Daniel Scioli debe guardar algún vínculo secreto con el fuego, algo sobrenatural quizás, algo inexplicable al ojo humano, del por qué se mantiene ignífugo ante cada incendio que lo rodea, no se le chamusca la ropa, se presenta como si nada hubiese pasado, ni un poquito de cenizas en los hombros. O quizás, con su ya clásica sagacidad y desparpajo, tenga razón el escritor Jorge Asís cuando tituló que “las bolas de Scioli ya deberían forman parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad”. No nos sonrojemos. Ahí tenemos otra teoría, quién te dice. El gobernador de la provincia de Buenos Aires enfrentó ya desde su inicio en el FpV como compañero de fórmula de Néstor Kirchner distintos embates verbales, prácticas -Gabriel Mariotto como vicegobernador- e innumerables desplantes propinados por el kirchnerismo, que se mantuvieron a lo largo de los años. ¿Recuerdan este episodio con Cristina en 2005? La última, los dichos del vicepresidente Amado Boudou en una reunión de legisladores e intendentes en Santa Teresita, localidad bonaerense, donde también dijo presente Julián Domínguez, hombre de extrema confianza de las presidenta.




