Las rejas de Juárez

Nada hay peor para el ser humano que la pérdida de su libertad; de su libre arbitrio para pensar, decir, transitar o actuar. Y un elemento, entre muchos otros, que sirve de herramienta para acotar esas libertades del hombre, son las rejas. Sí, de nuevo nos ocupa el tema de las rejas que nos hicieron prisioneros a los juarenses de nuestros propios miedos.

 

. Y un elemento, entre muchos otros, que sirve de herramienta para acotar esas libertades del hombre, son las rejas. Sí, de nuevo nos ocupa el tema de las rejas que nos hicieron prisioneros a los juarenses de nuestros propios miedos.
Allá por la década de los 50’s Herminio Kenny Alvarez, conocido como el tío Herminio, en la ciudad de México compuso un tema llamado “Las rejas de Chapultepec”, una interpretación festiva, sencilla, sin mayores complicaciones, que pretendía hacer una crítica social, desde la trinchera musical, a una medida de gobierno tomada al cercar el famoso bosque capitalino, con unas enormes rejas de acero, eso sí pintadas de un verde vegetación para que no desentonara con el enorme parque que aprisionaban.

En una parte de la letra de dicha melodía dice a la letra “Las rejas de Chapultepec, son buenas, son buenas, nomás para usted”, en una clara alusión al beneficio económico para el entonces Departamento del Distrito Federal, y la consecuente contratación de obra y todo lo que de ahí se desprendió y, por contraste, un señalamiento de lo que no se consideraba bueno para el público en general.

Bueno, pues hoy podríamos parafrasear perfectamente la letra de ese tema que se hizo popular hace más de 60 años en la capital del país, ya que las rejas –y toda clase de obstáculos que sirvieron para cerrar calles en Ciudad Juárez- que proliferaron durante el año 2009 y se popularizaron en el 2010, resultaron buenas tan sólo para algunos funcionarios que aprobaron dichos permisos, y para los negocios de herrería que se dieron vuelo cerrando calles a diestra y siniestra, con toda clase de diseños y estructuras de enormes rejas que cortaron de tajo nuestra libertad de tránsito. En algunos casos hasta con casetas de vigilancia con interfón, clima y sistema eléctrico.

Esta es el cuarto artículo que dedico al tema, y no porque no tenga otro de mayor importancia sobre el cual escribir, sino porque –como lo anticipé desde el primero- esa situación se convirtió en un factor de graves problemas y complicaciones para la sana y armónica convivencia entre los juarenses, además de un serio impedimento para el libre tránsito, y además de una importante violación a garantías consagradas en nuestra Constitución. ¡Uf! No es cualquier cosa ¿verdad?

En una extensa y completa cobertura que ha dado El Diario a este tema, recientemente pudimos leer en una nota de mis compañeros Antonio Rebolledo y Araly Castañón que “Por la serie de quejas y conflictos que llegaron a los golpes, el Gobierno Municipal decidió reabrir las calles que permanecían con acceso restringido en el fraccionamiento Villahermosa”

Así es. Conflictos entre vecinos de un fraccionamiento que terminaron en golpes. Pero además, la imposibilidad de la Policía Municipal de atender y mediar en el problema, porque los guardias de seguridad privada de la compañía IBS, lo impidieron al indicarles a los polimunicipales que ellos se “harían cargo del problema”. ¡Vaya!

En un tiempo de 2 horas aproximadamente, el personal del municipio retiró con trascabos y máquinas soldadoras las rejas y… ¡Dos casetas de vigilancia! Así es. Así como lo acaba de leer amiga lectora o amigo lector, casetas de vigilancia construidas con toda la mano, como si se tratara de una construcción para toda la vida.

Es decir, aquello que se planteó –en su momento- como una medida temporal, que viniera a darles un poco de seguridad a los atribulados habitantes de Ciudad Juárez -¡craso error de apreciación!-, terminó siendo un pingüe negocio para unos pocos y un gran problema para la mayoría de juarenses.

Cierre arbitrario e ilegal de calles. Imposibilidad de cumplimiento a sus deberes para muchos trabajadores (carteros, lecturistas de recibos o medidores, actuarios, policías, ambulancias, etcétera). Conflictos vecinales. Abusos de guardias de seguridad privados. Jugosas ganancias para empresas de seguridad privada. Abusos y transas de presidentes de comités vecinales. Construcción arbitraria e ilegal de verdaderos “bunkers”.

Ese es el saldo real para los juarenses de la absurda, timorata e ilícita medida aprobada por la pasada administración municipal. A ese enorme saldo negativo, ahora hay que agregarle los costos –políticos, materiales y económicos- que debe absorber la actual administración municipal, para revertir dicha medida.

En las anteriores colaboraciones señalé, entonces, como consecuencias fácilmente previsibles los graves inconvenientes a los que nos enfrentaríamos al escondernos detrás de rejas que impedirían el libre tránsito de los juarenses. Hoy, esas previsiones se convierten en escandalosas y preocupantes realidades.

Ojalá y el Gobierno Municipal del Alcalde Murguía tenga los arrestos y la voluntad política de terminar con ese grave problema, como lo ha demostrado hasta hoy, quizá en otros rubros sea criticado y hasta señalado, pero si concluye positivamente con este pendiente, y libera a Ciudad de sus espantosas rejas, sin duda que todos los juarenses habremos de agradecerlo por siempre.

UNETE



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