De Pemex y los mensajes

Seguramente usted se ha visto constreñido, como yo, a aceptar resignadamente el servicio de noticias que en punto de las siete de la noche acosa su celular. De las noticias mismas y de su redacción no hay mucho que decir, para cuando recibimos el mensaje, el vertiginoso ritmo a que nos tienen acostumbrados los medios masivos de comunicación ya nos han advertido de tal o cual suceso importante; en cuanto a su redacción, es simplemente mala.

 

. De las noticias mismas y de su redacción no hay mucho que decir, para cuando recibimos el mensaje, el vertiginoso ritmo a que nos tienen acostumbrados los medios masivos de comunicación ya nos han advertido de tal o cual suceso importante; en cuanto a su redacción, es simplemente mala.
Fuera de una desagradable sensación de ser objeto de bullying telefónico por recibir puras malas noticias, el servicio en cuestión ni viene ni va. Sin embargo, uno de esos raquíticos mensajes con dos o tres noticias me hizo palidecer. La primera parte del mensaje  daba cuenta de la última actualización en la cantidad de muertos reportada tras la explosión en el complejo administrativo de Pemex, la segunda parte era una declaración signada, al menos en el mensaje así apareció, por el Banco de México en la que éste sostenía que la “REFORMA ENERGÉTICA REDUCIRÍA (la) VULNERABILIDAD DE (la) ECONOMÍA MEXICANA” (sic). Al leer las cosas tal y como se las narro, probablemente usted se pregunte, “¿y qué de malo hay en todo eso?”, a lo que yo le respondería con una vena saltándome en la frente: “¡Todo!”

Vayamos por partes. Si el anuncio del Banco de México hubiera estado precedido por una noticia más amable, del tipo: “Bebe panda baila un vals de Strauss” o “Según los últimos estudios, el mexicano promedio lee cerca de 70 libros al mes”, la vena de mi frente estaría en su lugar y yo no me habría tomado el tiempo para escribir estas líneas, pero, lamentablemente, las cosas no son así y la noticia del Banco de México estuvo precedida por un muy grave incidente en el complejo administrativo de una de las empresas mexicanas más importantes, si no es que la más, y se da, además, en un contexto político y económico marcado por la insistencia del gobierno federal en el tema de las Reformas estructurales, léase Reforma energética.

Ahora bien, no pretendo achacarle al servicio de información para dispositivos móviles una campaña mediática a favor de una Reforma energética que traiga consigo dudosos beneficios a las finanzas del país, ni siquiera pretendo abonar a la ola de “sospechosismo” y especulaciones conspirativas que tanto arraigo tienen entre la sociedad mexicana. Nada de eso. Mis votos van dirigidos, más bien, a la disipación de todas las dudas que trajo consigo la lamentable explosión, con una, llamémosle, “retirada táctica” del gobierno federal en el tema de la Reforma energética, dejando el tema, su polémica y su debate, para tiempos mejores, independientemente de cual sea la determinación que se tome. La insistencia, por ahora, en la apertura de la paraestatal a capital privado únicamente acarrearía la confirmación de una estrategia muy popular en los gobiernos neoliberales para la privatización sistemática de empresas antiguamente estatales, y que se resume en tres sencillos pasos: un grave accidente, una campaña de desprestigio y, por último, la privatización en sí misma. El proceso, tal y como se desprende de lo previamente escrito, rezuma inmoralidad y perversión, y son precisamente esos dos componentes los que nos tienen tan cansados del sistema político mexicano.

Por lo que toca al “servicio de información vía sms”, ya lo dí de baja, no vaya a ser que me vuelva a molestar.

 

UNETE



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