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El cuarteto


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02/02/2013

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EL CUARTETO






Vicente Adelantado Soriano





Hay dos cosas esenciales e importantes que se pueden y se deben decir sobre esta película: que es muy de agradecer por la visión de la vejez que comporta, y que está narrada con una sencillez apabullante, sin pretensiones de ningún tipo. Si se le añade a ello una excelente música, con Verdi en el centro, y unas magníficas interpretaciones, tendremos todos los ingredientes para estar más que agradecidos a Dustin Hoffman por haberse atrevido a dirigir tan bello proyecto.

La película narra el devenir de unos ancianos, músicos todos, en una residencia, casi un castillo o una mansión, cuya continuación deben segurar recaudando medios con sus actuaciones. Y en esas actuaciones van a centrar buena parte de sus vidas. No cuenta la historia de unos ancianos al uso, desde luego; pero deja claro el film que una buena forma de sobrevivirse a uno mismo, de continuar viviendo, es la de tener ilusiones; y nunca se es lo suficientemente mayor como para no tenerlas. Evidentemente no se puede cantar igual a los ochenta años que a los treinta. Eso nadie la discute. Y si bien hay un temor, más que respetable, a hacer el ridículo a tal edad, también existe la ilusión de seguir haciendo aquello que mejor se ha hecho: música. Para ello, sin embargo, tendrán que superar diversas aversiones y se capaz, los cuatro, de avenirse.

En torno, pues, a ese concierto que va a celebrar el aniversario de Verdi, y va a servir para recaudar fondos, se tejen las historias de cuatro ancianos, con sus manías y sus antiguos rencores no curados; pero que van a poner en funcionamiento el famoso cuarteto de Rigoletto, del acto tercero.

Dichos personajes, por otra parte, están retratados con una notable ternura. Y ellos mismos parecen darse cuenta de que ya no vale la pena continuar con los odios y los rencores de antaño. Cuesta, aun así, superar lo que se lleva enquistado durante muchos años. Sin explicitarlo más que en contados momentos, el ataque al corazón de un residente, o la incontinencia urinaria de uno de los integrantes del cuarteto, son conscientes de su edad, de su avanzada edad, y de que ya murieron sus admiradores, así que la vanidad ya no tiene sentido: es como si volvieran a comenzar de nuevo. No obstante, no van a ser los años el impedimento para llevar a cabo el viejo proyecto. Los impedimentos estarán en las viejas historias que se hacen presentes, o en los antiguos odios no curados. Será relativamente fácil deshacerse ahora de ellos, pese a las resistencias iniciales. Al final, superado todo, hasta un ataque de alzheimer, si se puede decir así, actuarán ante el público, con el mismo cuarteto de Verdi que interpretaron los cuatro cuando eran jóvenes y famosos.

Resulta curioso comprobar que el personaje central, el interpretado por Courtenay, se adapta a los nuevos tiempos, a la nueva época, genial la conferencia en la que se establece un paralelismo entre la ópera y el rap, pero sigue enquistado en su odio a la que fue su mujer durante nueve horas, integrante también del cuarteto. Es decir, el hombre evoluciona en unos aspectos y permanece inalterable en otros. No somos de una pieza. Pero somos capaces de superarnos y de perdonar y perdonarnos.

La película es un canto a la vida, al optimismo, a la amistad y al amor. Sin olvidar, por supuesto, la música. Música que puede actuar como metáfora: estaremos vivos en tanto tengamos ilusiones, se centren estas en cantar, bailar o hacer algo. Es lo que hacen los protagonistas de la cinta. Cuenta esta, también, con un bella fotografía y unos preciosos paisajes. Todas las actuaciones, por otra parte, están más que logradas. Como siempre Maggie Smith está perfecta. A su lado Pauline Collins compone a una vieja cantante, tocada por el alzheimer, llena de encanto y ternura. Muy bien también tanto Tom Courtenay como Billy Connolly, este último en el papel de un bajo divertido, que sigue persiguiendo a las mujeres que puede y como puede. Película, pues, llena de encanto y ternura, muy bien narrada y sin pretensiones de ningún tipo. Todo lo cual es muy de agradecer en estos podridos y vomitivos momentos que corren.











Etiquetas:   Música

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