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El País: la acostumbrada zafiedad sectaria.


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04/02/2013


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El llamado periodismo basura es una consecuencia residual de la libertad de expresión;  el honrado usa el derecho en la buena lid, en tanto los sinvergüenzas  lo esgrimen para manipular sin ambages. Va con la conciencia personal de cada uno y con los que carecen de ella. En El País existe una especie de automatismo engañador que se ha hecho funcionalmente estafador y aceptado. No hay conciencia de integridad, ni falta que les hace.  

Bajo la consigna de la falacia todo es posible en el panfleto de El País que, a pesar de haber sido ya vergonzantes los antecedentes de la mentira continuada con fines sectaristas,  inexplicablemente parece seguir teniendo alguna credibilidad. Tan infundado voto de confianza de sus lectores da cuenta del percal de conciencia social que favoreció, verbigracia,  el brutal engaño del golpe de estado de la matanza del 11-M, calzoncillos de suicidas incluidos. Y es que, es triste decirlo, en España abunda una especie rara de cinismo histórico que avala la patraña de los cien años de honradez de ese partido tan afín al periódico de masas. Rara especie en el resto del mundo, porque en España es usual esa desvergüenza hipócrita de un mal llamado progresismo que aglutina la caradura colectiva más dañina y más impune de nuestro desarrollo, últimamente, a duras penas democrático.

 

Conviene desconfiar de esos que publican una foto  de un entubado Chávez y hacen el ridículo mundial más espantoso cuando se descubre que es falsa. La profesionalidad brilla por su ausencia y la nausea se acrecienta. Como espantosa es la intención de publicar una fotografía que, aun siendo real, hubiera constatado una suciedad moral tan acostumbrada en los periodistas del panfleto.

De no ser preocupante la intención, sería ridícula la continuada actitud de intentar provocar una revolución al estilo griego.

Se ve el plumero de la movilización en cuanto hay mínima excusa para manifestarse sin permisos. La provocación es constante porque muchos son los perros que se quedaron sin las migajas del amo que ofreció el majadero zETAP a costa de arruinar a un país.

 

Huele a podrido la multitud que simultáneamente actúa con la presión y el boicot ante el pistoletazo de salida de la manipulación. En el 2004 estuve presente en la manifestación de protesta y duelo antes de las elecciones y pocas horas después de la matanza del 11-M. Recuerdo el rebuzno del “quién ha sido” al norte, sur, este y oeste del lugar que ocupábamos. No fueron casuales berridos sino manipuladoras consignas que pretendían revertir la situación aprovechando la caótica incertidumbre mezclada de asco y dolor. La berrea me parece la misma desde siempre.

 

Desde entonces he observado los mismos procedimientos de la manada y cada vez es más evidente que las mismas gentuzas han usado métodos sucios para engañar a una democracia demasiado ingenua, como para sospechar que las alimañas se han  mezclado con la gente de bien que ha intentado vivir en armonía y respetando los derechos de los demás.

 

Felipe González fue cabeza visible de una concepción bastarda de lo democrático o constitucional; de un gobierno radicalmente delictivo y especializado en el engaño multitudinario. Zapatero fue la continuidad del golpismo encubierto para llevar a cabo un cambio  de corte criminal,  con el beneplácito de una Justicia comprada o arredrada. De nuevo se pretende ahora un golpe de mano orquestado por miserables de la mentira que tanto han hecho para disimular los daños institucionales y económicos que perpetraron durante dos legislaturas, pretendiendo imponer un izquierdismo disciplinar al estilo de una república bananera.

 

Sobre esta supuesta corrupción generalizada del partido en el Gobierno, queda todo por decir. Los peritos pueden descubrir un gran engaño que conlleva el objetivo de una desestabilización institucional muy grave. Si se demostrara la falsedad de la documentación presentada como pruebas de corrupción en el PP, de inmediato deberían ser encarcelados los orquestadores e investigadas las más que seguras conexiones políticas que deben de alcanzar al peor defraudador criminal de nuestra democracia que es Rubalcaba. Seguro que no me equivoco un ápice; basta rememorar situaciones parecidas para saber que llevan el mismo sello vil de lo tramposo de uno de los impunes autores intelectuales del 11-M… en eso seguro que tampoco estoy desencaminado, como seguimos pensando millones de españoles.

 

 

 

 



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