. Ni sus ricas minas de diamantes, ni los
escuetos cultivos de soya o de tabaco, ni la empresa turística pueden paliar la
situación. El ministro de finanzas, Tendai Biti, dio esta dramática declaración
a los periodistas el martes 29 de enero por la mañana, añadiendo que ellos
seguramente eran más ricos que el Estado.
El ministro añadió que a Zimbabue no le queda otra salida
que apelar a la generosidad de los donantes internacionales para financiar los
gastos vitales de su población, más un referéndum constitucional y elecciones
previstas para fin de año, convocatoria obligada por el rechazo y las sanciones
internacionales contra el régimen de Robert Mugabe, que intentó implantar el
Socialismo desde 1984 con un partido único. La experiencia duró hasta 1991,
después de causar grandes daños socioeconómicos al país.
La imagen de Mugabe se ha ido
transformando. Su prestigio inicial como héroe de la
independencia de Zimbabue, en 1980 se ha ido
deteriorando por su responsabilidad en la crisis política y económica de su
país (con una inflación que ha llegado a superar el 14.000.000%) y por la dudosa legitimidad de su
gobierno, al que se acusa de mantenerse en el poder durante tres décadas
recurriendo al fraude electoral y la
importación de votantes mercenarios, aparte del ejercicio de una violenta
represión contra los opositores, acusándolos de sedición y traición. Además, se
le acusa de haber instigado la masacre que tuvo lugar entre 1980 y 1987,
conocida como Gukurahundi, la cual dejó un saldo de al menos veinte mil ciudadanos asesinados.
Gukurahundi comenzó como una purga étnica, pero fue aprovechada para asesinar
líderes de la oposición.
Fustigada por la hiperinflación desde
el año 2000, la economía de Zimbabue no ha logrado recuperarse. En el 2009, el
dólar local fue sustituido en todos los mercados por el dólar estadounidense,
que se ha convertido en la moneda de referencia del país. Además de las
sanciones internacionales, la situación se agravó por la decisión del gobierno de
limitar a las compañías extranjeras, obligándolas a renunciar a sus
participaciones, o expropiándolas, lo que alejó no solamente las inversiones foráneas,
sino también el turismo, que visitaba las bellezas naturales del país. A todo eso
se une la gran sequía que azota el país. Y por si fuera poco, Mugabe hizo
participar al ejército en la guerra del Congo, entre 1998 y 2002. La dinámica decadente de la economía nacional ha sido
atribuida, principalmente, a la mala gestión, a la corrupción del gobierno de
Mugabe y a la expropiación de las tierras durante la controvertida reforma
agraria del año 2000.
Durante las últimas tres décadas, la esperanza de vida en Zimbabue,
país de poco menos de 13 millones de habitantes, bajó a 35 años, la mortalidad de
niños hasta los 10 años se está ubicando en un 650 por mil y la inflación anual
en un 10.000% anual. Por otra parte, la tasa de desempleo ronda el 80% de la
población adulta. El país entero está
abrumado por graves carencias en educación y salud, y la pobreza extrema es
terrible.
Las medidas
del gobierno han consistido en la regulación máxima de los precios, lo que ha
llevado al cierre de más empresas, al desabastecimiento y a la detención, multa
o encarcelamiento de más de cuatro mil empresarios. Hace tiempo que los billetes de la nación
no son tales sino promesas de pago con caducidad (en cada billete está escrita
la fecha en que caduca su valor, unos meses después). Esta situación de
inseguridad monetaria ha incentivado un retorno al sistema de trueque y la
aparición de un importante mercado negro.
El 21 de febrero de 2009, en
momentos en que Zimbabue atravesaba la peor crisis social, económica y
sanitaria de su historia, su longevo presidente, Robert Mugabe, celebró su
cumpleaños junto con miles de seguidores. El fastuoso menú de la fiesta, que al
parecer costó más de 250.000 dólares, incluyó champán, coñac, vinos finos, langosta,
caviar, carnes diversas y frutas. La fiesta coincidió con el pedido de Zimbabue
a otras naciones africanas de 2.000 millones de dólares para restaurar los
sistemas de salud, educación y aguas del país. Por lo demás, Mugabe se hizo más notorio
al emprender una campaña de purgas y terror estatal (el Gukurahundi) que se intentó justificar
como una respuesta a la amenaza de un golpe
de estado auspiciado por sus
rivales opositores. Actualmente,
Mugabe cuenta con el apoyo internacional de los gobiernos de China, Venezuela y Gabón.
Por otra parte, Estados Unidos y la Unión Europea están propiciando más
sanciones contra el gobierno de Mugabe, al
que consideran ilegítimo.
Por lo pronto, Mugabe, cuya fortuna personal es
enorme, gobierna, si así puede decirse un Estado Indigente, arrastrado a esa
indigencia por los abusos de poder, la corrupción y las trampas de un partido
gobernante que no dio a sus ciudadanos ninguna suma de felicidad.
@milagrosmatagil
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