Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Mauricio Macri   ·   Devaluación   ·   Cristina Fernandez de Kirchner   ·   Inflación   ·   Crisis Económica   ·   Utopias   ·   Emigración   ·   Dignidad   ·   Machismo   ·   Valores



Mi primo el pirata


Inicio > Ciudadanía
08/05/2011


1069 Visitas



        Nasib Farah es el narrador del documental realizado en el año 2010 entre los países de Dinamarca y Somalia. Este personaje fue enviado a Europa a los nueve años con el fin de luchar por una vida de primera clase. El viajero, ahora convertido en un periodista danés casado y con tres hijos retorna a su lugar de origen después de diecinueve años de ausencia. Ahí lo espera una comunidad donde la marea de la guerra civil inunda la cotidianeidad, donde el sueño prometido por la modernidad se convierte en la pesadilla de la miseria, donde los recursos del mar y la tierra están reservados para el extranjero.


De ahí que en la comunidad en turno el modelo de éxito se base en dos opciones: migrar al “paraíso del primer mundo” o convertirse en un “pirata somalí”. Ellos se autodenominan: "Guardia costera voluntaria de Somalia", desde la década de los noventas barcos extranjeros comenzaron a practicar la pesca ilegal en aguas nacionales, así como a deshacerse de residuos tóxicos y nucleares. De ahí que los actos de piratería se justifiquen como una defensa de la soberanía territorial y la búsqueda de libertad.

Nasib se muestra escéptico ante la supuesta búsqueda de libertad y la distribución de los jugosos rescates que produce la piratería. En las charlas que sostiene con su primo, y desde su perspectiva danesa, intenta hacerlo “entrar en razón” bajo el marco de la cercanía de la sangre donde la distancia de las idiosincrasias provoca el choque de los estilos de vida. El consumo de khat pareciera rodear de ficción la realidad de los pobladores, está droga es un estimulante que lleva placer, evade el hambre y las condiciones adversas.

Inmersos en la ficción de la realidad nos remontamos a sociedades de capitalismo periférico (así le llaman ahora al subdesarrollo) como México donde las alternativas migrar/delinquir parecieran ser los únicos medios de las mayorías marginadas para tener acceso al modelo de éxito occidental. Los carros, residenciales, armas, mujeres son el fin y el medio anhelado por los estándares de masculinidad establecidos en esa desenfrenada búsqueda por el respeto, la admiración y la felicidad en sociedades donde la violencia equivale a un jugoso mercado. Narco en Latinoamérica, pirata en Somalia, mercenario en Yugoslvia, los niños y jóvenes crecen admirando los modernos Robin Hood, los Chucho el roto, los Joaquín Murrieta, decepcionados y hartos de un estado incapaz de generar las condiciones para lograr la superación a través de los medios “legales”.

Una educación que guía a los alumnos a la mediocridad, profesionistas que al buscar trabajo se encuentran con que sus títulos, habilidades y conocimientos no valen un cacahuate sin “una palanca”, que los sindicatos funcionan como mafias, que la Secretaría de Educación se ocupa de la cantidad generada y no se preocupa por la calidad esperada (para los partidos resulta muy cómodo mover las piezas del tablero sindical e involucrar a la ciudadanía en el estado disfuncional de las instituciones).

Nasib se encuentra en la disyuntiva de correr más riesgos o abandonar el proyecto a medio acabar, la presión de los pobladores temerosos de la exposición que sufrirán amigos y familiares termina por convencerle de retirarse de su tierra. Se despide de su primo sintiéndose un poco culpable del futuro que le espera, si tan solo pudiera llevarlo consigo. Días después se enteraría de que su primer acto de piratería lo llevaría a la cárcel. Mientras la clase gobernante promete mejorar la economía de nuestras sociedades se institucionalizan las injusticias que acaparan los recursos: ¿legalidad es el despojo de las minorías subyugando a las mayorías? La formula de atender las necesidades del hombre común es seguir dando “atole con el dedo” aunque la olla de vapor este llegando al punto de ebullición. Concluyo este texto con una frase de Mariano Moreno: “Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía”. http://surcic.blogspot.com/



Etiquetas:   Ciudadanía

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
18435 publicaciones
4673 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora