste al estilo acostumbrado... medidas drásticas contra los dañinos de siempre. Definitivas.



 



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